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En el ojo del huracán [Noir]

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En el ojo del huracán [Noir]

Mensaje por Kanada Ikki el Dom Sep 03, 2017 9:43 pm

El crimen es una enfermedad que ha infectado a todos y cada uno de los asentamientos humanos a lo largo de la historia ya que siempre existirán aquellos que busquen obtener el mayor beneficio posible para sí mismos aún si eso significa hacerlo a costa de los demás. Las grandes urbes suelen resultar más afectadas, a tal punto que sus habitantes gradualmente comienzan a considerar todos los síntomas que derivan de este mal como algo cotidiano y eventualmente el miedo o la apatía les hace ignorar todos los conflictos que no estén directamente relacionados con ellos, tal como ocurría en ese momento cuando las pocas personas que pasaban cerca de uno de los tantos callejones de Ciudad Sakurai se alejaban en cuanto escuchaban los sonidos provocados por la pelea que estaba llevándose a cabo en aquél lugar.

Varios objetos rotos así como algunas armas improvisadas, un par de navajas y por lo menos una docena de hombres que estaban en malas condiciones yacían tendidos sobre el asfalto como prueba de cruento que había sido el enfrentamiento. Más al fondo de aquel callejón, podía distinguirse la silueta de dos sujetos que aún permanecían de pie. El primero de ellos era bastante grande, rebasando fácilmente los dos metros de altura además de tener un físico que podría denominarse como voluminoso, debido a su combinación de una considerable musculatura con una barriga lo suficientemente prominente como para que la playera blanca que vestía pareciera tener algunas dificultades conteniéndola, mientras que el segundo era un joven de menor estatura, apenas llegando al metro con ochenta y dos centímetros, mucho más delgado, aunque dado su porte y complexión claramente era un peleador bien entrenado que sin embargo, parecía estar teniendo serios problemas para mantenerse de pie frente a su adversario.

Ikki no estaba mucho mejor que aquellos a quienes dejó inconscientes momentos atrás, incluso para alguien con su entrenamiento, enfrentar esta cantidad de enemigos al mismo tiempo era demasiado, sobre todo tomando en cuenta que a pesar de tener una apariencia casi completamente humana, todos ellos eran híbridos de especies animales que les brindaban características físicas las cuales les convertían en oponentes difíciles para un humano, de tal forma que como era de esperarse, el chico ya estaba llegando a su límite. Su cuerpo presentaba algunas lesiones obvias, como la sangre que escurría lentamente por la comisura izquierda de sus labios, al igual que varios cortes en su chamarra, especialmente uno sobre el costado derecho del abdomen que era algo serio, solo bastaba ver la apariencia húmeda de la prenda de ropa en aquella zona para adivinar que no era una herida meramente superficial. Al verlo en estas condiciones, el otro hombre esbozó una sonrisa triunfal antes de arremeter nuevamente contra él, con golpes que eran lentos pero lo suficientemente poderosos como para que recibir uno solo de ellos sonara como una mala idea.

El joven de cabello castaño dio un pequeño salto hacia atrás para evitar el primero, aunque eso hizo que sus piernas temblaran ligeramente al aterrizar, el segundo ataque le obligó a ladear el cuerpo, haciendo que una mueca de dolor se dibujara sobre su rostro debido al corte en el abdomen. Fue entonces que un golpe lateral sin mucha técnica, apuntado al rostro de Ikki le dio la oportunidad de contraatacar, agachándose de manera que el puño de su adversario solo alcanzó el aire, para después avanzar rápidamente y conectar una serie de golpes rectos rematada con un gancho a la boca del estómago de su contrincante. Sin embargo, a pesar de ser potentes y alcanzarlo de lleno, ninguno de sus ataques fue completamente efectivo contra el corpulento hombre quien a pesar de demostrar que sintió dolor, apenas se movió y aprovechó el momento para propinarle a Ikki un cabezazo directo en la frente.

Sangre comenzó a brotar, resbalando lentamente sobre su piel hasta llegar a su nariz, mientras que el chico luchaba por no caer, sin demasiado éxito puesto que solo consiguió trastabillar mientras caminaba hacia atrás hasta que su espalda chocó contra el muro que en este momento, literal y metafóricamente convertía aquello en un callejón sin salida para él. Su visión comenzó a tornarse borrosa, en tanto que sus piernas finalmente cedieron, haciéndolo caer casi en cámara lenta hasta quedar sentado sobre el piso. El mundo a su alrededor daba vueltas y la voz del otro hombre resonaba en sus oídos como un eco incomprensible, después, sus ojos se cerraron y todo se tornó completamente negro.

—Deberías dejar de intentarlo. Es por tu propio bien.

Aquella, junto con otras que tenían el propósito de hacerlo desistir en su búsqueda de la verdad sobre lo ocurrido en el dojo, eran frases que había escuchado incontables veces durante los últimos tres años. Su familia de sangre, así como casi todos aquellos que se cruzaron en su camino durante la investigación habían tratado de convencerlo de que era mejor dejar las cosas como estaban, ya existía una versión oficial de los hechos, la policía cerró el caso y por lo tanto era mejor que el joven solo lo aceptara y siguiera con su vida.  Lo que ellos no comprendían era que Ikki tenía motivos muy importantes para continuar ya que sin contar que su sentido de la justicia no le permitía dejar que los culpables quedaran impunes, también estaba el hecho de que se escondieron demasiadas cosas durante las averiguaciones realizadas por las autoridades de su ciudad natal, como el hecho de que no solo hubo dos sobrevivientes de la tragedia. Cuando el chico regresó al dojo esa misma noche, buscó a más personas que siguieran con vida sin éxito alguno, pero la brutalidad del ataque no permitía que estuviera seguro de que nadie más logró escapar puesto que muchos de los cuerpos de sus amigos estaban irreconocibles…  otros ni siquiera se encontraban completos. Varios meses después, se enteró que dos personas pudieron  haber salido con vida de esa pesadilla, mientras que hace solo un par de semanas descubrió pistas que le permitieron asumir la existencia de una tercera y era precisamente a ella a quien buscaba en este momento. Es por eso que su misión era importante, no solo se trataba de un deseo egoísta, sus amigos podían estar en problemas y era su deber acudir en su ayuda.

Debido a su estado de confusión, le tomó un tiempo percatarse de un detalle que no notó en un primer momento al escuchar aquellas palabras. Quien le hablaba no era el hombre al que combatía momentos antes, sino una mujer que estaba genuinamente preocupada por él y cuya voz le era muy familiar, al punto de que su solo sonido resultaba increíblemente reconfortante. Cuando sus ojos se abrieron se encontró frente a frente con una mujer joven de cabello negro con reflejos violáceos dos brillantes orbes del color de la esmeralda que decoraban su pálido semblante.

I-Iantha…

Ikki sintió el impulso de levantarse y abrazarla fuertemente, ella era la persona a la que buscaba cuando aquellos hombres se interpusieron en su camino y ahora, estaban frente a frente. Sin embargo, fue entonces que se dio cuenta de que su cuerpo no respondía en absoluto, así como de que el nombre de la chica realmente nunca salió de entre sus labios. Esa era una sensación muy extraña, como si él fuera simplemente un espectador dentro de su propio cuerpo, observando todo como si se tratara de una película. A continuación, logró reconocer el lugar en el que se encontraban, era la habitación que años atrás compartiera con varios de los estudiantes del dojo, pues a pesar de que Ikki vivía originalmente con sus padres, les convenció de que le dejaran quedarse en ese lugar para entrenar como todos los demás, a cambio el chico debía atender a la escuela y dar buenos resultados, además de volver a casa los días domingos para pasarlos con su familia de sangre.

—Tú sabes que no puedo hacer eso— Él ya había estado en ese lugar y momento, por lo que los eventos simplemente se continuaron desenvolviendo tal y como habían sido ese día.

Ante la respuesta, la joven mujer frunció el ceño mientras le miraba directamente a los ojos, pero al mismo tiempo, sus manos se movían hábilmente para tratar las heridas del chico, dejando en claro que tenía mucha experiencia realizando ese tipo de labores. — ¿Por qué? — Ella hizo una pausa mientras tomaba algunas cosas del botiquín colocado a su lado izquierdo, pero no lo suficientemente larga como para darle tiempo de responder. —Lo has desafiado a un combate más veces de las que puedo recordar y perdiste en cada una de ellas. Es cierto, reconozco que esa rivalidad que tienen los ha vuelto más fuertes a ambos pero últimamente sus peleas se han vuelto tan violentas como si fueran enemigos mortales y solo consigues terminar lleno de heridas. Es por eso que no entiendo cómo es que sigues adelante con esto, ya eres uno de los mejores discípulos de este dojo,  no tienes nada más que demostrar así que deja de actuar como un niño— A pesar del tono de regaño, quedaba claro que el único interés de la joven era el bienestar de Ikki. Iantha y él eran los dos alumnos más jóvenes y aunque no existía demasiada diferencia de edad con los demás, ese hecho ayudó a que se volvieran cercanos, haciendo que ella se convirtiera en una hermana mayor para el impulsivo chico.

—No se trata solo de un capricho. Quizá antes lo fue, pues aun cuando no me uní a este lugar a una edad tan temprana como ustedes, era bastante joven todavía y solo pensaba en querer ser el mejor porque sonaba como algo genial pero… con el tiempo, me di cuenta de que había otra razón. A diferencia de los demás, yo no fui elegido, simplemente fui traído aquí por el destino, pero aun así el Maestro me dio una oportunidad, además, me ha tratado sin como a un hijo, tal como lo hace con todos los demás. Yo decidí ser el mejor y cumplir esa meta es algo que debo hacer para honrar la confianza que él depositó en mí.  Está bien incluso si no lo logro, pero no puedo permitirme abandonar ya que el momento en que me rinda será el de mi verdadera derrota.

Tras darse cuenta de que Ikki estaba hablando completamente en serio, ella simplemente suspiró en señal de que se daba por vencida en tratar de convencerlo. —En realidad admiras al Maestro. Ya hasta comienzas a sonar como él, aunque… tus palabras tendrían más peso si no pareciera que te estoy preparando para asistir a una fiesta de día de brujas— Ya de un mejor humor, la chica remató su frase mostrándole el vendaje que sostenía en sus manos y ambos rieron un poco antes de que ella comenzara a inmovilizarle el brazo.

—Sabes…— El tono de Ikki provocó que ella volteara mirarlo nuevamente. —No debes molestarte con él por esto. Yo soy quien lo reta todo el tiempo, además, la paliza que me dio hoy solo demuestra que me está tomando en serio, lo cual le agradezco. Fuera de eso, tú sabes que es un tipo genial, un tanto más serio de lo que me gustaría, pero lo considero como un hermano, al igual que a ti— Iantha sonrió, aunque por alguna razón sus pálidas mejillas adoptaron un tono ligeramente rojizo, quizá debido a que presentía a donde iba todo esto y se intensificó con la siguiente frase del chico. —De hecho, en lugar de regañarlo por seguirme la corriente, sería mejor que arreglaras ese… asunto pendiente que tienes con él— Sin previo aviso, ella lo golpeó sobre una de las heridas,  obviamente sin intención de lastimarlo. —¡Auch!

—¿Por qué no te ocupas de tus propios asuntos?

Habiendo terminado con las curaciones y sintiéndose un poco incomoda de que Ikki se hubiera dado cuenta de eso, la mujer comenzó a colocar el material sobrante dentro de la pequeña caja para marcharse.

—Lo siento, no quise molestarte— Respondió Ikki, riendo levemente a pesar de estar adolorido. —Es solo que, son mis mejores amigos y nada me daría más gusto tu sabes... felices.

La última parte fue completamente sincera y eso bastó para que ella no pudiera seguir molesta con su intromisión, pero de igual manera continuó recogiendo todo para después levantarse y caminar hacia la puerta. Una vez que la había abierto, volteó parcialmente en la dirección en que se encontraba el chico para responder en su usual dulce y tranquilo tono de voz.

—Tal vez siga tu ejemplo y tampoco me rinda, al menos no sin intentarlo.

Sin agregar más, salió de la habitación y fue entonces cuando los ojos del joven de cabello castaño se cerraron, al mismo tiempo en aquellos del Ikki que estaba en el tiempo presente comenzaron a  abrirse nuevamente. Fuera de su mundo de recuerdos no habían pasado más de unos cuantos segundos, así que pudo ver al hombre corpulento acercarse hacia uno de sus aliados para recoger lo que parecía ser un bate de béisbol.  Su actuar pausado, como si ya hubiera ganado, le dio tiempo suficiente al joven para terminar de reaccionar.

Si había un momento en el que rendirse no era una opción, ese, era éste.

El hombre se paró frente a Ikki y sosteniendo el bate con ambas manos, lo llevó detrás de su cabeza para después abanicarlo con fuerza, apuntando a la cabeza del chico. Un sonido estrepitoso acompañó la imagen del objeto de madera golpeando contra algo duro e incluso rompiéndose, pero en lugar de su blanco original, se había impactado contra el muro. Tras dejarse caer de lado para evitar el fatal impacto, Ikki rodó en el suelo para después ponerse de pie, no estaba en perfectas condiciones, pero su fuerza de voluntad lo estaba ayudando a seguir en la pelea. De inmediato cargó contra su enemigo, acertando un golpe en forma de gancho en el riñón, zona que a pesar de su físico era más vulnerable que el resto. Confundido e incapaz de asumir una postura eficiente, el hombre intentó atraparlo con ambos brazos sabiendo que tenía una ventaja en el terreno de la fuerza bruta y solo debía asegurarse de limitar los movimientos de Ikki, pero lo único que consiguió fue abrir su guardia y recibir un puñetazo en el mentón tras el fallido intento. Con un ágil movimiento, el chico evitó un nuevo ataque y se posicionó tras su oponente, esta vez acertando una patada en la parte trasera de su rodilla, obligándolo a apoyarla contra el piso, ante lo cual éste agitó su pesado brazo hacía atrás. Al momento siguiente, el joven estaba sujetándolo con una llave que amenazaba con romperle la articulación del codo, mientras que usaba el peso de su cuerpo para mantenerlo arrodillado.

—¿Quién los envió? —Ahora en clara desventaja, el matón se volvió sorprendentemente dócil.  —N-no lo sé… nosotros solo recibimos un sobre con las ordenes, de esa manera no tenemos contacto directo con el cliente, así es como funciona— Creerle a alguien como él no era fácil, sin embargo, ahora mismo Ikki no estaba en situación de permitirse averiguar so mentía o no, ya algo más importante le apremiaba. —Ahora dime. ¿También les ordenaron ir tras ella?— Por lo poco que podía ver desde su posición, el gigantesco hombre parecía confundido por su pregunta. —¿De qué hablas, hombre? A nosotros solo nos dijeron que debíamos ocuparnos de un tipo que estaba metiéndose con la gente equivocada, no había nada sobre una ella, en serio… ahora suéltame, ya no quiero pelear contigo, no me pagaron lo suficiente para esto.

Inmediatamente tras liberar al hombre, Ikki usó su pie para empujarlo, provocando que cayera  al suelo pesadamente, neutralizarlo completamente requería de un tiempo con el que ahora no contaba. Que lo atacaran justo cuando se dirigía al lugar en el que se suponía que podría encontrar a Iantha no podía ser una coincidencia, ellos estaban en esta ciudad después de todo y sabían que él sabía sobre ella. Iantha debía tener otra pieza del rompecabezas, además de ser una guerrera entrenada en las mismas artes que él, por lo que definitivamente no les convenía que se encontraran. Si también mandaron a un grupo similar tras ella, entonces debía darse tanta prisa como le fuera posible.


Tuvo el presentimiento de que algo terrible estaba a punto de ocurrir desde que abandonó el callejón en el que peleó contra los matones que intentaron detenerlo y este se hizo cada vez más fuerte conforme se aproximaba a la casa en la que supuestamente ella estaba viviendo en compañía de la persona que le compró como esclava en el Mercado Negro de la ciudad. Los alrededores estaban en completa calma… tanta que parecía algo antinatural, eso sin contar con que el vecindario parecía haberse quedado sin electricidad momentos antes pues tanto los edificios cercanos como las calles estaban sumidas en las penumbras, mismas que utilizó para irrumpir en el domicilio sin ser visto.

No pasó mucho antes de que descubriera que su preocupación no estaba carente de fundamentos, al parecer, alguien había atacado este lugar esta misma noche ya que la sala, que fue la primera parte de la casa a la que tuvo acceso se encontraba completamente revuelta y mostraba claras señales de que una lucha había tenido lugar poco antes de que él llegara, pero no había rastro de los habitantes ni de los invasores así que Ikki continuó avanzando explorando hasta  llegar a las escaleras que conducían al piso superior, las cuales tenían manchas de sangre, por lo que decidió subir a revisar.  Fue en  la habitación principal donde encontró el cuerpo de un desconocido tirado en el piso que a juzgar por su vestimenta, probablemente era el desafortunado dueño de la casa, quién se había visto envuelto en el conflicto. Él no era un experto, pero no parecía que hubiese tenido la oportunidad de moverse  tras recibir varios impactos de bala que seguramente fueron la causa de su muerte, entonces… ¿Por qué había un rastro de sangre hacia la entrada, además de la que vio sobre las escaleras? Ya que no había señal de los agresores ni de Iantha, la sangre debía pertenecer a alguno de ellos, lo que de momento era su única pista… al menos hasta que los rayos de la luna lograron escabullirse entre las nubes que cubrían el cielo nocturno e hicieron brillar un objeto pequeño unido a una cadena. A pesar de tener un diseño sencillo, parecía ser bastante antiguo, además de dar la impresión de estar fuera de lugar, así que decidió tomarlo antes de dejar la habitación.

Poco a poco, la cantidad de sangre derramada era menor por lo que seguirles la pista pudo resultar bastante complicado si no fuera porque los meses que llevaba viviendo en Sakurai fueron más que suficientes para que supiera el sitio que estaba localizado en esa dirección, una revelación que provocó que un escalofrío le recorriera el cuerpo al mismo tiempo en que podía sentir como su sangre comenzaba a hervir.

Mientras el joven se encontraba de pie a las afueras del cementerio local, un cumulo de sensaciones y sentimientos encontrados lo invadían.  No le preocupaba lo que pudiera pasarle pues estaba consciente de que en el momento en que decidió seguir este camino en busca de justicia, su seguridad pasaba a un segundo plano, sin embargo, le importaban demasiado los demás y en especial aquellos a quienes quería por lo que la idea de haber llegado tarde o peor aún, que al encontrarla hubiese terminando siendo la causa de que Iantha saliera lastimada era lo suficientemente aterrador como para hacerle considerar dar la media vuelta para  volver sobre sus pasos, pero al mismo tiempo sintió el irrefrenable impulso de seguir adelante ya que en caso de que ella aún siguiera con vida, él no pensaba abandonarla a su suerte bajo ninguna circunstancia así que aún antes de que su mente lo registrara, su cuerpo comenzó a moverse apresuradamente mientras que su puño derecho aún sostenía la cadena del pequeño objeto de vidrio puesto que dadas las circunstancias ni siquiera se había ocupado de guardarlo.

Después de varios minutos que le parecieron una eternidad, finalmente pudo ver a una mujer de cabello rojo que a la distancia parecía llevar algo en los brazos. Sin dudarlo, el chico la siguió sin siquiera molestarse en ser sigiloso así que ella debiería ser perfectamente capaz de escuchar sus pasos aproximándose hasta detenerse a solo un par de metros de distancia de distancia.  Ya que la mujer de cabello carmesí estaba en el medio, lo único que él pudo ver desde su posición fue la larga cabellera negra de Iantha, así como su rostro cuya blanca tez lucía mucho más pálida de lo que él recordaba, provocando que cualquier esperanza que tuviera de encontrarla con vida se desvaneciera en ese instante

—Déjala y da la vuelta muy lentamente— Su tono de voz carecía de emociones debido a que sabía perfectamente que este no era el momento para dejarse llevar por ellas, aunque el fuego que ardía en sus usualmente afables ojos azules hacía evidente que estaba haciendo un esfuerzo titánico por evitar que la ira lo dominara. —Tengo muchas preguntas que hacer y puedo asegurarte una cosa, ninguno de los dos va a dejar este lugar hasta que obtenga las respuestas que necesito, comenzando por quien eres y por qué  estás haciendo esto— Las manos de Ikki descansaban a los lados de su cuerpo, así que de momento no daba la impresión de que planeara atacarla. Primero quería escuchar lo que la pelirroja tuviera que decir y entonces decidiría que acciones tomar, aunque si como todo indicaba, ella había causado la muerte de su amiga, no habría manera de que esto se resolviera de manera pacifica.

En aquél momento, el cielo se despejó lo suficiente como para que el velo argento de la noche los iluminara, permitiendo que ambos fueran capaces de observar mejor al otro. Era evidente que el joven de cabello castaño participó recientemente en una pelea ya que tanto las heridas como vestigios de sangre permanecían sobre su frente y labios, además de que alguien con visión lo suficientemente aguda podría notar que la parte a la altura del abdomen en que su ropa estaba desgarrada seguía humeda sugiriendo que aunque en poca cantidad, el corte que recibió en esa area continuaba sangrando. Sin embargo, a pesar de su estado se mantenía lo suficientemente firme como para luchar en caso de que fuera necesario gracias a la fuerza de voluntad que mezclada con la adrealina recorriendo sus venas eran las únicas razones de que continuara moviendose. Una vez que eso se disipara, su cuerpo le cobraría factura por la sobrecarga a la que lo estaba exponiendo, pero ahora mismo, eso no podría importarle menos.
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Kanada Ikki

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Re: En el ojo del huracán [Noir]

Mensaje por Noir el Dom Sep 24, 2017 4:47 am

Es una melodía preciosa. — De entre el contorno de la madera escapaba el rumor de una canción, que, a juicio de ella, se hallaba bañada de un tinte entre lo agridulce y el suave diluvio de primavera, una pelicular y agradable combinación. Y es que esa cajita musical llamó la atención de Noir desde su segundo regreso al Mercado Negro, aunque no tuvo ocasión de expresar su interés sino hasta que fue capaz de ver a la esclava quien la sostenía, pues tuvo la dicha de ser encerrada en la celda continua.

Como ya estaba acostumbrada a ese viejo cuento, se estrujaba su pelo mojado en la medida que buscaba un espacio sin resortes saltados de ese intento de cama, si es que se le podía llamar así. — Ya. — Desde el otro lado, podría decirse que su acompañante apenas le observó por el rabillo del ojo. Ésta, sentada de espalda sobre unos anchos barrotes oxidados, llevaba el pelo negro revuelto y su ropa daba indicios de que vivió tiempos mejores. Sin ánimos de renunciar a su leve contacto, la pelirroja volvió a sostener el hilo de su voz. — Mi nombre es Noir, ¿puedo saber el tuyo? Este... está bien si no quieres hablar, lo siento. — Fuera pena, o fuera piedad, algo en Noir hizo que la otra joven levantase la mirada, aunque sin dejar de rodear sus piernas en el anillo de un abrazo. — Iantha. — La de pelo rojo, propensa a baldazos de agua cada vez que seis horas pasaban, emitió una suave sonrisa. — Suena bien. — Pero ese gesto no le pasó desapercibido a la mujer, cuya mirada oscilaba entre el frío y la angustia, el miedo y la desesperación. Sus dedos apretaron con fuerza la piel donde aún quedaba algo de textil y sus dientes, antes apretados, se despegaron al fin. — H-hablas con tanta indiferencia, pero mírate. ¿A qué se deben esos moretones? Y esa s-sangre, ¡y el agua! Ni siquiera porque vistes así pasa desapercibida... ¿a-acaso heriste a alguien? ¿O tú has sido la herida? ¿No te duele? Eres una impertinente, eres tan como... — Se mordió el labio inferior. El reprimido sollozo provocó que Noir se pusiera de pie para ir a colocarse de espalda a espalda con la muchacha, cerrando así sus ojos y provocando que la otra se estremeciera ante el repentino contacto frío. — Me han atrapado, pero yo no quería ser atrapada, sólo puse resistencia, ¿es malo? — Más sollozos ajenos. La dragona pudo escuchar que, en otras celdas, alguien no reprimía las carcajadas sarcásticas, pero era incapaz de adivinar si escuchaban su conversación o si algún vigía, en otro pasillo, estaba haciendo cosas que prefería no pensar. — Ya. Lamento haberte hablado de esa forma. Debí suponerlo, nadie quiere terminar así, en este sitio. Discúlpame, Noir. — Conforme con que su nueva compañera era, en el fondo, una buena persona, Noir no dio lugar al silencio, ese agradable compañero al que muchas veces recibía con los brazos abiertos. En su lugar, volvió a adoptar ese tono de matices apacibles en su voz. — Sobre el agua, es que los cuidadores creen que así mantendrán a raya mi fuego, aunque en el último tiempo he comenzado a creer que a ellos lo hacen por otra cosa. Es incomodo, me gustaría decir que te acostumbras, pero no es así. — No permitió que la chica le interrumpiera, todavía había más cosas que deseaba decir. — ¿Sabes? Ha pasado tiempo desde que hablaba con otros esclavos. ¿Podemos ser amigas? Creo que así es más fácil. No solo eso, estoy segura que padre no querría verme triste. ¿Tú también tienes personas que son queridas para...? Lo siento. Por favor, Iantha, no llores. Todo estará bien.

— x —

El tiempo no tuvo reparo con ella. Caminaba arrastrando una espada, aunque el filo engullido de negro no revelaba crimen alguno. Todavía recordaba las palabras que le llevaron a esa calle desolada, las mismas que salieron de la boca de quien menos se lo esperaría, pero ahí estaban, dándole vueltas en la cabeza, una cabeza que ofrecía resistencia a la helada de esa tarde y al silencio sepulcral que invadía las calles.

¿Está bien Iantha? — Recordó decir, hace tan sólo un par de horas atrás. El callejón de la calle Ritz olía a alcohol y otros residuos cuyas fuentes era mejor no descifrar, los suficientes para atrofiarle su sentido del olfato. Era un milagro que la dragona se pudiera mantener en pie, pues el suelo estaba resbaloso. — ¿La de ojos verdes? La vendí esta mañana. — Respondió el sujeto al que interrogaba, quien observaba a la pared contraria despreocupadamente y, al verlo de perfil, Noir recordó que debía tener sólo un poco más de su edad en lo que apariencia se refería. Acto, seguido, el joven encendió un cigarrillo, apoyándose de la mohosa superficie de ladrillos. — Rasgos, facciones y edad dentro de la demanda, además humana. Entre más débiles son, mejor para algunos. Menos resistencia, más manipulables. — Noir palideció, sentía como si aquellas palabras proviniesen de un extenso y amplio túnel del cual no podía ver el final. A decir verdad, no estaba enfada, de hecho, fue sólo un golpe de suerte encontrarse a un vendedor del mercado negro a pocos metros de esa prisión. Si no fuera porque le conociera, en menor medida y lo suficiente para saber que poco y nada le importaba si la mercadería estaba o no en su lugar, la posibilidad de acercarse hubiese sido tan minúsculas como sus probabilidades de pasar desapercibida en ese rincón de Sakurai. — ¿Era... un buen sujeto? ¿O era mujer...? — El vendedor bufó, le causaba gracia que la dragona pensara que, por ser del género femenino, una compradora automáticamente era buena. Veía en ella demasiada inocencia. Giró y le clavó esa expresión que era de todo menos agradable. Sus ojos verdes llevaron a retroceder a Noir por un paso. ¿En serio quieres que te responda a esa pregunta? — En lugar de responder, le acercó un papel arrugado y a medio roer a sus manos. Noir tuvo dudas de si sería sensato o no tomarlo, pero finalmente accedió. Siempre agradecía el hecho de que, pese a no haber tenido estudios como otros jóvenes a su edad, al menos sabía leer y sus conocimientos poco tenían que envidiarle al de los otros chicos. Tragó saliva, sin percatarse que temblaba.

"He visto cómo te sedaban el otro día para llevarte.
Lo siento, no pude hacer nada para evitarlo.

Noir, no sé cuánto tiempo más pueda estar aquí. Huele feo, escucho gritos, está todo oscuro después del atardecer. El otro día he visto. Ignóralo.

Escuchar que todo estaría bien me calmó un poco, gracias.

Por favor, Noir, quiero que hagas algo me ayudes.

Si me compran, ¿irías a buscarme?
"

Cabizbaja, la pelirroja vaciló un instante. Algo, como un sexto sentido tal vez, le indicaba que debía desprenderse de aquella amistad por su propio bien, dado a que no podía desembocar en un buen final; por otro lado, nunca había recibido una carta de otro esclavo, era un detalle al cual no podía hacer la vista gorda. No fue hasta que el chico lanzó la cerilla para alejarse, que la dragona levantó la cabeza, decidida. — Gracias. — A modo de respuesta, el joven sólo levantó una mano queriendo restarle importancia al asunto, como si aquello no fuese más que tirarles comida a los ratones a mediodía. En seguida, Noir se puso en marcha, todavía sentía sus extremidades adormecidas por el suero que mencionaba Iantha y por unos detalles que prefería no recordar, pero presentía que no debía perder el tiempo y que debía darse prisa.

Los métodos que utilizó para rastrear a su amiga fueron de todo menos atractivos, quizás no dignos para una dama que se precie de serlo. Estuvo siguiendo la esencia -como ella prefería llamarlo- que encarnaba del papel, el mismo sudor y lágrimas de la mujer que lo escribió de cabo a rabo mientras la luz del día se lo permitió. Hubo instantes en que perdió el rastro, en otros se avergonzaba por parecer un canino en busca de su amo; pero jamás concilió la idea de rendirse, porque, al fin y al cabo, ella le había pedido que la buscara. No había motivos más profundos ni lazos más íntimos, sólo era una dragona leal a su amistad.

Pero al llegar fue demasiado tarde, y tanto que tarde.

A sus débiles pasos crujían los restos de lo que fue un hogar, aún consumido en llamas. Si ya el respirar le provocaba golpes en su estómago, podría decirse que estuvo a punto de darse la media vuelta y buscar por el frescor del aire limpio; pero no, ni siquiera entonces lo hizo. Siguió andando. El fuego tenía un sabor a destrucción, a odio y traición, por lo que no le resultaba apetecible en lo más mínimo. Podía andar sin quemarse entre aquel, aunque sin evitar sofocarse; es curioso cuando eres un dragón y puedes morir de distintas formas, aunque difícilmente por quemaduras. Cuando vislumbró un cuerpo inerte en una habitación, se acercó al él sin más, luego se arrodilló para sostenerlo con ambos brazos, pero la dragona no fue digna de su último suspiro; por lo que le cerró los llorosos ojos con toda la delicadeza que le fue posible. — Discúlpame, llegué demasiado tarde. — Apretó sus dientes con fuerza debido a la gran impotencia que sentía, al enojo que le generaba esa situación, pero ante todo por la perdida que tenía ante sus propias narices. Se sintió desolada y desgarrada, también una inútil. Sin embargo, vio ante ella una oportunidad que no tuvo con padre, lo cual le significó un profundo alivio. Engulléndose de valor, tomó el cuerpo sin vida de Iantha y comenzó a avanzar hacia la salida, ignorando a las segundas y terceras víctimas de ese ataque vagamente familiar.

En el camino le invadían distintas dudas, todas orientadas al porqué de esa muerte. No podía tacharla de injusta, pues desconocía el pasado de la muchacha, pero lo cierto es que hubiese empatizado con sus pecados si ella hubo encontrado el arrepentimiento. Aún así, no ignoró esos pasos que, sin cuidado, se dirigían a ella. La dragona los tomó como una simple causalidad, un detalle de nada que pronto desaparecería junto con el causante, pese a lo extraño de la situación -una mujer cargando a otra sin vida, ¿quién no se mostraría receloso?- pero cuando atravesó la valla que separaba al cementerio de viejos edificios de concreto, fue que finalmente depositó el cadáver al lado de un árbol y dejó de eludir el hecho de que la seguían. Después rasqueteó la tierra con sus manos, pues tenía un trabajo por hacer. — Es que no podía sólo dejar que termi... — Era educado presentarse, ¿no? Giró con esa intención, pero sus ojos quedaron clavados en el colgante que el joven traía consigo. Imposible. Era imposible. — ¿Por qué tienes eso? — La dragona comenzó a atar los cabos, tanto de su pasado como los del presente, pero le resultaba imposible llegar a una conclusión sensata, o una resolución que Noir, en todos sus cabales, hubiese decidido por su cuenta. El cosquilleo se apoderaba de sus más quietos sentidos, y las inexistentes alas ansiaban emprender vuelo una vez más. — Ah, entonces... entonces es tu culpa, después de todo. Nunca me dejarás descansar, ¿verdad?Todo se volvió negro.

Usó el factor sorpresa a su favor. Ella sola era bastante torpe en sus movimientos, pues nunca fue entrenada en el arte de la espada ni en defensas personales, pero su innata destreza le permitía tener una cierta ventaja contra un humano; sólo, ¿de qué tanto podía servirle? Alzó a su fiel arma, que surgió de las repentinas llamas que estallaron de su mano derecha; con aquella pretendía golpear al castaño en la zona de las piernas con el lado que no sostenía el filo. El porqué decidió no empuñar el filo en él le era un misterio, pero no tuvo tiempo para planteárselo; quizás algo en ella le indicaba que no debía cortarlo. Errada su jugada o no, no se lo pensó dos veces cuando inhaló una bocanada de aire antes de escupir una cortina de fuego. El fuego en ella ardía, clamaba por la que sería su siguiente víctima. Aquella no podía ser la Noir quien solía mantenerse con un semblante tranquilo todo el tiempo, pero sí era la dragona quien hubo amenguado su ira durante tanto tiempo, tanto que ya había perdido la cuenta de los días, meses, o años, quizás.
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