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¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

 :: Rol :: Ciudad :: Invernadero

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¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Dom Abr 24, 2016 8:09 pm

Al gatito le gustaba tanto el invernadero que hacía un esfuerzo inconsciente de visitarlo siempre que podía. No sé, supongo que se sentía a gusto entre tanta florecita y planta (en algunas partes crecía hierba gatera. ¡Hierba gatera, os digo! Esto le encantaba a Naaier) y, además, solía hacer un calorcillo agradable durante todo el año, una temperatura constante y casi tropical en la que se sentía como Pedro por su casa.

Aquel era uno de esos días en los que había salido de su casa sin rumbo antiguo, para disfrutar un poco del mundo. Había dormido sus dieciocho horas reglamentarias, por lo que, claramente, donde fuere, ahí iba con una gran sonrisa y las orejitas bien erguidas, moviéndose de tanto en tanto en varias direcciones para soportar la sobrecarga sensorial que le soportaba pasear por el centro de una ciudad llena de ruidos. ¡Y ni voy a hablar de todos los olores...!

Pero me voy del tema. Aquel día, Naaier llegó al invernadero, y, con pasitos cortitos, como si estuviese saboreando cada segundo e instante que pasaba en aquella estructura de... bueno, la verdad es que tampoco estaba muy seguro de qué estaba hecho el invernadero, pero suponía que de algún material parecido al plástico. En fin, andaba con pasitos cortos, lentos, pero decididos. De tanto venir (tanto solo como con su difunto amo) ya había memorizado el mapa del lugar. Tras años y años de continuas visitas, se sabía de memoria todas las plantas que había en el invernadero. Inconscientemente, se había vuelto en un inconsciente genio de la jardinería.

Llegó a un pequeño recoveco perdido entre las plantas. Se había perdido entre las plantas, abandonando así los caminitos de piedra por los que la gente supuestamente debería circular (pero claro, a Naaier poco le importaba eso; nadie se entrometía entre él y una siestecita en medio de sus plantas favoritas). Había flores de todo tipo: amarantos con sus bellos colores de vino, crisantemos de todos los colores que podía imaginarse, rosas que lo bañaban todo con su dulce aroma y con el fresco rocío artificial que aparecía por los aspersores... en fin, muchas florecitas de muchos colores y aromas. Era otra sobrecarga sensorial, parecida en concepto a la de la ciudad, pero con la diferencia de que esta era agradable: al gatito no le molestaba tumbarse en su casi literal lecho de rosas y dejarse llevar, casi borracho, por todos los aromas de las flores, escuchando el zumbar de las abejitas que laboriosamente volaban de flor en flor recolectando su néctar y llevándose consigo el polen. O algo así hacían, se lo había explicado su difunto amo hace ya años y tampoco es que se acordase del proceso.

En pocas palabras: se dejó caer entre las flores y acabó en un estado de semi-letargo. No estaba dormido (al menos, aún no), e inspiraba poco a poco todos los aromas de las flores ya mencionadas y los de las que no mencioné aún. En momentos como aquel perdía el hilo del tiempo. De vez en cuando se giraba, de vez en cuando se rascaba una orejita, de vez en cuando se acurrucaba un poco o se estiraba otro poco... pero, si le preguntasen, no sabría decir hace cuánto tiempo se había tumbado. Tampoco es que llevase relojes, porque rechazaba someterse a un concepto tan trivial como es el tiempo.

Hay que entenderle: cuando se duerme tanto, da igual que se uno se despierte a las tantas de la mañana, de la tarde o de la madrugada.

Pero algo le pareció molestarle. Se incorporó levemente y refunfuñando, dando otra calada del aroma de las flores, y moviendo sus orejitas para intentar percibir... no sé, algo. Había escuchado un ruido que no debería de haber existido: nadie salvo él solía frecuentar el invernadero a esa hora.


Última edición por Naaier el Miér Abr 27, 2016 2:21 am, editado 1 vez
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Dom Abr 24, 2016 9:34 pm

¿Cómo había llegado a ese sitio? No es que no le gustara, amaba la naturaleza con todo su ser pero era más de árboles frondosos, arbustos con frutos silvestres, tierra y piedras por doquier. Cualquiera que conociera al dragón diría lo mismo, lo que pegaba con Drew era estar rodeado de una naturaleza salvaje, como un bosque, selva, sabana o cualquier ambiente que fuera medianamente hostil; pero estaba en ese lugar, rodeado de delicadas y vivaces flores, con los aromas pululando en todos los sitios y arruinando su olfato ¡No se equivoquen! Claro que le gustaba el olor, era armonioso, suave, vivaz, lindo y colorido en demasía… ese era el problema a todo, un poco de olor estaba bien, sin que le mareara, pero todo allí le causaba una nausea que hasta entonces desconocía. Tapo su nariz mientras se recargaba en una ¿Pared?… si quizá se le podía decir de esa forma; espero que el estúpido de Spade aún no se enterara de su escape. Lo trataba bien y todo pero no dejaba de estar la palabra “amo” de por medio ¿Creía que lo iba a aceptar sin más? Desde el momento en que lo saco fuera del mercado negro y después de que lo llevo a su casa seguía en su terquedad ¡Él no era una mascota! Y por más que el otro dijera que solo quería compañía seguía habiendo aquella gente que le llamaba pertenencia de alguien más.

Recordó que fue así como llego a ese sitio, escapando de, una muy posible, muerte por golpear a gente equivocada. Bufo mientras se adentraba más al sitio ¿Quién le mandaba a ese tipo decirle propiedad? O siquiera dirigirle esa vista de superioridad, solo le demostró que él no era de nadie y nadie lo miraba por arriba del hombro. Si pudiera regresar a su antiguo país que diferente serían las cosas, supuso que los amigos de sus padres, sus tíos postizos, aún tenían a resguardo la fortuna cuando la muerte de sus padres se supo, no era difícil saberlo, ningún empresario exitoso que iba entrar a las grandes ligas de los negocios desaparecía de la nada y con toda la familia, quizá lo pensarían muerto o tendrían esperanza de ver a alguien con vida, él aún estaba en ese mundo pero en lo único que pensaba era en venganza, no le importaba el dinero.

Con su mente vagando no se dio cuenta de que se alejó del camino señalado, ahora las flores lo rodeaban más, suspiro esperando orientarse necesitaba la salida pero ya. Sin embargo entre las olorosas cosas vivaces que eran las flores noto una cola, paso de largo sin prestar tanta atención primero antes de pararse en seco ¿De dónde rayos salió esa cola? Como siempre la curiosidad gano y aparto algunas ramas para ver a un… chico, si era un chico mitad gato, pero chico al fin y al cabo, si le preguntaran diría que lo veía muy joven como para estar vagando por allí solo. De los gatos que había conocido antes la mayoría eran mimosos y lindos y no aguantaban mucho tiempo en el mercado negro; para que engañar, Drew siempre tuvo la debilidad por ayudar más los de ese tipo que a los demás ¿En qué iba a ayudar a otro dragón o algún demonio? Vamos que pocas veces razas “lindas y amorosas” caía en el agujero de mala muerte donde antes estaba.

Dejando de lado su apego a los mininos que no aceptaría en ese momento, se vio más intrigado por aquel ser, ladeo un poco la cabeza antes de hablar, inspeccionando de arriba abajo a aquel gato. – Si duermes en un sitio así te podrían atacar… -  “como por ejemplo yo”, pero aquello era imposible por muchas cosas, no atacaba inocentes y no atacaba animales, odiaba a la mayoría de las personas pero la cola y orejas presentes en el ajeno eran suficientes para desviar la atención de Drew. Se acercó más al chico, hasta que se sentó frente al otro sin más, si iba a estar allí mejor que fuera acompañado.

¿Vergüenza? Esa palabra no existía en su diccionario, además el daño más grande que le haría un gatos ería rasguñar, y de rasguños a rasguños los suyos dolían más. – Eres el único gato que he visto con ese color de cabello – También estaba el factor de que no se callaba las cosas, aunque no dudo que su pelo morado no resaltara al igual que el albino, aunque en sus escamas en su forma de dragón tiraban más a un negro como el de su padre que a un azulino como el de su madre.
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Dom Abr 24, 2016 10:15 pm

Y entonces fue cuando se percató de aquel olor peculiar. Con esto no quiero decir que Naaier tuviese una brillante y futura carrera como un gato-policía o el gato de un investigador privado, sino que tan acostumbrado estaba a esa armonía de los sentidos que el mínimo cambio servía para sacarlo de su pseudo-trance-éxtasis-euforia. Aunque aún estaba un poco atontado por su siestecita, por lo que sus orejas se movían y se movían intentando encontrar la fuente del sonido.

Mientras se incorporaba, detectó que este venía de uno de los matorrales cercanos, uno bastante alto que daba buena sombra en los calurosos días de verano en los que se echaba la siesta en el mismo lugar. Unas manos apartaban las ramas del arbusto, dejando ver detrás de este a un hombre de ojos curiosos (no en cuanto a su actitud, sino la impresión que le causaban a Naaier, aunque él mismo tenía unos ojos curiosos) y cabello de un color morado oscurito, lo que le recordaba un poco a sí mismo.

Las orejas del minino se quedaron quietas, y su cola se erizó un tanto. Estaba arrodillado, dándole la espalda al chico y con la cabeza girada y con una expresión de atontamiento y confusión decorándole las facciones. El hombre ladeó la cabeza y habló, advirtiéndole de que alguien podría atacarle en un sitio así. Claro, Naaier no sintió la suave amenaza escondida en sus palabras, y acabó sonriendo un tanto juguetón. Pese a haber sido despertado tan repentinamente, aún se encontraba de buen humor, por eso de las dieciocho horas ya dormidas.

Pero nadie viene por aquí —dijo, y se giró en dirección al hombre—. Al menos, nadie venía por aquí hasta hace unos minutos. ¿Vas a atacarme? —preguntó con un tono dulce e inoncentón en la voz, que no reflejaba necesariamente todo lo que se le pasaba por la cabeza al minino.

No, no iba a atacarle. De momento, parecía contentarse con mirarle curioso, y al minino no le molestaba que le mirasen. Lentamente iba acercándose más a Naaier hasta acabar sentándose frente a él. Se quedaron los dos en silencio, como si cada uno estuviese evaluando en aquel momento al contrario. La cola de Naaier se movía lentamente de un lado a otro, suave y elegante y fluida como un riachuelo estival. Al final, el hombre volvió a hablar, diciendo que nunca antes había visto a un gato con un pelo como el suyo, ¡y cuánto alegró esto a Naaier! ¡Tanto le gustaba que le dijesen cosas bonitas y piropos! Alguien podría pensar que, si la felicidad pudiese ser cuantificada, claramente tendría un límite. Y claro, Naaier era la excepción a esa hipotética norma.

¡Yo tampoco! —añadió alegre después del hombre, y es verdad: había visto muchos gatos a lo largo de su vida, y también muchas más clases de criaturas, y ciertamente habían sido pocas las que había visto con un color de pelo parecido al suyo. ¿Gatos? No había visto ninguno así. Soltó una risita antes de continuar hablando—. Tú también tienes un pelo poco común para... bueno, no sé qué eres. Tampoco quién eres. ¿Quién eres? Yo soy Naaier —concluyó con un sonido que bien podría interpretarse como medio maullido
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Mar Jun 07, 2016 11:52 pm

Intentaba no derretirse de amor en ese instante… no le pegaban las cosas tiernas, no era por parecer un imponente dragón, ni remotamente cerca, era solo que no sabía cómo tratar con ellas, como ahora no sabía cómo reaccionar a la cara de adormilado que ponía el gato ¡Que era incluso igual de inocente que Eigil! O al menos lo aparentaba muy bien, lo que fuera en ese momento le causaba un conflicto interno, por un lado no se tenía que fiar de lo que fuese el chico, quizá podía ser un sicario (su imaginación fluía de manera muy extraña con extraños) o no pasaba de ser un lindo gatito mimoso (aunque no encasillara la mayoría de gatos que conocía eran de ese tipo), en cambio el otro lado solo le decía que jalara aquellas mejillas y despeinara al chico, los felinos, sin importar ser grandes gatos o pequeños eran una clara debilidad en el dragón.

No respondió la pregunta, no vio el motivo, de quererlo atacar lo hubiera hecho cuando el otro estaba más vulnerable, su mirada paso de aquella melena a la cola que se movía de un lado a otro ¿Sería igual de suave como se veía? Vamos que no solo quería tocar la cola, las orejas también eran un punto a atacar o si el otro se convirtiera en gato lo mimaría mucho, le rascaría la cabeza y, aunque quizá el contrario lo odiaría, lo llenaría de caricias, pero debería mantener sus acciones en un límite si no el otro seguramente se aprovecha de él, no era ingenuo pero si amante de los animales. Sonrió ante la contestación ajena, iba por buen camino según el tono de voz ajeno, si jugaba bien sus cartas quizá lo dejaría acariciarlo ¿Ya se mencionó el apego que tiene por los animales? ¡Que eran de sus cosas favoritas! Y con la curiosidad que se cargaba siempre, bueno encontrar a un gato albino cuando quería olvidarse de algo era la perfecta combinación para dejar al chico perdido en sus no tan profundos deseos de mimar algo, algo peludo y lindo.

Rio un poco ante la mención de su pelo, sí que era extraño y muchos le habían dicho que lo más seguro es que era tintado ¿Cómo se tintaba el pelo encerrado?, esa era siempre su respuesta, aunque claro en esa ocasión no sería así. – Mi nombre es Drew, es un gusto Naaier – Sonrió mientras se retiraba la gabardina, hizo una mueca mientras de su espalda salían un par de alas escamosas, también podía hacer crecer sus cuernos y cola pero no quería parecer un pseudo-demonio, sabía que aún muchos veían los cuernos, alas y cola afiliados a los demonios, nada más despegado de la realidad, es decir era una forma estrafalaria a su ver. Aleteo un par de veces, las flores de alrededor se movieron con la brisa causada, de nuevo el olor inundo sus fosas nasales pero ya estaba acostumbrándose a este, aun así arrugo un poco la nariz. Apunto a una de sus alas. – Soy un dragón, creo que lo conocen como de tipo occidental – Claro que por la forma de su cuerpo, a pesar de tener en su sangre origen oriental dudaba que su ancestro tuviera aquella forma larga como el de una serpiente, no despreciaba aquella forma pero si ya en ese momento se decía que era una especie de reptil mutado.

Agito las alas por un par de segundos, suficiente fuerte como para desprender algunos pétalos de las flores, atrapo uno de estos con su mano y dirigió su mirada al chico. – ¿Qué hace un gato tan lindo por aquí solo? ¿No deberías estas con alguien?
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Vie Jun 10, 2016 1:00 pm

El desconocido estaba sonriendo suavemente, y parecía distraído, como si la mayor parte de su atención estuviese centrada en algo aparte de la conversación. Naaier no le prestó mucha atención a esto, sentado tranquilamente, su cola erguida, moviéndose como una cobra que amenazaba y que estaba a punto de clavar sus colmillos en su presa; sus orejas orientadas hacia aquel hombre misterioso, pero que parecía majo. Después que Naaier le dijese que él también tenía un pelo curioso, el hombre se rió y se presentó.

Al parecer, se llamaba Drew.

¡En-can-ta-do! —respondió Naaier, ladeando la cabeza sonriente.

De pronto, Drew comenzó a quitarse la gabardina. A Naaier le parecía un poco raro que la hubiese llevado puesta todo ese tiempo, y más teniendo en cuenta el calorcillo agradable que hacía en el invernadero. Quizá fuese muy, muy friolero, mucho más que el gatito. Naaier se quedó mirándolo en silencio, preguntándose qué iba a hacer.

Y, de pronto, ¡bum! Drew puso una mueca, y de la nada parecieron brotar dos alas escamosas, y esto hizo que Naaier casi diese un brinco. Comunicando su sorpresa, sus ojos se abrieron como platos, sus orejas se alzaron y su cola se erizó y se quedó quieta. Los instintos animales de Naaier estaban sopesando si aquel hombre era una amenaza, pese a que su parte racional estuviese segura de que no iba a hacerle daño. Después del miedo y el desconcierto, la curiosidad comenzó a apoderarse de la mente del gatito. Casi gateando, iba acercándose lentamente al hombre, la cola aún erizada y sus sentidos aún alerta ante cualquier movimiento inesperado que Drew pudiese hacer. Había entornado los ojillos, dándole a su rostro una expresión dubitativa poco común en él.

Y Drew aleteó, provocando una alegre brisa, y provocando también que Naaier se quedase quieto como una estatua. Explicó que era un dragón, uno occidental. Naaier no tenía muy claro qué tenía que ver lo de occidental con ser un dragón, así que supuso que sería algo así como que había gatos siameses, gatos de Bengala... Volvió a aletear, esta vez más fuerte que la vez anterior. A Naaier no le hacía mucha gracia todo este aleteo repentino, así que retrocedió y volvió a colocarse donde estaba antes. Hasta hace poco, los únicos seres vivos que había visto con alas eran los pájaros. ¡Y cuánto le divertía a Naaier perseguirlos como el cazador que le hizo la Madre Naturaleza!

Le preguntó, entonces, qué hacía un gato tan lindo como él solo. Sonrió, saliendo de su estado de desconfianza ante el ser alado, por el piropo (claro, Naaier sabía que era un gato muy lindo, no se cansaba de decírselo su difunto amo).

Pues —alargó la e un segundo o dos— estaba durmiendo. ¿A que este es un lugar perfecto para una siesta? Hace calorcillo, hay muchas plantas que huelen bien... hay hierba gatuna... —y esto último lo dijo a voz más baja, como si fuese algo confidencial. Luego, se rió.

Tras eso, le preguntó si no debía estar con alguien. Ignorando lo que implicaba esa pregunta, soltó un suspiro más melodramático de lo que debería haber sonado y se tumbó lánguidamente sobre la hierba, boca arriba, antes de responder.

Sí, debería, pero no puedo estar con él —se quejó. El hecho de que él estuviese muerto hacía que todo este asunto de estar juntos fuese un pelín complicado. Sin embargo, Naaier lo había superado. Sí, claro, aún lo echaba de menos y detestaba que la gente le pusiese apelativos como gatito o minino, peeeeeero no se pasaba todas las horas no dormidas llorando. Antes, cuando estaba triste, ¡había veces que solo dormía ocho horas! ¡Ocho! ¿Os lo imagináis? ¡Qué mal se había sentido Naaier para dormir tan poco! —. Pero no importa, eso no me impide que disfrute de mi vida, ¿no? —a fin de cuentas, Naaier era un gatito alegre. Nada le impedía soltar una risita cuando algo le parecía divertido, como en aquel momento— ¿Y tú, Drew? ¿Qué haces por aquí? Nadie viene por aquí.
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Dom Jul 03, 2016 5:50 pm

El ver la cara Naaier le causo gracia, no pensó que su aleteo le molestara tanto al minino, aunque si lo aceptaba a veces revuelo causado por sus alas no era el mejor. Para no poner al chico más arisco o ahuyentarlo, lo que pasara por su mente, pego sus alas a su espalda, seguían sobresaliendo un poco por su cabeza y costados pero solo unos cuantos centímetros, se quedaron en su sitio, como si las hubiera amarrado a su espalda, no así lo hizo la cola que danzaba al ritmo de la ajena, de un lado a otro moviendo parte de las ramas y las flores, aunque ese reflejo era más involuntario que nada, no estaba acostumbrado a ver a otros moviendo alguna extremidad, menos la cola y él tampoco era de los que hacían mucho en su forma original, si le preguntaban cómo era la única respuesta sería una lagartija enorme que se tiraba en cualquier lado para dormir.

La mente le dejo de divagar cuando escucho la respuesta ajena, le daba parte de la razón, porque el detestaba el calor, si pudiera estaría nadando en ese momento en una piscina helada o siendo más realista tirado bajo algún árbol en algún bosque, durmiendo hasta entrada la noche, solo despertando para comer, no le pedía mucho a la vida (quizá lo único complicado era la lista de nombres que deseaba). La respuesta solo puso a trabajar más a su mente ¿No podía? ¿Habría salido? En el peor de los casos, lo que siempre venía a su mente primero, era que el ser murió, entonces ni aunque en verdad lo deseara. Hizo otra mueca, una sonrisa de medio lado, le agradaba la forma de pensar de aquel ser. – No lo impide, muy cierto – Su sonrisa se ensancho, igual no le iba a contar al chico la espinita que cargaba.

Dudo por un momento si decirle la verdad o no, nada perdía con ambas cosas, pero le pareció un chico inocente (al menos en cara) por lo que decidió contar la verdad. – Solo escapaba de la vida… algunas veces es aburrida la rutina – No mentía, en parte sí que escapaba de la rutina, parecía ya parte de su día a día sacara a Spade de sus casillas y terminar armando alboroto, drama en los días más turbulentos. – Golpee a un sujeto que me insulto, el tipo se puso furioso y le riño a… – Calló por un segundo, la palabra le seguía sentando terrible, era aún complicado decirle de esa forma, desde luego era por chocar con su personalidad y la propia naturaleza de su dragón, le gritaba que él debía mandar, no ser mandado, no ser llamado esclavo y mucho menos rendirse ante las peticiones de otro. Muchas veces se preguntaba cómo sus padres había llevado una buena relación, aunque lo suyo era muy diferente, ambos eran lo mismo, jugando a un estira-afloja; pero aquello no venía al caso, de nuevo estaba divagando. – Al tipo que me compro, parece que como soy de su “propiedad” él tiene que responder, lo que es una reverenda estupidez – Y comenzó a maldecir a aquel sujeto en ruso, su voz era como susurros, mascullando por lo bajo toda blasfemia que se supiera, si allí iba alguna maldición efectiva que mejor.

Suspiro para alejar todo eso de su cabeza, froto su frente para deshacer el ceño fruncido, no quería espantar al chico de enfrente y quedarse solo, no le apetecía cuando estaba rodeado de flores, demasiado colorido para su gusto. – No me gusta meterme en problemas – No muy a menudo al menos. – Pero no permitiré que me llamen “cosa” u “objeto” de alguien más, solo yo me pertenezco – Su punto de vista era claro, odiaba pertenecerle a alguien, mucho más si se trataba de un amo, aunque su visión de estos no fuera más que a seres despreciables, exceptuando a Spade, Spade era un sujeto molesto solamente. Si bien no había tenido mucho contacto con los que relacionarse de alguna manera le parecían repugnantes, eso sumado a lo que su madre le contaba no le tomaba buen sabor de boca cada vez que pensaba en uno.

Mejor alejar la mente de ese tema. – Es un sitio tranquilo, muy bueno para alejarse de las personas – Sus palabras se centraron de nuevo en el lugar, por ¿Cuántas veces llevaba ya recorriendo el sitio? Las que fueran, lo estaba volviendo a hacer. – ¿Lo conoces bien? Hay una planta que me ha llamado la atención desde hace tiempo, pero no sé si este por aquí, se llama Ajenjo… creo que también le dicen hierba santa – Esperaba que Naaier supiera de ella.
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Lun Jul 04, 2016 1:30 am

Le gustaba ver a la gente sonreír, y ver sonreír al dragón no era una excepción. Ante su última pregunta, Drew le dijo que había venido al invernadero para escapar de la vida, porque le aburría la rutina... y, a los oídos de Naaier, esa era una excusa tan buena como cualquiera para dejarse caer por el lugar. Siguió tumbado bocarriba, disfrutando de la luz del sol y del calorcito, mientras le escuchaba hablar sobre sus problemas. Quizá pareciese un tanto insensible al dolor ajeno, pero no lo estaba haciendo por ser mala persona. Lo prometo.

Le contaba Drew que había pegado a uno que le había insultado, y luego el tipo le gritó a otro tipo que le compró, y... ¿el dragón era un esclavo? Naaier abrió los ojos y le miró, aún sonriente. Naaier también había sido un esclavo hace tiempo, pero su relación con su amo parecía ser mejor que la que tenía el dragón con el suyo. La naturaleza más pasiva del gato (y el hecho de que, mientras lo dejen dormir, es feliz) había ayudado a que su relación fuese más cordial (también el hecho de que, una vez despierto, era un gatito salvaje y juguetón).

Cuando Drew comenzó a hablar en algún idioma que no entendía, Naaier se incorporó. No entendía muy bien qué es lo que decía, porque hablaba en voz baja, un tanto rápido y en un idioma que le sonaba a chino por sonarle a algún idioma del mundo. Se pasó una mano por el pelo, aún mirándolo con los ojos bien abiertos y un tanto desconcertado.

¿Estás bien? —preguntó Naaier, que, además de estar desconcertado, estaba un pelín preocupado.

Drew suspiró y le dijo que no le gustaba meterse en problemas, pero que tampoco le gustaba pertenecer a otra persona. Cambió de tema; le preguntó a Naaier si conocía una planta llamada «ajenjo», a lo que Naaier rió.

¡Me hace gracia el nombre de la planta! —comentó, mientras se incorporaba—. No la conozco, pero seguro que la habré olisqueado por aquí...

Naaier se puso de pie, alisando las arrugas de su ropa, tras lo que le tomó la mano a Drew y tiró de ella, intentando que el dragón se levantase él también.

¡Venga, Drew, vamos a buscarla!

Tras unos cuantos tirones, decidió que ese no era el mejor método para conseguir que se levantase (pesaba demasiado como para cargar con él, no era un gatito excesivamente fuerte), por lo que se puso a corretear, saltando sobre un arbusto bastante alto y haciendo alarde de su agilidad y su... gatilidad, o algo así.

¡Ven, sígueme! —le dijo a Drew, mientras se ponía a corretear en la primera dirección que pilló, mientras estaba atento a las plantas, buscando alguna que tuviese pinta de ajenjo u olor de ajenjo, aunque no tenía ni idea de cómo olía ni de como era el ajenjo. Esperaba que Drew sí lo supiese, porque si no... no la encontrarían, ¡pero al menos se lo pasarían bien!

A fin de cuentas, eso era lo importante.
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Jue Jul 07, 2016 8:03 pm

Nunca pensó que aquel chico pudiera preocuparse por un extraño, se contuvo de reír por aquel gesto, ambos sin duda alguna, eran muy diferentes, y no solo en físico. Regresando al tema que le concernía en el momento, el mismo que saco para olvidar todo aquello que le molestaba, no se sorprendió mucho de que desconociera la planta, él mismo desconocía la planta en persona, solo alguna vez la había visto en libros, poniendo su atención en ella por el llano motivo de poder usarse como veneno, además de que no era venenosa completamente, solo si se sabía cómo usar, también fungía de planta medicinal y por increíble que le pareciera (si a él, nadie más sabía de sus intenciones) buscaba la planta con fin medicinal no para matar a alguien, para eso ya tendría tiempo después.

Por estar tan metido en su mundo, como le sucedía muy a menudo ahora, su cuerpo era un peso muerto. Se vio salir de su mente ante los tirones, una sonrisa de medio lado se posó en su cara, estaba seguro que Naaeir no podría con él ni a rastras, no es que fuera muy pesado pero el chico tampoco se veía muy fuerte, menos iba a poder con él con esa cola y las alas que le sumaban los kilos que le faltaban en músculos. Opto por seguir al albino, de quedarse allí se asaria, casi literalmente; mas no andaría por allí, correteando como un crio con lo estorboso que tenía en la espalda, sus alas se esfumaron al igual que la cola, más rápido de lo que habían salido, sin embargo su camisa estaba hecha jirones en la espalda, no es como si tuviera agujeros diseñados para sus alas y tampoco como que estas traspasaran su ropa, pero poco le importo.

Salto en su lugar al ver al chico desaparecer entre lo verde, le causo gracia el cómo se movía, tan sigiloso como un gato él hubiera deseado tener eso de nacimiento, cosa que no fue así, si podía imitarlo (y en pocas cosas seguro) había sido por entrenar, dudaba mucho, aun con su cuerpo humano, saltar y caer con tal gracia, él era más bien brusco, hacía poco ruido pero eso no le quitaba lo burdo de algunos movimientos. – Te sigo – Tardo más en pronunciar aquellas palabras que en hacerlas, corrió un poco y salto en dirección a la que el minino se había ido, las cosas allí no le permitían hacer mucho, necesitaba apoyarse en algo para desplazarse con menos brusquedad, pero dudaba que pudiera colgarse de algo allí, solo había plantas, frágiles plantas que serían machacadas en sus manos de tomarlas con fuerza.

Después de un rato pensó que seguir ciegamente al albino no era buena opción, que conociera el sitio era una cosa, no le vio sentido a caminar por todo el lugar sin saber muy bien que estaban buscando, había un montón de plantas que le sonaban. – Naaeir espera un poco – Detuvo al minino sujetándolo por el hombro, recordando como lucia la plata que buscaban, la imagen que había visto solo eran hojas verdes y parecía una planta cualquiera, tenía cosas amarillas también o eso pensó, había pasado tanto tiempo. – Buscamos algo verde – Bien eso no era una gran pista en ese sitio. – Creo que tiene  pequeñas flores amarillas y parece un arbusto raro…  – No estaba tan seguro del último punto pero era mejor que nada, la única imagen que había visto en el libro no ayudaba de mucho, tampoco saber a qué olía y donde se daba, en ese tiempo lo único que le intereso al chico fue lo de veneno y medicinal ¿Quién lo podía culpar? Era un niño en ese tiempo (bueno no tan niño).

Soltó un suspiro, revolviéndose en el pelo en signo de frustración, maldita la hora en que no leyó completa aquella hoja. – Supongo que solo tenemos que buscar plantas con flores amarillas pequeñas – Murmuro, al menos de todo aquello saldría una distracción. – ¿Qué te parece si quien la encuentre primero invita a comer al otro? – Porque claro que acabando la búsqueda seguro tendrían hambre, al menos de parte del dragón, no era desconocido para él mismo que era un glotón de dulces.
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

Mensaje por Invitado el Dom Jul 24, 2016 12:14 pm

Tras unos cuantos minutos de andar y mirar las plantas y pararse a olisquear algunas de ellas, Drew pareció tener una idea mejor, ante lo que le dijo al minino que esperase, tomándole del hombro para pararle los pies. Naaier se dio la vuelta para observarlo, y vio que sus alas y su cola habían disparado, en parte alegrándose (no le gustaba demasiado el viento que provocaba su aletear). El dragón occidental le explicó que lo que buscaban era un arbustillo raro de pequeñas flores amarillas. Oh, y es verde.

Eso no ayuda mucho... —comentó el gato ladeando suavemente. Fácilmente se le ocurrían cinco o seis plantas que había visto por el lugar, y tampoco tenía ganas de recorrerse el invernadero de punta a punta y de lado a lado. Y, sin embargo... ¡quería ayudar a su amigo!—. ¡Pero no te preocupes! Seguro la encontramos —y acabó con una sonrisa.

Luego, Drew dijo que el que encontrase la planta primero invitaría a comer al otro...

¿No sería al revés? —y se rió suavemente—. ¡Da igual, voy a encontrar el aju... ajo...como se llame primero!

Dicho esto, se echó a corretear hacia los lugares en los que había visto alguna planta antes de que a Drew le diese tiempo de decirle algo. Al gatito le gustaba mucho corretear por donde sea, y subirse a árboles, y estar rodeado de plantas...

Hablando de subirse de árboles, eso hizo: escaló uno para tener un mejor punto de vista, intentando detectar desde la altura y la lejanía los arbustos raros verdes con florecillas amarillas. Se quedó ahí varios instantes antes de bajar del árbol e ir a inspeccionar los lugares en los que recordaba que había plantas de aquellas características.

Cómo no, fue hasta el primero de esos lugares correteando alegre, y, tras unos segundos de búsqueda, encontró el arbustito verde con florecillas amarillas que recordaba. Se acercó a olfatearlo, y no supo si por el polen o porque se le metió un pétalo en la nariz o por qué motivo, soltó un estornudo. La flor tenía un olor raro.

Se levantó, frotándose la nariz, y avisó a Drew de su descubrimiento.

¡Drew! ¡He encontrado una plata como la que buscas! ¡Huele rara! 
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Re: ¡Florecillas! {Priv. Drew A. Kähler}

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