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Counter-offer | Kara

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Counter-offer | Kara

Mensaje por Sebastian Morgenstern el Mar Ago 29, 2017 11:59 am


Relamió sus labios y volvió a dar una bocanada a aquella peculiar droga. Liberaba una aroma apestoso; como el de cables quemados, y daba la impresión de ser extremadamente fuerte. Una de las nuevas drogas que circulaban entre la aristrocracia de Sakurai. Con todos los beneficios de la marihuana, la cocaína y derivados; y sin ninguno de sus efectos nocivos.
Sí, creo que me llevaré a esta niña a mi cama —Murmuró al vendedor, dejando caer su gordo dedo sobre la cara de la niña.
Dibujo círculos alrededor de su mentón y rostro en a foto, como si ya pudiera tenerla en su poder para rebajarla a las más viles tareas.
Muy bien, señor. Tiene un costo de...
¿Disculpa? —Lo interrumpió fulminándolo con la mirada— ¿Qué acabas de decir?
El vendedor, un joven encargado con cabellos peinados hacia atras y modestas ropas, tragó saliva.
Señor, le comentaba que el precio...
Mihael largó a reír. Una risa fuerte, burlona y estridente. Sus guardaespaldas mantenían la expresión serena y calmada, mientras su jefe continuaba largando grotescos sonidos de carcajadas durante varios segundos. Luego minutos.
El vendedor se quedó callado, esperando a que terminara, y sólo cuando las lágrimas asomaban a los ojos de Mihael, este se detuvo.
Perdón, es que.... —Estalló nuevamente en risas— El precio... Eso ibas a decirme, ¿no? —Preguntó con una sonrisa que mostraba dientes amarillos a causa del tabaco.
Así es, señor —Respondió el empleado.
Está bien, está bien... ¿Puede señalarme la muchacha, y decirme su precio? Sé que sólo haces tu trabajo, y que no sabes quien soy, ¿no es así?
Sí, señor, es mi primera semana. Me disculpo si lo ofendí.
Venga, está bien, chico. Señálame en el catálogo.
El vendedor, aliviado por el repentino aire amistoso, se arrimó al catálogo y señalo a la niña de cabellos rojizos.
Mihael atrapó sus huesudos dedos en su mano, y los aplastó hasta que se escuchó el crujido de los huesos dislocándose. El joven largó un grito de dolor, e intento liberarse, pero el agarre era demasiado fuerte.
¡Seguridad! ¡SEGURIDAD!  ¡Alguien...! —Gritó volteándose hacia la puerta.
Entonces uno de los guardaespaldas le aplastó el rostro sobre la mesa, y colocó el hocico de un arma sobre su sien.
Cierra la puta boca y escucha.
Ahogando sus deseos de aullar de dolor, el chico calló, y en medio de gemidos de temor, buscó con todas sus fuerzas mantenerse callado, al mismo tiempo que rezaba a sus dioses poder salir con vida de allí.
Mihael no se inmutó tras este acto, y dio con soberbia una lenta y profunda calada al cigarro. Liberó el humo sobre su cabeza, y luego bajó la mirada al hombre.
Haré la vista gorda a esta falta de respeto, sólo porque me encontraste de buen humor —Dijo, mientras cerraba el catálogo frente a él— Te haré el favor de informarte que puedo comprar todo este maldito lugar si se me viene la gana. Podría comprar a tu jefe también, si se me antojase. Es más, podría comprar a tu esposa, a tu hija, y a tu jodida madre. Las podría atar a un calabozo y follarlas para año nuevo hasta que se pudrieran a causa de la cólera, las ratas, o lo que las mate primero...
El muchacho continuaba callado, largando sollozoso de temor y dolor. Miraba a una esquina, tratando de alejar sus pensamientos de ese lugar.  
Así que espero que esta sea la última vez, que quieres decirme el precio de algo.... ¿Entendido?
¡Sí, sí, sí, señor! —Apresuró a decir el muchacho.
¡MÍRAME A LOS OJOS CUANDO TE HABLO!
El joven volteó la mirada trabajosamente, y observó hacia arriba.
¡Sí, señor!
Mihael lo observó con asco, y lo soltó con la misma expresión, como si se acabara de dar cuenta que había tocado porquería de perro. Dio otra calada al cigarro, y soltó el humo sobre el rostro del muchacho.
Bien —Expresó—. Que esto sea un recordatorio.
Y presionó la punta del puro sobre la cara del vendedor. Este, en agónico dolor, trato de soltarse, y provocó que el catálogo, los bolígrafos y la lampara del escritorio cayeran al suelo. Sin embargo, no fue hasta el cigarro se había apagado por completo que fue liberado.
Cayó al suelo de rodillas, agarrándose la cara.
Vete de aquí.
Obedeciendo, el vendedor salió corriendo y trastabillándose de la habitación.
Mátenlo.
Y con un movimiento robótico, uno de los hombres alzó un arma y disparó a quemarropa. El cuerpo del empleado cayó del otro lado de la habitación. La puerta se abría y cerraba, mostrando como la victima buscaba levantarse y arrastrarse.
El guardaespaldas salió de la habitación, caminó hacia el vendedor, y le propinó un disparo en la cabeza.
Recordatorio para tus compañeros— Murmuró Mihael.
El otro hombre que había quedado en la habitación se apresuró a alzar la lámpara, los bolígrafos, y el catálogo para dejarlos en el lugar. Luego, volvió a pararse junto a la puerta en una postura firme y solemne, de quien ha visto a su empleador hacer atrocidades peores y acostumbra a trabajar en torno a un jefe sádico.
Que manden a otro vendedor —Exigió Mihael.
Afuera, se vislumbraba como otros empleados del pet shop se acercaban al cadáver para quitarlo de la vista del público. Si hubiera sido otra persona, tal crimen no sería perdonado. Pero estaban tratando con uno de los empresarios más poderosos del mundo.
Y lo que era más, estaban tratando con el demonio príncipe del infierno, Asmodeo.
¿Dónde estaba? —Murmuró el demonio. Buscaba nuevamente a la niña ave, pasando las páginas. Sin embargo, se detuvo hojas antes. Sus ojos se posaron en una esclava que no había visto antes. En su impaciencia, la había pasado por alto. Era una muchacha más madura, de unos veinte y tantos años. Los cabellos rubios cubrían un rostro fuerte, atrevido. A diferencia de las demás mujeres que allí podía comprar, esta parecía no haberse marchitado en absoluto por la mala comida o el encierro. Se erguía en las fotos, y observaba sin expresión alguna a la cámara. Podía sentir la fuerza interior de esa joven con tan sólo devolver la mirada a ese montón de pixeles que integraba la foto.
Mihael imaginó a esa muchacha en su cama, en lo más remoto de la ciudad. La imagino quebrarse, suplicar por su vida, y se vio a sí mismo ultrajándola, degradándola. Una erección comenzó a formarse en su entrepierna ante aquella sádica imagen.
Esta —Dijo apagando el puro— Me voy a llevar a esta al infierno.
El nuevo vendedor, un hombre con experiencia y tacto, asintió levemente, y se llevó el catálogo.



"Kara, despierta"
Sebastian murmuró a oídos de la muchacha. La situación era crítica. De todos los mercados negros, de todas las sucursales de Sakurai, ¿por qué tenía que venir a parar Asmodeo a aquella? Por suerte, el ángel había tenido la previsión de hackear las centrales de seguridad del sitio, y esa forma, había podido ponerse en marcha apenas ver el Mustang Fastback del demonio estacionándose.
Pero no podía ingresar a lugar sin volar en el proceso su cubierta. Una lucha sin cuartel contra Asmodeo y sus hombres sería inevitable.
"Kara, despierta"
Sin embargo, había algo que él podía hacer para ganar tiempo. Debía advertirle a ella, y esperar que fuera lo suficientemente fuerte para resistirse.
Sebastian esperó a que la muchacha abriera sus ojos. No se encontraban en la mazmorra del mercado. A decir verdad, ni siquiera se encontraban en Sakurai, ni tampoco en el mismo planeta.
"Estás soñando, Kara"
Sebastian era apenas una sombra que casi no lograba distinguir rasgos que lo identificasen como una persona. Una mera silueta de un muchacho. Entrar al sueño de una persona era algo caprichoso. Dependía completamente de los recuerdos de Kara, y de los restos diurnos que pudiera utilizar.
"Un demonio viene por ti. Cuando despiertes, tendrás unos diez minutos antes de que el empleado del mercado venga a avisarte que haz sido comprada"
Sebastian percibió que el sueño colapsaba. Empezaba a notar que el entorno se volvía cada vez más difuso. Kara estaba despertando.
"Kara, hagas lo que hagas, no comas lo que te den. No bebas nada de lo que te ofrezca. Por más sedienta que estés"
La voz de Sebastian comenzaba a volverse más lejana y entrecortada.
"Lucha, Kara. Debes luchar. Debes..."
Y entonces el sueño lo expulsó.


Sebastian volvió en sí. El mareo hizo que se tambalease.
Bien —Murmuró para sí mismo.
Kara había despertado. Debía esperar que hubiese escuchado el final del mensaje, pero dudaba que así fuera.
Sebastian —Lo llamó alguien a sus espaldas— ¿Qué vas a hacer?
Necesitaré que se queden afuera. Entraré sólo.
Sebastian se volvió a su subordinado.
¿Estás loco, verdad? Asmodeo no dejará ir a la chica sin pelear.
Entonces lo mataré. Quédate aquí con Naomi, e informame de la situación.
Pero...
Balthazar. Recuerda tu posición. Te di una orden.
El ángel caído, cerrando sus labios, asintió.
Esto sólo me incumbe a mí. Kara es mi responsabilidad.
Sebastian se volvió nuevamente hacia la cornisa del edificio. A la lejanía, podía ver con perfección la fachada del mercado. Podría llegar allí en veinte minutos.
Si ustedes me desobedecen, los mataré también —Expresó Sebastian. Segundos después, se dejó caer al vacío.
Nunca se lo escucho aterrizar.


PARA EL VENDEDOR:
Las primeras respuestas de este post serán un prólogo a la compra.
Por lo tanto, aun no es necesaria la intervención de un vendedor.
Favor de contactar por MP en caso de inconveniente.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Kara Ku-Sith el Mar Ago 29, 2017 7:24 pm

Dormía plácidamente en la celda, acurrucada sobre el pobre y viejo lecho que ahora era su cama, abrazando a la almohada que suplía el vacío hueco que había dejado la separación de su alma gemela, cuando en su sueño surgió una figura que apenas lograba reconocer. Lo desconocido, pues Kara no sabía si era hombre o mujer, le suplicaba por su despertar al tiempo que le advertía de un peligro inminente, mas ella no comprendió del todo aquellas extrañas palabras; varios lunas habían pasado desde el momento en que le arrebataron su vida, una magnánima cantidad de horas que la joven había usado para encerrarse aún más en sí y su problema psicológico.

Así pues, al despertar, la rubia se sentó en el borde de la cama y se miró el pequeño socabón que había entre sus piernas, un hueco formado por dios-sabe-qué y rellenado por varias gotas de agua que caían de una oxidada tubería. Después se perdió en sus caóticos pensamientos al tiempo que se examinaba las pupilas como si en ellas fuera a encontrar la respuesta a todos los misterios de la vida. Y mientras observaba sus pupilas, algo difusas por las ondas de las gotas, sintió que las palabras de aquel confuso ser le golpeaban una y otra vez bajo el disfraz de un significado nuevo y completamente lógico.

Rauda como un rayo, Kara se alzó de la cama mientras su instinto primitivo y animal despertaba -algo que recientemente era normal-, tras ello se fue a la esquina más lejana de la celda y esperó pacientemente de pie, mirando fijamente a la puerta; su comportamiento pese a su edad y tratamientos habían hecho una regresión a su infancia, el asperger se había intensificado y su actuación se asemejaba lo que hacía antaño. Era imposible descifrar la lógica de sus acciones y aún menos imaginarse que se preparaba para defenderse. En consecuencia, cuando el carcelero llegó reclamando la presencia de la rubia, la licántropo se defendió con uñas y dientes para no salir de ahí, y aunque todos sabían lo difícil que era hacer salir a la enferma, nadie se esperaba que mostrase tanta fiereza.

El espectáculo fue como ver a un animal intentar ser cazado. Kara luchaba apoyandose en las paredes, golpeando como si tuviera zarpas o mordiendo mientras que el carcelero se dedicaba a intentar sacarla.

Tras varios gritos y blasfemias, otro trabajador del mercado acudió al rescate del que intentaba sacar a la loba del lugar; esta vez él segundo muchacho iba preparado para la ocasión, pues gracias a una pequeña porción de drogas lograría dominar a la enferma. Este, al llegar, mandó al primer carcelero a soltar a Kara, quien cayó al suelo de bruces y sobre quién sopló una cosa blanca.

-¡Espera!- Gritó el segundo hombre al ver como el primero se disponía a golpear a Kara.
-Maldita zorra- Masculló el primero mientras se tocaba la sangre que brotaba por distintas partes de su cuerpo.
-Dale unos segundos y le hará efecto- Continuó el segundo.

En efecto, la droga que habían echado sobre la muchacha era para inhibir su control sobre sí misma, mas Kara no tenía ni idea de ello y trató de huir llegando a escapar sólo cinco metros. Después, los hombres le hicieron recoger las cosas y salir del lugar.

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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Sebastian Morgenstern el Miér Ago 30, 2017 2:48 am

Sebastian caminó a través del sucio callejón, evitando respirar los hedores de humedad, basura descompuesta y comida podrida. Al salir a la calle, el farol de la calle titiló levemente hasta finalmente apagarse. Estaba oscuro, y la lluvia había arrastrado la mugre y podredumbre cuesta abajo, dejando el distrito entero en un estado repugnante.
Sebastian llegó hasta el frente de un edificio traído a menos; una vieja casona que en otro tiempo debió de haber tenido dueños ricos y pudientes. Pero ahora, los cristales estaban rotos, las paredes pintadas por multiples graffitis, y las ratas y cucarachas entraban y salían reclamando aquel lugar como su guarida.
El ángel se paró frente al enorme portón metálico.
Phasmatos Oculacs —Exclamó.
Y con esas dos palabras, la ilusión se vino abajo.
La vieja entrada se convirtió en una imponente puerta de bronce; con detalles de relieves y un cincelado tridimensional que recordaba a las Puertas del Paraíso del Baptiserio de Florencia; los degradados y mugrosos ladrillos se convirtieron en una impecable superficie de mármol; las ventanas recuperaron sus cristales, desde los que se podía observar arañas de techo, finos muebles de bronce, y pinturas exquisitas en el interior.
Sebastian subió la escalera, tocó la puerta dos veces, y una mirilla se corrió a la altura de sus ojos.
¿Quien?
Ragnor Fell. Brujo.
¿Tiene cita?
Jabes es un viejo camarada mío.
Pruebate.  
Jueces 21, 10 a 24 —Respondió Sebastian— Dios avala y promulga la esclavitud y la violación. La Compañía cumple con su mandato— Recitó de memoria la clave.
La mirilla se cerró, y varios cerrojos se escucharon del otro lado. Una incantación en lengua no perteneciente a este mundo deshizo cualquiera que fuese el hechizo que impedía el ingreso al lugar. Segundos después, la puerta se abrió de par en par.
Sea bienvenido, señor Fell. Puede esperar en la sala principal, ¿le apetece vino?
Necesito bajar al calabozo ya mismo. No tengo tiempo que perder —Sebastian caminó hacia el centro de la casona, buscando indicios de donde se encontraba la segunda barrera.
Por ahora, la tienda ha sido despejada por pedido de un cliente VIP. Por favor, sea paciente y beba una copa de vino, tenemos Cabernet, ¿le apetece?
Sebastian se dirigió hacia una librería, y se detuvo a mitad de camino. Demasiado obvio. Los vendedores usualmente escondían sus tiendas bajo varias capas de hechizos de camuflajes. La primera era la más sencilla de atravesar. Sin embargo, las siguientes sólo eran conocidas por los recibidores.
No, no quiero tu maldito vino —Dijo tomando aire— Phasmatos Oculacs
El hechizo de desilusión fue promulgado nuevamente. Y sin embargo, nada sucedió. Sebastian no era un brujo, y por lo tanto, no podía esperar que aquel simple conjuro fuese suficiente para hacer caer las barreras que habían puesto allí los hechiceros del mercado.
Señor Fell, no tiene caso. Le mostraré la puerta al calabozo cuando nuestro cliente haya terminado con su esclava.
¿Terminado? —Preguntó Sebastian— ¿Qué quieres decir con 'terminado'? Esto es un mercado, no un burdel. Aquí venden vírgenes.
El hombre sonrió levemente.
Como dije, es un cliente especial.


Como si fueran parte de una esencia, de un ser amorfo con muchas manos y dedos, las empleadas se deshicieron de los harapos de Kara mientras esta yacía inconsciente. Le quitaron la ropa interior también, y untaron su cuerpo con perfumes caros y cremas cosméticas.
Con la precisión de quienes trabajan con una muñeca, y con la misma frialdad que si estuvieran vistiendo un maniquí, comenzaron a vestirla y maquillarla. Lencería cara y delicada pronto fue seguida de un ajustado corset negro, que se aseguraron que acentuara las curvas naturales de la muchacha. Abrocharon una minifalda del mismo material alrededor de su cintura, y trenzaron su cabello, ahora limpio y peinado, en una única trenza. Para finalizar, una media de red fue subida por cada pierna hasta la altura de sus muslos, y un zapato de taco aguja calzó en cada pie.
La maquillaron mientras aun yacía inconsciente; pintando sus labios de carmesí y cubriendo de quizá demasiada sombra y rimel sus ojos. Un leve rubor en sus mejillas, y habían finalizado.
La docena de mujeres metió las ropas de la chica en una bolsa de basura junto con los peines, paños, y rizadores que habían usado. Esposaron a la muchacha a la mesa con unas cadenas de plata, sentándola en una silla a la que también encadenaron sus tobillos, y salieron de allí en fila india.
Detrás de Kara, una puerta de madera yacía con la llave aun puesta. Y en las mazmorras contiguas, se escuchaban llantos y súplicas.  
Todo esto transcurrió en apenas dos minutos.
Estuvo así un tiempo largo, y cuando los efectos de la droga comenzaban recién a menguar; alguien entró frente a ella. El hombre alto, tanto que debió de agachar la cabeza, cerró con llave a sus espaldas. Dio una calada a su cigarro, y cubrió todo el lugar con una nube de humo azul. Dio una larga y lujuriosa mirada a la muchacha inconsciente, observando los finos rasgos de su rostro, relamiéndose los labios lascivamente. Luego, caminó con parsimonia hacia la segunda puerta del lugar.
Al abrirla, encontró detrás una cama de dos plazas; limpia y con sábanas nuevas, pero sobre un pobre esqueleto metálico. Claramente, aquel lugar no estaba preparado para probar a la mercadería allí mismo.
Serviría, sin embargo.
Eres una luchadora, por lo que veo. Escuché que heriste al guardia —Masculló con una leve risa— Me gusta cuando luchan.
Los gordos dedos del hombre se cerraron sobre la muñeca de Kara. Acarició el dorso de su mano con su dedo. Y luego, tomó el brazalete de la cadena.
Entonces... ¿Empezamos? —Murmuró a su oído.
De un único movimiento, rompió las cadenas de los pies y manos de la muchacha, liberandola del agarre a la mesa. Sin embargo, a pesar de que sus tobillos estaban ahora libres, sus muñecas aun estaban unidas por los eslabones de plata.  
Pareces sedienta. Esa droga que usaron te deshidrata rápidamente, ¿sabes? No te preocupes, traje algo para ti —Dijo sonriendo.
Del bolsillo de su chaleco, sacó una petaca de color bronce. Sobre ella, estaba dibujada la imagen de un hombre con cabeza de carnero. Estaba fría, y liberaba un aroma dulce como el de fresas y agua saborizada.
Bebe —Le susurró al oído— A partir de ahora, eres mi puta personal. Así que obedece.
Y diciendo eso, tomó la trenza de la muchacha, y tiró de ella con fuerza.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Kara Ku-Sith el Miér Ago 30, 2017 2:17 pm

Los efectos de la droga desaparecieron dejando tras ellos una estela nebulosa que impedía a Kara ver bien, pues sentía que sobre sus azulados orbes yacía una fina capa de agua que a cada parpadeo temblaba y le producía tal invidencia que indiscutiblemente la llevaba a confundir los muebles de la sala con una gran mancha de amalgamados colores; Ku-Sith parpadeó con lentitud en un intento por enfocar su vista hacia la gran mancha que tenía en frente, mas cuando lo hizo el esfuerzo no sirvió de nada. Entonces, la rubia trató de llevarse la izquierda hacia la zona lacrimal para masajearla pero algo se lo impidió.

Al bajar la vista descubrió una extraña mancha plateada sobre sus muñecas y al mismo tiempo su cerebro se percató de que estaba atada por las muñecas. Kara intentó recordar algo de lo sucedido pero le fue imposible, todo lo que lograba era remontarse una y otra vez al momento en el que le tiraron aquel polvo blanco sobre su rostro.

—Eres una luchadora, por lo que veo. Escuché que heriste al guardia. Me gusta cuando luchan.

La licántropo se sobresaltó al percatarse de que no estaba sola, pues aunque su olfato estuviera ligeramente más desarrollado que el de un humano, pero menos que el de un licántropo transformado, aquel desagradable olor producido por el puro enmascaraba la presencia del hombre.

—Entonces... ¿Empezamos?

Kara dejó escapar un par de lágrimas, producto de un buen funcionamiento interno de su cuerpo, y poco a poco aquella extraña y fina capa de agua fue desapareciendo para dar paso a una visión clara; su rostro inexpresivo no daba muestras de miedo ni tristeza pese a que por sus mejillas corrían dos solitarias gotas de agua, era como si Kara fuera incapaz de mostrar emoción o incapacidad para comprender lo que el hombre le estaba diciendo.

-Empezar...- "¿Empezar el qué?", pensó la rubia haciendo halago de su problema. No es que no entendiera que se había metido en un buen lío sino que era incapaz de comprender una sentencia a medio formular.

Kara observó al hombre liberarla, se entretuvo contemplando la fuerza de aquel extraño ser y cómo el metal se doblegaba ante él. También lo hizo con su ropa, alienandose de lo que sucedía a su alrededor y haciendo caso omiso a la voz del dominante. Sólo dejo de centrarse en nimiedades cuando el hombre le tendió una petaca de bronce.

—Bebe. A partir de ahora, eres mi puta personal. Así que obedece.

Kara se llevó la petaca a los labios y guardó los primeros mililitros de aquel brebaje debajo de la lengua, hizo ver que tragaba y volvió a llevarse la petaca a los labios. Por fortuna aquella petaca no era demasiado grande y pudo escupirlo todo con fuerza en cuanto el ser le soltó de la trenza al creer que se lo había tragado. Por desgracia para ella aquel hombre era tan irascible como desagradable, pues en cuanto vio que escupía la cogió del cabello y la golpeó contra la mesa mientras blasfemaba algo que ella no entendió.

-Es de hombre virtuoso no dejarse arrebatar por estos impulsos.- Aunque le dolía y el puente de su nariz estaba arrugado como signo de dolor, aquellas palabras fluyeron de entre sus labios ocultando un significado mayor; el hombre bajo la cabeza para observar a la rubia, quien seguía murmurando unas citas de la Divina Comedia, y le masculló con tan fuerza que le salpicaron las babas en rostro antes de ser empujada contra el suelo.

-Entre los hielos que envuelven las sombras, está Lucifer, emperador del reino del dolor, sacando medio cuerpo fuera de la superficie glacial.-Su rostro se mantenía impasible pese a que el hombre parecía cada vez más desenfrenado, incluso la única mueca de dolor fue cuando el demonio le rompió un par de costillas al darle una patada.

Cuando Kara se retorció, agarrándose por las costillas, el otro aprovechó para acercarse a ella y arrastrarla hacia el interior de la habitación. Mas la licántropo, empezando a comprender lo que quería, se opuso con todas sus fuerzas intentando clavar el tacón de sus zapatos en el suelo o forcejeando como podía.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Sebastian Morgenstern el Jue Ago 31, 2017 12:08 pm

Sebastian tomó un largo respiro.
Sus ojos deambularon feroces por toda la habitación. La entrada podía estar camuflada en cualquier lugar, y lo que era más irritante es que hasta podía estar frente a él, y no podía verla. Presionó el puño con fuerza, y la herida cortante en su palma goteó sangre.
El recibidor frente llevó los ojos instintivamente hacia allí, y su mirada fue rodeada momentáneamente de venas.
Esa no es sangre de brujo.
El ángel desvió la mirada hacia su herida, y luego hacia el sujeto. Entonces sus labios se curvaron en una sonrisa.
Ups —Exclamó de forma cómica— ¿Acaso manché tu alfombra?
Tú no eres Ragnor Fell —Le increpó, con la respiración en alza.
Sebastian retrocedió, y entonces alzó la palma al frente.
Conoces el olor a sangre muy bien.
El rostro del vampiro se tornó vil y demoniaco. Venas rojas de un grosor monstruoso cubrieron sus sienes, y sus colmillos crecieron hasta el punto que debió mantener la boca abierta para que no se le clavaran en sus propios labios.
Ya veo—Sebastian tanteó a sus espaldas y tomó un libro— Ustedes los vampiros tienen un gusto particular por la sangre de ángel, ¿no es así?
Sólo tuvo tiempo de decir eso antes de que se abalanzaran hacia él. El ángel de ojos azules desvió los colmillos con un golpe del libro, y apretó su palma sobre la librería a sus espaldas hasta arrancar un trozo.
El vampiro se arrojó a su cuello, y se vio detenido a mitad de camino por un impacto en su pecho.
Muy mala elección de amoblaje —Exclamó Sebastian, presionando la improvisada estaca sobre su pecho.
Empujó el cuerpo al suelo, y vio como este empezaba a secarse. La piel se volvió grisácea, y la herida en el pecho del vampiro escupió sangre espesa y negra.
Sebastian tiró del cuello de su chaqueta y aliso sus ropas. Con el recibidor muerto, no había manera de que pudiera encontrar la entrada al calabozo. Tendría que destrozar el lugar hasta los cimientos. Quizá debería haber dejado vivo al vampiro. Ya era tarde para arrepentirse de cualquier forma.
Kara estaba atrapada.
El ángel comenzó a caminar hacia la puerta, y tras unos pasos, se detuvo. La sangre del vampiro no estaba creando un charco a su alrededor, ni tampoco se expandía la mancha sobre la alfombra. Y por sobre todas las cosas, un sonido de goteo hacia un leve eco en la silenciosa sala.
Quizá había esperanza para Kara, después de todo.



Asmodeo tiro de la rubia y la lanzó hacia la pared.
El cuerpo dio un sonido al chocar, y cayó inerte sobre la cama. Debía ser más cuidadoso si no quería romper su nuevo juguete. Pero era difícil contenerse con tan preciosa muchacha. Qué más daba, siempre podía comprar otra.
La piel en el rostro del demonio comenzó a agitarse. Como si un cuerno estuviese naciendo sobre su mejilla, esta continuó estirándose más y más. Una protuberancia que se moldeó de su propia carne hasta formar los ojos y la boca de una serpiente. De su espalda creció una joroba que rasgó el traje, y esta también tomó la silueta y forma de un animal. Un carnero con ojos vacíos y negros, y las mandíbulas abiertas y babeantes.
Mira lo que has hecho... —Murmuró con voz burlona— Y tanto que me costó mantener este saco de carne estable...
Su brazo creció y se volvió más grueso; escamas rasgaron su camisa y sus dedos se convirtieron en la boca de un dragón. Su barriga creció hasta hacer saltar los botones, y la piel aceitunada creció pelos largos, gruesos y negros.
No te preocupes, mi niña —Murmuró el hombre. La serpiente que colgaba de su mejilla abrió sus fauces hacia la muchacha—Seré gentil.  
El empresario Mihael, la piel que estaba vistiendo, se estaba cayendo a pedazos. Ahora quedaba un ser amorfo, sin una pizca de humanidad. Y una lujuria que buscaba ser saciada.
Desde las habitaciones contiguas llegaban gritos de desesperación, de dolor. Llantos y súplicas. Asmodeo pensó con macabro placer que quizás Kara las reconocería, siendo que habían sido sus compañera de celda. Deleitándose con la idea de hacerla sufrir, relamió sus labios con una lengua peluda.
Le dije a mis muchachos que podían divertirse con tus amigas. Al parecer, la están... pasando en grande —Rió levemente.
De sus pantalones se arrastró una suerte de manguera que fue velozmente hacia Kara. Se enrededó sobre su pierna, y unas ventosas de pulpo mordieron su piel.
Ahora es mi turno.



El muchacho que se encontraba en el mostrador hojeaba con desgano una revista de autos. Tenía los auriculares a todo volumen, buscando escapar a la atmósfera a su alrededor. No quería escuchar los llantos y gritos de esas pobres muchachas siendo violadas.
Ser un empleado del mercado negro conllevaba toparse con atrocidades y clientes pervertidos a diario. Ninguna alma buena pisaba ese lugar nunca. Aun los llamados héroes que venían a rescatar a sus compras para darles un mejor lugar, ellos también buscaban simplemente tener una chica que fuera su propiedad, y sabia con sólo mirar sus ojos llenos de lujuria que no eran mejores que el resto.
Pero una cosa era imaginar que eso sucedía, y otra muy diferente, era que pasara frente a los ojos de uno.
Sintió un retumbar en su escritorio, y sujetó la lámpara para que no cayese. Pobres chicas. Quien sabe con cuanta fuerza estaban siendo golpeadas contra las paredes y el suelo.
Hey, now, you are an all star, get your game on, play —Comenzó a cantar para intentar distraerse.
Y así siguió tarareando en una voz desafinada.
No había llegado al segundo estribillo cuando el techo sobre su cabeza se desmoronó y lo aplastó. De los escombros se alzó Sebastian, apenas dandole importancia a la muerte del muchacho.
Escuchó en ese momento los gritos de súplica de las que aun luchaban, y las voces apagadas y lloriqueos de las que se habían resignado. Frente a él se desplegaba un pasillo con incontables habitaciones.
¿En cuál estaba Kara?
Se agachó y manchó su palma con la sangre de quien quiera que fuese el que se encontraba debajo de sus pies, y dibujó velozmente un círculo en el suelo. Delineó carácteres en una lengua extraña, y luego apretó su mano sobre ellos.
De su bolsillo sacó un mechón de cabello rubio, atado con una cinta azul.
¡Exorciso te creaturam aqua in nomine, patris et Jesu Christii!



Asmordeo tiró de la falda de muchacha, y se la quitó de un tirón. El tentaculo rodeaba su pierna, inmobilizándola, y una mano con garras de tigre sostenía el brazo de la muchacha. Estaba encima de ella, casi aplastándola con su monstruoso ser.
Iba a torturarla, y hacer de su cuerpo un homenaje al dolor. Sólo por haberlo escupido antes, le haría vivir dl peor de los abusos.
La serpiente en su cara se lanzó hacia la boca de Kara.
Y entonces, la soltó de repente.
Se alejó de ella hasta caer de espaldas al suelo, como si su cuerpo de repente lo hubiera rechazado. Cada parte de su ser ardía. Y aquellas con las que la había tocado, ahora se desintegraban y derretían como si hubieran tocado ácido. Asmordeo lanzó un grito colérico de dolor, y levantó sus múltiples cabezas hacia su esclava.
Ninguno de sus ojos pudo creer lo que veía.
Que mierda es eso.
En el pecho de la muchacha había aparecido un sello. Un círculo rodeado de caracteres en lengua angelical, que él conocía y temía. No era de extrañar que su piel le quemase, ¡había tenido la bendición de un ángel! Tener contacto con ella sería lo mismo que tocar fuego.
Escuchó el sonido de puertas viniéndose abajo, y aullidos de dolor de sus guardaespaldas. Una sonrisa se formó en sus labios, y la boca de dragón en su mano largó ascuas.
Tienes un ángel guardián, niña —Se quejó el demonio.
Alzó la boca de dragón hacia la muchacha.
Si no puedo tocarte... Te llevaré conmigo al infierno —Rió grotescamente.
Y una llamarada fue escupida de la boca.
Sin embargo, a pesar de que esta golpeó a un lado de la pared, desintegrándola y derritiendo las capas de pintura y cemento, chocó muy lejos de su objetivo.
La cara del demonio hacia una mueca de dolor, y la cabeza-brazo de dragón escupia llamas hacia el suelo y las paredes, agitándose sin control. Como si de repente hubiera perdido control sobre sí mismo, Asmodeo temblaba y escupia sangre.
Al bajar la mirada, comprendió el por qué.
Del pecho del demonio brotaba icor violeta, y la punta afilada de una espada.
Que ser repugnante te has vuelto, Sydonay —Vociferó alguien a sus espaldas.
¡Tú...!
Asmordeo se volteó, más rápido de lo que debería moverse un ser tan pesado. Y lo único que pudo ver, fueron un par de ojos azules, y el haz de luz de una metálica hoja.
¡SEBASTI...! —Alcanzó a pronunciar, pero fue callado de repente.
Sangre violácea fue regada por todo el lugar, y el sonido de sus incontables bocas gimiendo.
La cabeza del demonio rodó sobre el suelo, seguido del monstruoso cuerpo. La serpiente que colgaba de la mejilla se retorcía agónica.
Sebastian agitó su daga angelical para quitarle la sangre, y luego bajó la mirada a Kara. A juzgar por las ropas que aun tenía, había llegado a tiempo. De lo contrario, habría tenido problemas con cierta vampiresa por dejar que ultrajaran a su protegida. Notó un moretón a la altura del abdomen, y varios otros aquí y allá, pero parecía estar bien si se consideraba la situación.
Esbozando una sonrisa a medias, extendió su mano hacia ella.
Debemos dejar de encontrarnos de esta forma, Love.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Kara Ku-Sith el Lun Sep 11, 2017 12:13 am

El dolor se expandió por su cuerpo como un doloroso y desgarrador veneno, uno que la consumía con tal rapidez que apenas podía pensar en nada más que en él; tumbada sobre la cama, con el pelo enredado, sin uno de los tacones y los ojos cerrados, Kara pensó que nada podía ir a peor. Mas cuando su diestra, temblorosa y tímida se entrelazó con sus dorados mechones para masajear el cuero cabelludo al tiempo que abría los ojos, su pequeño mundo se rompió en pedazos con pasmosa rapidez.

La visión del horrendo ser le arrebató el aliento, la dejo paralizada cual muñeca de porcelana inexpresiva, pues ni en sus peores pesadillas la rubia se hubiera imaginado a un ser tan deforme y animalesco como el que tenía frente a ella. Asustada, Kara trató de retroceder en un intento desesperado por zafarse de aquella cosa, mas todo lo que consiguió fue quedarse atrapada en la confluencia de dos paredes. En efecto, aquella bestia de otro mundo la tenía a su merced.
Logieslamond dobló las rodillas y las pegó al torso, se negaba a ser tocada por aquella cosa, pero por mucho que lo intentase cada vez era peor.

-Entre los hielos que envuelven las sombras, está Lucifer, emperador del reino del dolor, sacando medio cuerpo fuera de la superficie glacial.- Kara repitió el mantra entre susurros y cerró los ojos a la espera de lo peor.

Un extraño olor a azufre azotó a Kara haciendo que, curiosa, entre abriera los ojos justo a tiempo para ver como el ser se relamía los labios; su cuerpo tembló con violencia al ver la cantidad de horrendos detalles que se fundían con los pequeños pedazos de piel que sobrevivían en él, en sus ojos se aglutinaron varias lágrimas y de su garganta no fluyeron los gritos que amenazaban con salir. Kara parpadeó y rápidamente sus mejillas se encharcaron, al mismo tiempo, algo que imaginó que sería la masculinidad del demoníaco ser se aferró a su pierna y la arrastró hacia él. Aquello fue demasiado para ella y los primeros gritos de terror desgarraron el ambiente de la habitación tal y como sus uñas desgarraban las sábanas de algodón. Asmodeus rió ante aquella reacción y poco después de abalanzó sobre ella. Kara no quiso verlo, su frágil mente no iba a poder soportarlo, así que cerró los ojos y trató de evitar sentir el desagradable tacto de aquel ser mientras se adentraba en su propio mundo. Mas por fortuna, antes de lo que imaginaba, el ser se apartó de ella y pudo respirar.

Cuando Kara abrió los ojos y el aire llenó sus pulmones, lo primero que hizo fue saltar hacia un lado y esquivar el golpe que lanzó el demonio. Después se acurrucó en una esquina y se echó a llorar, sollozando en silencio e hipando, mientras pensaba en la muchacha que siempre le había protegido. Se sentía violada, humillada y desolada, inútil, abandonada a su suerte. Entonces, mientras lloraba, decidió que era mejor morir y aceptó su destino, cerró los ojos y pensó en aquella cancioncilla que su madre siempre le cantaba a la espera de que el ser terminase con ella. Algo que jamás pasó. Cuando un sonido sordo llegó a sus oídos, pese a que Asmodeus había estado hablando con alguien segundos atrás, una brecha se abrió en su fantasía y Kara decidió mirar hacía la realidad. Frente a ella se hallaba un muchacho al que reconoció, el mismo que le había salvado tiempo atrás del ataque de unos canidos.

-Se-se-sebastian- ante el propio asombro de Kara, cierto tartamudeo apareció en ella.

La muchacha relajó sus músculos y se alzó con dificultad debido a sus temblorosas piernas, dio un par de pasos y el tacón que quedaba en vida se rompió haciendo que Kara tropezase y cayera sobre su ángel; el rostro de la licántropo estaba demacrado, ya que el maquillaje se había desaparecido o mezclado por zonas, pero su aspecto no era mucho mejor debido a las ropas desgarradas. Kara se aferró al muchacho y volvió a llorar, esta vez con mayor fuerza mientras su cuerpo se sacudía con violencia debido al trauma.

-G-g-g-gritos... D-d-duele- la muchacha trató de explicarle a Sebastian lo que había ocurrido, mas sentía que su lengua se había enredado y que le era imposible hablar.

En un intento por reclamar mayor atención e intentar calmarse, Kara se separó del ángel entre sollozos y restregó las palmas de sus manos por la zona de sus ojos llevandose por el camino un rastro de maquillaje. Respiró hondo varias veces, inflando su pecho con aire y soltandolo hasta que sus pulmones ardieran, contó hasta diez y volvió a abrazarse a él. Hundió su rostro en el pecho del muchacho y cuando su cuerpo se sintió aliviado, la oscuridad le envolvió y perdió el mundo de vista. Se había desmayado.


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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Sebastian Morgenstern el Miér Sep 13, 2017 6:11 am

Sebastian atrapó a la muchacha.
¿Kara? ¿Kara, estás consciente? —Le pregunto, agitándola levemente.
Se había desmayado... El ángel suspiró levemente, y la alzó en sus brazos como a una princesa.
No me haces las cosas más fáciles, Love. Sin embargo..., —Dirigió la mirada a la pared rota, y a los restos de la falda, ahora hecha jirones— Te pedí que lucharas, y lo hiciste. Ahora...
Los pasos de los guardaespaldas de Asmordeo llegaron hasta él. Escuchó como alzaban sus armas hacia sus espaldas. Los ojos de Sebastian ardieron de azul cobalto.
Me toca a mí —Su sonrisa se torció malignamente.
Dispararon contra él. Pistolas automáticas, veinte balas por segundo. Cuarenta en total. Treinta y dos en inminente impacto.
Sebastian tomó aire.
El sonido de una pistola única resonó en respuesta.
Clink, clink, clink.
Los proyectiles se desviaron a los costados, o cayeron inertes al suelo.
¡¿Qué?! —Exclamó uno de los guardias.
Todo había ocurrido tan rápido que era imposible que lo pudiera creer, o siquiera entender.
Todas sus balas habían sido golpeadas por disparos provenientes de Sebastian. Y como resultado, habían torcido su trayectoria, o perdido su impulso. Sin embargo, el ángel aun tenía a la muchacha en sus brazos, y había estado de espalda todo el tiempo.
Grandioso, ¿no creen? —Pronunció Sebastian. Se volteó lentamente hacia ellos— Cuando has vivido tanto tiempo en este mundo, aprendes un truco o dos. Este se llama Disparo Espejo.
Los guardaespaldas vieron a los brillantes ojos azules del muchacho, y trataron de recargar sus armas en pavor.
Y este...
Los cuerpos de los guardias salieron disparados fuera de la sala. Cayeron en la habitación de en frente, sangrando por multiples disparos de un arma que nunca ni siquiera vieron.
...Se llama muerte.
Sebastian salió del pasillo con la muchacha en brazos. Caminó entre los cadáveres que él mismo había regado por allí. Entre los restos de sangre y extremidades cortadas. Las cabezas curiosas de algunas esclavas se animaban a acercarse al umbral para mirarlo. Esperaban que él fuese su héroe, el caballero de brillante armadura que las salvase.
Sin embargo, Sebastian había venido hasta allí por una sola muchacha.



Sebastian saltó fuera del hoyo de la guarida.
Aterrizó con gracia a un lado del mismo, con un sonido sordo. Bajó a Kara de sus brazos, y la recostó sobre un sillón. El cuerpo en rápida descomposición del vampiro estaba a unos metros.
El ángel sacó un celular de su bolsillo, y marcó un número rápidamente.
Balthazar —Hablo sin esperar saludo— Kara tiene un hechizo sobre ella. Es de tipo sanguíneo por lo que pude averiguar. Tiene un entramado complejo, pero sin dudas es un hechizo de vínculo...
Sebastian continuó explicando lo que había logrado averiguar por su cuenta. Del otro lado, su subordinado escuchó atentamente, y tras una pausa de un minuto o menos, contesto.
Tienes razón, es una maldición de vinculo. La he visto antes. Se llama Unum ad Unum.
Uno a Uno.
Balthazar dio un sonido de asentimiento.
La han atado a otra persona, un ancla. Mientras el hechizo no se rompa, todo lo que le suceda a Kara, le sucederá a esa otra persona. También se aplica a la inversa.
Sebastian, mientras escuchaba, se volteó hacia la muchacha. Caminó hacia ella, y se agachó junto a su cuerpo. Presionó su mano sobre sus costillas, y no notó ningún hueso roto.
Balthazar, ¿es posible que el hechizo también comparta habilidades regenerativas?
¿Regenerativas? Nunca... He escuchado que se utilice de esa forma, pero en teoría...
¿Podría una licántropo curarse al ritmo de un vampiro, de estar vinculados?
Pues sí... Al menos eso supongo.
Sebastian cortó la comunicación.
Sonrió levemente, y acarició el rostro de Kara.
Al parecer, no soy el único que se interesa por tu bienestar, Love.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Kara Ku-Sith el Vie Sep 22, 2017 3:27 pm

Su estado no conocía el tiempo; dormida en su letargo, la joven bella durmiente había perdido todo su tono muscular. Era un títere inerte que necesitaba a Sebastian. Y aunque esa situación no fuera por mucho tiempo, su cuerpo aún debía reposar un poco más, ya que, el síncope era efecto del colapso físico y mental de Kara. Para cuando la joven abrió los ojos, lo único que había en la habitación eran inmóviles cuerpos a los que el ángel había arrebatado su vida.

Sus manos, con escasa fuerza, rodearon con temor el cuello de Sebastian al tiempo que su pálido rostro se hundía en el pecho del hombre; el aroma varonil que desprendía su salvador impregnó las fosas nasales de la muchacha que, aún temerosa, revivió viejos recuerdos de su niñez; repetir el episodio de antaño hizo que Kara temblase. Ver las fauces de despiadados lobos y la sangre salpicar por todos lados era estremecedor, no sólo por los ladridos furiosos que emitían los animales sinó también por la desagradable sensación de impotencia o el horrible sonido de su voz al intentar gritar con los pulmones inundados de sangre.

La sensación de una muerte inminente, el olor dulce y rancio de la perdida de una vida, el frío que te hace vibrar, todo estaba aún latente en su mente enferma.

Kara se acurrucó entre sus brazos y trató de sofocar los viejos recuerdos con una cancioncilla infantil que decía así:
Snowflake, snowflake, little snowflake
Little snowflake falling from the sky.
Snowflake, snowflake, little snowflake
Falling, falling, falling, falling, falling
Falling on my nose.

Aquella especie de lulabally la había escuchado por primera vez el día después de despertarse del ataque de los canidos, y lo había hecho de la boca de su cuidadora. Después simplemente se convirtió en una canción tranquilizadora, un mantra salvador.

Mientras tanto, Sebastian la llevó en brazos hasta un sillón, la dejo y se puso a hablar con alguien a través del móvil.

Kara se miró con atención el cuerpo y vislumbró cómo las pequeñas heridas se curaban con rapidez. También observó el harapo que llevaba por ropa y lo que había en la habitación. Sin prestar atención a lo que Sebastian decía, la británica se restregó la palma de ambas manos por el rostro y trató de librarse así de todo su maquillaje, después trató de buscar alguna prenda que ponerse pero allí sólo había la del vampiro muerto.

-Estoy bien- la muchacha posó su mano sobre la del ángel y la acarició con timidez, luego la tomó con sumo cuidado y finalmente la besó con ternura.-Ella también me cuida a la distancia. Tras aquellas palabras, la joven licántropo se dispuso a hacer la mayor ofensa que uno puede hacerle a un cadáver, y es que sin pensarlo dos veces decidió que era mejor vestir con la camisa del vampiro que con el corsé que llevaba. Una vez hubo desvalijado al cuerpo, Kara se colocó la camisa que olía a muerto y se quitó el corsé sin mucha dificultad. Ahora, libre de toda constricción, la pequeña loba se sintió realmente agotada.-¿Sabes dónde está? No puede andar lejos- Kara observó la habitación una vez más, pasando por alto al ángel como si de un mueble se tratase, en busca de la persona a la que le habían vinculado.-¿Está abajo?¿Me está buscando? Yo estoy aquí...

Después de todo lo que le había pasado, por primera vez se sentía parlanchina.

-He de esperarla aquí- sentenció por fin la rubia.-Ella viene, me necesita...- Kara hizo una mueca exagerada similar a la que un niño hace cuando está enfunfurruñado y caminó hacia la estantería más cercana en busca de algo que leer mientras esperaba. Pero al coger un libro de los muchos que ahí había, algo dentro de ella la impulsó a volverse hacia el ángel y hablarle de nuevo.-No está, ¿verdad?- "¿A quién piensas engañar?" se dijo a sí misma mientras lanzaba el libro al suelo con rabia, "Estas muy lejos de casa, ella no está aquí" añadió. -¿Nos vamos?- Antes de que el ángel dijera nada, Kara se adelantó a Sebastian en la carrera por salir de aquel horrible espacio; tras ellos, en una de las paredes de la habitación, en aquella donde había más lienzo en blanco, había dejado Kara un extraño y minimalista dibujo que fácilmente podría ser confundido con manchas de sangre. En él se apreciaban pequeñas gotas rojas posicionadas exactamente como la constelación del Cisne al igual que un diminuto dibujo en el cuerpo de la constelación. Este último hacía referencia al perro de Orión.

Si por algún casual su otra mitad lograba verlo, podría captar fácilmente el mensaje que le había dejado. El perro estaba con el ángel.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Sebastian Morgenstern el Sáb Sep 30, 2017 2:10 pm

Sebastian observó las idas y venidas de Kara sin decir una palabra.
De la misma forma que un adulto ha de cuidar a una niña pequeña, simplemente se limitó a asegurarse de que no se lastimara sola. Respondió simplemente negando con la cabeza a su pregunta, y la miró mientras salía de allí.
Sus ángeles podían cuidarla allí afuera. Él aun tenía algo que hacer.
Caminó hasta el borde del hoyo por el que habían salido. Al final, podía escuchar a las mujeres llorar. Las podía escuchar pedir ayuda, exigir auxilio. Podía escucharlas, y también escuchaba a Sydonay recuperándose. Podía escuchar sus extremidades creciendo; sus órganos reformándose.
Extendió su palma frente a él, y creó una llama de color azul cobalto.
¿Mmm?
Sebastian observó un libro bajo su pie, que hasta ese entonces, no había notado. Se agachó para recogerlo, y vio un fino hilo dorado que delineaba y daba formas al título de la obra.
Pensó irónicamente que era el mismo libro que él había usado contra el vampiro, y el mismo que Kara había elegido hace un momento.
Abandonen toda esperanza, aquellos que entren aquí.
Citó observando al abismo.
Y entonces dejó caer aquella pequeña y brillante llama al interior. Está cayó, y como una bola de nieve, creció, y creció.
Para cuando Sebastian hubo salido de la casona, una explosión colosal retumbó por todo el vecindario.
Las voces ya no lloraban.



El fuego ardiente y azul comenzaba a devorar con rapidez la madera antigua, y cualquiera fuesen los hechizos que protegían el lugar, ahora habían caído.
Toma. Un obsequio.
Sebastian dejó caer sobre las manos de la muchacha el pesado volumen de la Comedia.
Las sirenas de los servicios de emergencia pronto se hicieron escuchar en lo oscuro de la noche. Él se había ocupado de borrar toda prueba de la existencia de Kara en esa tienda; todo sería consumido por el fuego sagrado. Sin embargo, mientras no fuese suya legalmente, alguien volvería por ella.
Sebastian dejó caer la pesada chaqueta de cuero sobre la pequeña figura de la niña.
Un consejo —Dijo colocándose frente a ella— Si alguien te salva la vida, no se molestará porque le pidas una prenda de ropa.
Pellizco suavemente su mejilla, y rió por lo bajo. Podía ser realmente cálido cuando quería.
Sebastian la guió hacia un estacionamiento contiguo. Allí, uso las llaves que previamente había robado a uno de los guardias para encender una vieja Harvey.
¿Por qué todos tienen una de estas menos yo? —Se quejó Sebastian— Da igual. ¡Sube, Love! Conozco a alguien que nos puede ayudar.
Sebastian le ordenó que se sujetase, y puso en marcha la motocicleta de inmediato. Entró en un oscuro callejón segundos antes de que un carro de policía pasara silbando por allí. Siguió por las oscuras penumbras de una calle angosta y dentro de otro callejón, para luego sumarse al tráfico nocturno de Sakurai.
Dio un vistazo a sus espaldas y se encontró con una preocupada Kara. No le extraño en absoluto. No estaría contenta hasta no ver a su media naranja.
Agárrate fuerte. Te voy a dar el paseo de tu vida.
Sebastian aceleró de inmediato, y desde entonces no bajó la velocidad. Se cambiaba de carril con facilidad y soltura, como si hubiera hecho eso un millón de veces. Pasaba tan cerca de los demás autos que podía ver las caras de susto y enojo de los conductores. Un sin fin de cláxones y blasfemias resonaban, pero la Harvey iba cada vez más rápido, y cada vez eran más las luces rojas que se salteaba.
Al cabo de un par de minutos, las luces de motos policiales y sus sirenas ordenándole que se detenga se acumularon detrás de él.
¡Alto ahí, policía vial de Sakurai! ¡Detenga el vehículo ahora mismo! —Vociferó un oficial desde la ventanilla baja de un coche de policía, con un megáfono en la mano.
Sebastian tomó aire.
¿Estás lista? —Preguntó con una sonrisa y los ojos deslumbrantes de peligro— ¡No te asustes!
Y con esas palabras, Sebastian giró en U y volvió sobre sus pasos. Por la concurrida avenida, todos los vehículos iban en sentido contrario.
Sebastian se dirigió veloz como una bala hacia el coche de policía, y provocó que éste frenase de repente para evitar el choque. Sin embargo, el ángel se desvió a último momento, y extendió su mano a un lado al pasar.
Llevó su nuevo megáfono a su boca y lanzó un alarido de adrenalina.
¡Toma, otro regalo! —Le dijo entregándoselo a Kara— ¡No te sueltes por nada del mundo ahora!
Dijo eso segundos antes de que un autobus lo llevase por delante, pasando tan cerca que pudo escuchar los gritos aterrorizados de los pasajeros.
Sebastian rió confiado, y se encontró en ese momento con una marea de autos que le era infranqueable.
¡No cierres los ojos, Love! ¡Sólo una cobarde lo haría! —Le pidió.
Y llevando la motocicleta al límite, aceleró una vez más.
Se dirigió a toda velocidad hacia una van familiar, sin intención alguna de detenerse. Y para demostrarlo, alzó los brazos a los costados e, ignorando su propio consejo, cerró los ojos.
I WILL FEAR NO EVIL! —Gritó a todo pulmón— BECAUSE EVIL FEARS ME!
La motocicleta pareció haber chocado con algo, y dio un enorme salto en el aire. Un brinco sobrenatural, imposible de realizar. Que sólo ascendía hacia el cielo. Diez, veinte, treinta metros.
Un rayo iluminó el cielo frente a ellos, y con su luz, reveló las alas invisibles de Sebastian.
¡Vamos por más! —Exigió, tomando las riendas de la motocicleta mientras descendían.
La guió por los cielos hasta aterrizar sobre una superficie metálica. Allí, detuvo el vehículo.
¿Sigues viva, pequeña, o te acabo de matar del susto? —Preguntó Sebastian— Hermosa vista, ¿no es así?
Alrededor se podían ver el Downtown de Sakurai, sus coloridos anuncios y la iluminación de la noche. Iban sobre el techo de un tren de vías elevadas; como aquellos que circulan en New York.
Bien. Trata de seguir viva.
Le pidió Sebastian. Y como un psicópata, aceleró a toda marcha. Las ruedas saltaban de vagón a vagón, aterrizando siempre con apenas suficiente agarre para mantener la motocicleta recta. Cada segundo daba la sensación de que iban a caer; una dolorosa caída de veinte pisos.
Sebastian vio venir un túnel contra el cual se estamparían, y una vez más, hizo uso de sus alas para hacer volar a la moto. Esta vez, ascendieron como una flecha lanzada de un tensado arco.
El viento gélido golpeaba el rostro de Sebastian, y este lo abrazaba como si hubiera pasado una temporada en el infierno.
Se sentía libre.



Sebastian detuvo la motocicleta sobre la terraza del más alto edificio de la ciudad.
Apagó el motor y se bajó de la misma.
Tengo que hacer una llamada. Por favor, no escuches a ninguna vocecita que te diga '¡salta!' en tu cabeza. —Dijo esto en un tono sarcástico, y algo impropio del agradable ángel que había mostrado ser hace una hora.
Sin embargo, se escuchó más sincero de lo que Kara jamás lo había visto. A su manera, Sebastian mostró verdadera preocupación.
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Re: Counter-offer | Kara

Mensaje por Kara Ku-Sith el Vie Oct 27, 2017 2:02 pm

Tras cruzar el portón, Ku-Sith fue acogida por los cuerpos celestes mientras un helado viento la abrazaba.
Fuera, en el mundo exterior, lo primero que la rubia sintió fue una magnánima cantidad de estímulos amenazarle, pues para ella, a diferencia de la mayoría de personas, lo nuevo siempre era violento. Y, amedrentada por las centelleantes luces de la ciudad, los ruidos o la gente que se acercaba a ella, Kara se encogió sobre sí. Abrazandose en el proceso. Debido a la creciente sensación de fragilidad que se iniciaba en su pecho y poco a poco se expandía por su cuerpo. Temerosa de dar un solo paso, la muchacha intentó retroceder cuando una fuerza opuesta se lo impidió: la puerta del mercado.

—Hola— le dijo un hombre al que nunca antes había visto, el mismo que se acercaba a ella.

Ante la voz, Kara se aferró aún más a su nueva prenda y desvió la mirada.

—Tranquila, soy amigo de Sebastian.

—¿Sebastian?— preguntó la rubia aún aferrandose a la tela.—¿Y de ella?

El muchacho dubitó un instante, lo justo como para que Kara no tuviera tiempo a entender lo que sucedía.

—De ella también— sentenció el hombre mientras le tendía la mano.—Vamos, será mejor que salgamos de aquí. Necesitas algo de ropa.

La enferma asintió con la cabeza y tomó la mano del muchacho, quien rapidamente guió a Kara hasta un lugar apartado en el que ella pudiera descansar un rato mientras Sebastian salía; el desconocido le entregó un par de piezas de ropa, una camiseta básica negra y pantalón de algodón, de esos que se usan para hacer deporte, dado que le había parecido su mejor opción al no saber la talla de la licántropo. Y la rubia, feliz de poder llevar algo nuevo, poco tiempo tardó en sacarte las medias y el resto se piezas.

—Toma, aquí tienes tus zapatos— murmuró el desconocido mientras le tendía unas Converse y observaba a Sebastian volver. Tras ello, el ángel caído se acercó a Kara para obsequiarle con la chaqueta y un libro que a la pequeña encantaba. Después, el mismo que había llevado ropa para Ku-Sith se acercó al ángel caido.—Voy a destruir estas prendas— dijo mostrando la ropa del prostibulo.—Nos vemos en un rato.

Sin más dilación, Kara paso de las manos de un extraño a las de su conocido, y, sin rechistar, se subió a la motocicleta.

*


El miedo iba in crescendo.
Cada vez habían más estímulos que la aturdían, por no mencionar la velocidad a la que Sebastian ponía la moto, así que la pequeña pasó de aferrarse con sus paliduchas manos de la moto a la cintura del muchacho casi clavando sus uñas en él. E incluso antes de que pudiera preguntar o decir nada ante las amenazas de la policía, sintió tal impulso que tiró todo su cuerpo hacia adelante y se pegó al torso del chico.

Mas por si eso no fuera suficiente como para amedrentarla, de repente ambos saltaron por los aires; Kara cerro los ojos, sintió que le daba una taquicardia, pero cuando los abrió estaba en el suelo.

—Y-y-yo...— antes de que pudiera decir nada más, la rubia había empujado al muchacho y había empezado a vomitar.—L-lo siento— murmuró con el rojo encendido de vergüenza mientras de limpiaba con la falda de la camiseta la boca. Por desgracia la muchacha apenas tuvo tiempo para decir nada más, pues al poco Sebastian aceleró.

*

Cuando por fin el infernal paseo hubo terminado, el estómago y la cabeza de Kara estaban tan débiles que sintió que iba a volver a vomitar. Mas lo que realmente ansiaba era poner los pies en el suelo, así que cuando la planta de sus deportivas tocó tierra firme, la pequeña prácticamente se abalanzó sobre esta para afianzar la zona; sus rodillas golpearon el duro cemento con fuerza emitiendo un gran "pum", pero a ella ese dolor le sabía a gloria, a salvación, y, sus manos, aún temblando, palparon el suelo.

Entonces, una vez se cercioró de que todo estaba bien, se acurrucó a un lado, se abrochó la chaqueta y miró hacia el cielo nocturno. "¿Podrá leer aquello?", pensó para sí misma al recordar la explosión, "No sé si la pared quedó intacta". Tal y como terminó de pronunciar las palabras en su mente, Kara se entristeció al imaginarse a su amiga afligida por encontrar sólo escombros en el lugar. Pero entonces ocurrió algo que le hizo sonreir; al levantar la vista, el aldebarán centelleaba en el cielo, como si fuera un neón más de la ciudad, y eso le recordó a su infancia, esa época en la que vivía tranquila.

Una vez la llamada de Sebastian hubo finalizado, la muchacha estiró los brazos cual niño pequeño que reclama un abrazo. Por primera vez en toda la noche se había atrevido a pedir algo, y aunque no fuera a través del acto del habla, se podía percibir que era más bien una exigencia. Cuando lo obtuvo, Kara apretó con fuerza al ángel y lo tiro hacia ella; lo estrujó como si fuera un peluche.

—Sebastian— susurró con timidez.— Tengo hambre.

Aquello era la pura verdad, simple y llana, sin necesidad de mentiras, pero a su vez, esta verdad le aterraba. Temía preguntar por algo muy simple, porque su regresión había sido tal que se sentía como un niño con autismo. Vivía en su burbuja y pensaba que ese Sebastian, aunque fuera igual que el de antaño, era a su vez un hombre distinto, alguien que tendría que ganarse su confianza.

—¿Podemos comer?—dijo mientras recogía La Divina Comedia para después ponerse en pie.
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