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Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

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Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

Mensaje por Invitado el Jue Oct 29, 2015 11:15 pm

Típico olor a naftalina. Tan clásico como ese monótono golpeteo del segundero del reloj que reinaba como el objeto más alto puesto en aquel cubículo de aquella… Formal consulta. Un hombre en pantalón y camisa color crema, delante de un escritorio que ostentaba un cenicero, un plato con curiosos dulces, panfletos de propaganda de remedios, y cual corona a su rey, un hombre en despampanante bata blanca. Un hombre de tez negra y gran silueta.

- … Es algo que deberías considerar, Ian. Ya pudiste cambiar de residencia. El resto, es algo que considero necesario para tu salud.
- Vamos. No sería mejor contratar a un empleado del hogar como cualquier otra persona normal?
- De cierta manera. De no ser porque, claro… No estamos hablando de una persona normal. Esto es necesario, Ian. No puedes llevar una vida normal. Un empleado del hogar cualquiera no estaría realmente capacitado para lidiar con estos…. “Arranques”.  –

Este hombre de faz bondadosa era Cody Brendan, el psiquiatra de cabecera. Medicina, Universidad de Colorado, doctorado al día, inscrito en el voluntariato militar para atender a pacientes con traumas de guerra. Se conocieron en un lugar que prefiero no recordar. No se volvieron a ver sino hasta que en la milicia le relevaron del cargo. Puesto bajo la observación psicológica de Cody, ahora el hombre, dígase yo, Ian Rayleigh Sullivan, escuchaba una sugerencia que se podía tomar como la prescripción del doctor… Un poco fuera de lo común. Por no decir-

- Está de más decir que esto  es ilegal, doc. Me está proponiendo violar una ley común e internacionalmente aceptada.
- Lo sé. Es por eso que te has mudado al único sitio del mundo donde tal norma no existe. Vamos, no es cosa de decirles “esclavos”, si es que tantos escrúpulos te da.

Ciertamente podía parecer el hombre más bonachón del planeta, pero de escrúpulos y cosas turbias él parecía tener una agenda muy nutrida. Me sorprende el hecho de que su título y doctorado sean completamente legales. Este hombre puede ser bueno, pero a decir verdad, diría que es de los que usan la línea de lo lícito y lo ilícito para tender la ropa al sol. Si no fuese porque por lo menos el hombre tenía el carisma suficiente, habría subido hasta la corte marcial para hacerles saber de plomo y quejas al respecto. Pero no importa. Son mis superiores. Saben lo que hacen y confié ciegamente en su decisión. Y a esta altura no creo que cambie de la consulta de Cody. A pesar de que quizá sea la última vez que le vea. Luego de todo, abandonar tu pequeño rancho e incluso tu país para iniciar tu retiro tiene sus consecuencias. Quizá le eche una visita alguna vez. Quizá no.

-… De no ser por lo que me has mostrado, te hubiese tomado por un loco. Seres que sólo existen en programas para niños. No me lo creería hasta que los vea cara a cara. –
- No son tan cómo te los estás pintando, Ian mi chico. Pero procura de que sea un esclavo con las particularidades que te escribí. Será lo suficientemente resistente como para seguir tu forma de vida. Oh, por supuesto. Tengo más dosis por aquí. En ese lugar podrás comprarlas en farmacias según receta. Se provisionan bien. Te enviaré recetas firmadas cada cierto tiempo.

El hombre me alcanzó dos frascos blancos y dos papeletas. Una de ellas debía de ser receta para otra dosis de mis fármacos. La otra… Esta aberrante “Prescripción Médica para un Esclavo de Sakurai City”. Quién demonios se tragaría una charada tan absurda como una receta de un doctor para comprar un esclavo. No tenía sentido en lo absoluto. Para nada. Y claramente no iba a presentar esta ridiculez bajo ningún contexto en ningún sitio.

- Si, ya. Lo pensaré. No es mentira que ya estoy necesitando que alguien que me ayude con las labores. Y que no termine en demandas judiciales o renuncias a la semana.
- Con esta situación, ni lo uno ni lo otro. Ya, hombre. Que tengo otro paciente esperando.
- … Nos volveremos a ver?
- Bromeas? Por algo tengo referencias de ese lugar. Hago consultas una clínica de allá en verano.

Supongo que librarme de la estridente sonrisa de Brendan era mucho pedir, aunque de cierta forma le echaría de menos.

De vuelta en el nuevo hogar en esta ciudad desconocida para mi persona –No considero relevante el describir mis aposentos de momento, basta con recalcar que al menos se vive de forma cómoda como un clase-media corriente– el itinerario fue el más evidente. Luego de colarme un par de pastillas, tomé la prescripción absurda y la leí. Aparte de la ceja arqueada, consideré bastante acertado lo que estaba escrito. Además de indicaciones de dónde tenía que ir. El maldito zorro con bata nunca me dijo que era un mercado negro. Y con razón: De haber sabido que iba a ser in lugar de tan mala gesta, ni siquiera me hubiese molestado en comprar una residencia en esta ciudad, pero ya estoy instalado y metido en este asunto hasta la cabeza. Estupidez mía por no leer la prescripción antes de volver aquí.

Luciendo mi mejor saco y camisa, y con mi arma de mano al cinto, di vuelta al seguro de la llave de la puerta principal, y me fui a pie. Lamentablemente, mi condición no me permite conducir un vehículo, menos siquiera montarme en uno. Las imágenes violentas de objetos pasar nublan mi percepción, por decirlo de forma decorosa. Si podía usar vehículos de tracción lenta, como bicicletas o trailers eléctricos, pero mientras no había tenido tiempo de comprar una de las primeras aquí, consideraba que lo segundo era un gasto innecesario.

Llegado al lugar –Desayuno de por medio, un emparedado y un cortado comprados en cafetería– descrito por la papeleta eventualmente dejada en casa, mis sentidos comenzaron a traicionarme. O tal vez esos sonidos de metralla sí eran reales. Quizá los gritos descarnados no. O tal vez sí. Era un mercado negro, cuna de la ilegalidad, donde todo podía ser posible, incluso cosas peores que asesinatos por ajustes o encargo. Y yo estaba seguro de haberme tomado mis tranquilizantes al salir.

Un par de preguntas me llevaron a la tienda, eventualmente. Un lugar extraño donde los barrotes y las pieles mugrosas abundaban, con retratos de personas por aquí y por allá. Quizá el vendedor me estaba observando, no es por darme aires, pero todos mis conocidos me dicen que lo soldado se me nota en la cara. El rostro inflexible, la mirada cetrina, la cicatriz bajo el lado inferior derecho de la mandíbula, los ojos profundos pero a la vez vacíos, como un pozo seco que ha visto días mejores.

Al acercarme y preguntar, el dependiente, quizá falsamente encantado, me señaló un par de esclavos que coincidían con lo que yo estaba buscando. Hombres recios, fuertes. Lobos salvajes pero de lealtad dudosa. Bellas creaturas salidas de las profundidades. Cosas que jamás hubiese pensado en mi pobre vida de soldado venido de una limitada vida de granjero en una pobre finca, perdida en medio de la nada. Seres celestes. Entes devenidos de más allá del confín galáctico. Las palabras en reiteración del buen Cody, hombre de dudosos cimientos que sin embargo era el pilar de mi cordura y estabilidad, fueron el único asidero para darle fe a tantos seres de los que me relataba el vendedor, antes de pasar todo por una burda broma para sacarme dinero a cualquier precio.

Fue entonces, cuando una personalidad captó mi atención. Un dragón. Un ser arcano, propio de cuentos de hadas. Pero que a esta altura yo ya podría atreverme a creer cualquier cosa. Nada representaba más fuerza que un dragón. Quizá fuese la criada adecuada.  Le pregunté al vendedor sí podía hablarme más de ella.

Nombre: Noir.
Raza: Dragón.
Número: 576.
Ficha: {Noir ID} Wingless Dragon.


De cierta forma, no me costó ya asimilar que estaba por comprar un dragón. Hasta hace unos meses sólo podría haber visto uno de esos ejemplares en un libro de fábulas. Hasta hace unos meses alguien me podría haber dicho "Te voy a comprar un dragón" y me hubiese muerto de risa en su cara antes de pisotear uno de sus pies por la insolencia. Pero ahora esto era un evento peculiar que había surgido y que era en este lugar, al parecer, tan común como levantarse para ir al trabajo. Seres híbridos y otras cosas paseaban campantes por todos lados, e ir en contra de esta lógica me aunaría miradas sospechosas y voces a escondidas.

Observé su perfil. Joven, educada y servil. Era un buen principio. Seguramente se adaptaría con presteza a mi forma de vida. Aún hay cosas del regimiento que no hago a un lado, y que de cierta forma no pretendo hacer a un lado. Tampoco parece ser muy habladora, lo cual me iba bien. Sí, nunca está de más un poco de vida social, pero las personas calladas son sinónimo de mesura, confidencialidad y confiabilidad. Una persona discreta, que seguramente no cuestione, acate órdenes y esté en edad de ser entrenada. Y que tenga la resistencia suficiente para cualquier trato. Era tal y como el médico me había recomendado. No había necesidad de ver por otra persona. Saqué chequera, la crucé, y puse sin miramientos el monto que el hombre me había pedido.

Nombre: Ian R. Sullivan.
Esclavo: Noir.
Domicilio:  St. Milles #317.
Tipo de pago: Cheque.
Firma: I. Ray. S.


Doble línea, vuelta, punto luego de la S. Firma lista. Luego de preguntar por qué era necesario llenar estas cédulas, tanto la de compra como la de esclavo, el hombre simplemente me contestó que era rutina de derechos de propiedad. Total mentira, considerando dónde estaba comprando, pero no tuve otra opción más que creerle y esperar mientras se me entregaba "La mercancía", como el dependiente le llamó. Prefiero no ser tan rudo como para tratarla como un bien. Era un ser pensante luego de todo. El hombre desapareció por detrás de una especie de puerta hecha de madera rasgada y cubierta con una alfombra de piel.

- A fin de cuentas, esto no es como comprar alimento o medicina. Debe ser más parecido a recibir el título de propiedad de una residencia o un auto. -
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Re: Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 06, 2015 5:30 am

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Re: Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

Mensaje por Noir el Lun Nov 09, 2015 1:46 am

Pegó un profundo bostezo, dios, es insano no dormir cómodamente y todavía más si es con humedad incluida, un combo nada conveniente. Vale decir, Noir no tenía más privilegios que los otros esclavos, su celda era como cualquier otra; cuadrada, oscura, estrecha, sucia, con una cama sin cobija, y ya está. No extrañaba sus anteriores aposentos con pequeñas comodidades, ni el sentir los humildes rayos del sol naciente acariciar su joven rostro, lo que extrañaba era el calor del cariño ajeno. La incerteza de cómo estaría su ser más querido le carcomía cada día, le golpeaba la cabeza y volvía horas más tarde, cuando al fin había logrado olvidarse el asunto. Pero la realidad de las cosas es triste, ya poco y nada podía hacer ella, más que vivir a la espera del destinado día en que saldría de esa celda; no por libertad, todo lo contrario, sino más bien para estar a merced de su nuevo destino, de su nueva vida... impuesta por alguien más.

Y así, pues, el destinado día se presentó.

Noir sintió el roce de la llave al pasar ésta por la cerradura de su prisión, al ver que el objeto metálico era sostenido por una fémina humana de unos cincuenta años de edad y tomado pelo azul sospechó que pronto le harían tragar cosas insípidas una vez más. Por milagro, estaba equivocada, muy equivocada. Tras recibir la noticia de que ya tenía un dueño la reacción de la chica correspondió a su sorpresa, sus ojos brillaron en fuego pese a estar aún empapada; que por cierto, aquello es un buen detalle, ¿no? Después de todo, al menos ya no estaría tan sucia a diferencia de muchos otros esclavos que tenían que lidiar con el desaseo. En fin, tanto fue su asombro que apenas notó el camino que recorrieron hasta llegar a la recepción. Ahí, justo ahí, a ella le costó desviar la mirada del que presumía y sería su nuevo amo. — ¿Es un humano? ¿Tal como lo era… es padre? — Fue el primer pensamiento que merodeó por su mente. Luego le acompañó la incertidumbre.

Señor... ¿Ian Rayleigh Sullivan? — La acompañante de Noir sostuvo el fino formulario entre sus esqueléticos dedos. Quien la viera sospecharía que la bruja aquella no trabajaba en aquel lugar, lugar que de pulcro sólo tenía la recepción donde se llevaba a cabo la compra y venta de esclavos ilegales; empero esa mujer, esa astuta y arpía mujer, sí que trabajaba ahí y sabía sobre guardar las apariencias. — Aja, sí, señor, si su vista no le engaña ya habrá notado como funciona esta esclava. Nada del otro mundo, práctica, sencilla, servicial y con ciertas habilidades propias de su raza. ¿Qué más se puede pedir? Es más, ni tiene que preocuparse porque se vaya a escapar volando. — Respiró profundo antes de acercarse al hombre, siempre manteniéndose fina y elegante, mas no coqueta. — Pero déjeme advertirle una cosa. El sujeto... quiero decir, la señorita Noir, pese a no haber presentado cuadros hostiles en su análisis y posterior experimentación, eso no quita que podría rebelársele en cualquier momento. Tenga especial cuidado con ella, no se fíe de lo que dictan estos papeles, es más, cerciórese de siempre tener un recipiente con agua fresca cerca. — Finalmente se acercó a la chica de sangre fría, no sólo con el fin de inclinarse para estar a su altura, sino además para sostener su rostro con apenas dos dedos de la diestra, a lo que la contraria tan sólo desvió la mirada en un gesto de indiferencia. — Pequeña. Tú ya lo sabes, ¿no? Si alguna vez, ya sabes, te sientes perdida o abandonada, ni dudes en volver a este lugar, ¿estamos de acuerdo? El mercado negro, no lo olvides. — Noir asintió con la cabeza, ¿qué más podía hacer, sino? Si intentaba escaparse, si tan sólo pensaba en voltearse contra el sistema de Sakurai, era seguro que pronto la atraparían y aquel destino se repetiría hasta su último aliento. Así era la vida de los esclavos, sobre todo si eran tan sumisos como lo era la dragona. — Está bien, señorita Ross, entiendo. Yo daré todo de mí por llevarme bien con mi nuevo amo. — Concluida esa charla, similar a escuchar a cuan domador y su perro, Rossemery sonrió ladinamente y se retiró, probablemente de vuelta al laboratorio. Extrañaría a la dragona, le había interesado su caso desde que estaba empecinada en desarrollar una droga para la regeneración, pero ahora ya buscaría a otra víctima. ¿Noir? Bueno, ella ahora tenía otras cosas más importantes de las que preocuparse.

Medio que tímida, medio que decidida, dio un paso al frente. Observó al humano, de hecho tenía dudas de si era o no humano. Un demonio tiene cuernos, un ángel un halo dorado y alas, mientras que una sílfide es dueña de una profunda y tierna voz suave; ella sabía cómo eran las otras razas, al menos en aspecto, pero no iba con su personalidad el fiarse de las apariencias, por lo que dio lugar a la duda. Hizo una leve reverencia, un ademán propio de la dragona para con todos los desconocidos. — Buenas... ¿tardes? Lo siento, señor, aún no sé si es de día o de noche. Mi nombre es Noir. — Sus ojos se abrieron un poco más, sentía que algo no encajaba en todo y lo poco que había dicho. — No, espere un segundo. Imagino que mi nombre ya lo debe saber. — Se quedó pensativa mientras le miraba directamente a los ojos, ¿qué debía decir? ¿Cómo debía moverse? ¿Era ya el momento de seguir los consejos de los otros esclavos? Esos sobre mostrarse de un principio servicial, luego enseñar los colmillos y escapar. Siguió dudando de cómo actuar, de hecho tenía un sabor amargo en la boca, pues no sabía si debía tratar al hombre con tanto o más respeto, no sabía si llamarlo amo tampoco. A sus ojos, su nuevo dueño se hacía respetar con la sola presencia. — Yo, uhm, si hay algo en lo que le pueda servir, o hacer por usted, sólo dígalo. No sé si sea de mucha ayuda, pero me esforzaré. Lo prometo. — Aunque repitió lo mismo que a Ross, esa promesa sólo se la hizo a Ian. Puede que al día siguiente estuviera abandonada, en un contenedor de basura o en plena ciudad sin rumbo alguno, pero a ella, justo en esos momentos, aquello no le importó en lo absoluto. — Si quiere que hable un poco sobre algo, lo haré. Si, por el contrario, desea que guarde silencio, también lo haré. Yo ahora soy su... ¿mascota? ¿O prefiere referirse a mí como una esclava? — Alzó una ceja, vaya, realmente no sabía cómo actuar, pero tan sólo espero por la respuesta ajena, ¿quién sabe? Puede que al final le terminase agradando, pese a que le dio la impresión de que Ian era un tipo bastante serio y correcto. La clase de personas a las que por nada del mundo debía mirar en menos.
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Re: Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

Mensaje por Invitado el Miér Dic 30, 2015 12:01 am

Y entonces, luego del recio pago y la firma del cheque, todo se reducía a simplemente sentarse y esperar. Bueno, sentarse no, este local no contaba con butacas decentes. Manos a los bolsillos, ocasionalmente sacar de uno de ellos el Quartz en mi muñeca derecha y hojearlo con desinterés. Como ex-militar, la precisión y puntualidad son cosas que sinceramente, suelo apreciar. A veces incluso exigir.

Entonces, la "mercancía" se presentó. Era hermosa. Su rostro estirado ocultaba un dolor profundo... Yo sólo podía saberlo porque era la clase de miradas que solían decirme que dedicaba a los demás. Rojos ojos, rojo cabello. Contextura delgada pero con una figura bien esculpida. Debía aún de ser joven, quizá apenas rozando la mayoría de edad. O quizá ni eso. Bueno, eso era algo que tendría que leer del expediente el cual el "comerciante" tendría que haría entrega.

Pero bueno. Ahora esta jovencita, la mujer que probablemente sería mi apoyo y ataduras de control por el resto de mi vida, aparecía acompañada de otra persona, probablemente una afiliada a este mercado de empleados a contrata -Si, prefiero denominar esto que hago como un trabajo a contrata por tiempo indefinido, "esclavo" suena demasiado anticuado, demasiado medieval para mi gusto-.

Entonces, lo de usual. Porte erguido. Espalda tensa. Brazo derecho sobre mi frente. Voz de golpe y mando.

- Coronel en retiro Ian Rayleigh Sullivan, señorita Noir. - El hombre mencionó, en un tono tan golpeado como cabría esperar de un ex-marine y símbolo del poder hegemónico del norte del nuevo mundo, a la mujer de cabellos blancos que acompañaba a la joven pelirroja. - Descuide. Mi prescripción así como mi especialidad es en sujetos fuertes. - Mencionaría con rapidez, aún me costaba un poco asimilar la condición "racial" tan peculiar de Noir. - Su individuo está a salvo en mis manos... En cuanto cumpla mis estándares. - Estándares que de momento sólo se basaban en su utilidad de facto o su fuerza... La verdad, no me veía con la facultad de pedir mucho, siendo que los días brillantes de mi vida se habían esfumado hace ya un tiempo.

Entonces, la mujer abandonó el sitio, dejándome a solas con la joven Noir y sus ojos profundos. Respeto me inspiraban, dando fe a su aparente raza. Aunque ciertamente, la idea de un dragón y un soldado de infantería y de división química viviendo juntos en una casa, me parecía ciertamente pintoresco.

- Buenas tardes, Noir. Aún es de tarde, deben de ser alrededor de las 1800. Soy Ian Rayleigh Sullivan. Trátame de Ian, o Mr. Sullivan, o Coronel Sullivan, cual sea tu gusto. - Por supuesto que se tu nombre, lo leí en el catálogo, pero el detalle de presentarse a pesar del conocimiento de ello, me parecía bueno que me diese su nombre personalmente. Daba a entender que era una persona educada, lo cual uno no esperaría de un dragón. - Además de la lealtad, no exigiré mucho de tí, Noir. Sólo ten en mente que ya de vuelta en lo que será tu base, te daré las indicaciones de tu trabajo. Soy alguien que privilegia su confidencialidad, o al menos la prima al estar en sitios clandestinos. - Dicho esto -Si, en frente de los comerciantes, no soy el amo del tacto precisamente- salí a paso firme del sitio, esperando que Noir me siguiese. Le miraba de reojo, y un conjunto de pasos evidentemente nos sacaron del antro.

- Sobre eso... Quiero que no te confundas. - Di la vuelta y la observé, con el pecho inflado, mi porte de soldado en su expresión de usual. - Bajo mi tutela, serás tratada como una ciudadana común. Te asignaré techo, casa, habitación y un sueldo determinado. En cuanto me asegures tu ayuda incondicional, no serás considerada como una esclava por mi persona. Lamentablemente, el asunto de los derechos judiciales no es algo que te pueda otorgar inmediatamente. Pero con el tiempo tal vez pueda conseguir una visa. Bajo mi tutela no hay esclavos, sino subordinados. - Observé con detenimiento a la joven. Parecía muy insegura... Yo por mi parte, no sabría qué tenía que hacer exactamente de no ser que ya tenía mi comportamiento militar prefijado. Ni siquiera sabía si era la forma correcta de dirigirme a ella. Pero bueno, esto de la esclavitud y la falta de libertad eran para mí, una preocupación fuerte.

Luego de todo, yo necesitaba de ella, no había acudido a un sitio clandestino, que contradecía mis principios, por mero gusto. Y si ella me era necesaria, prefería mantenerla con el máximo de disposición posible... Y ciertamente, el tratarla como una esclava podía inducir una merma de su moral. Cosa que yo veo de forma negativa.

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Re: Compañía por Prescripción. [ Compra MN ]

Mensaje por Noir el Dom Ene 03, 2016 10:42 pm

"Estricto, pero es un buen tipo".

La dragona analizó cada movimiento ajeno a los suyos, muchos de ellos le parecieron sacados de algún filme de antaño, y si no eran películas reencarnando los años de guerra, se recordaba esos "programas muy coloridos" que pasaban por la televisión. Un dragón y un militar, ¿qué resultados se podrían esperar? La duda mermo en sus sensaciones, bañándola con un dejo de curiosidad, pero su rostro se mostró tan inexpresivo como cabría de esperarse, incluso cuando abandonó el mercado y dejo que la áspera brisa de Sakurai tocase sus sentidos.

Mirada tan apagada como las cenizas que el fuego deja, si alguna vez hubo una chispa ahí, podría decirse que pisoteada y por las malas ha sido arrebatada. Es extraño, Noir había perdido su todo, su hogar, su humano "padre", incluso su dignidad como una criatura más del mundo; aun así, nunca sintió deseos de extinguir su vida, empero al mismo tiempo jamás sospechó que su condición de esclava podría conocer un fin. ¿Cuál era el significado de todo aquello? ¿Era lo mismo ser una sirvienta o enfermera a ser una mascota? No lograba comprenderlo. — Su... ¿subordinada? — Lo cierto es que, su destino pudo ser peor. Los rumores llegaban con el viento y los chismosos, sobre esclavos violentados y algunos que no duraban más de un par de horas bajo las manos de los amos más desgraciados. Se consideraba a sí misma alguien con una pizca de una inmensa suerte. — Creo que está bien. Será un placer. — " ¿Ha dicho mil ochocientos? ¿Existe esa hora?" No, no y no, Noir no se cuestionaría las palabras del hombre; si él decía que llovía fuego, fuego llovería, si hay 13 horas en un reloj, nada puede ser más verdadero. ¡Tendría muchas cosas que aprender! Y sospechaba que la paciencia no vendría en grandes cantidades, o se adaptaba rápido o terminaba en la calle, lo que primero caiga.

Libre de una sensación de encierro, la fémina nunca se adelantó o fue al lado del joven Ian, temía que fuese a ser corregida, así que se mantuvo a unos cinco pasos de distancia y le siguió por detrás. — Disculpe, seño... quiero decir, Mr. Sulivan, ¿por base se refiere a su hogar? — No dijo más. Tenía muchas preguntas merodeándole por la cabeza, mas como no le dieron el "pase para hablar" -al menos no con palabras claras- pensó y sería lo mejor guardar silencio. De vuelta al mercado negro, siempre que podía hablaba con el o los esclavos que estaban en la celda de al lado o la suya propia, pocos de ellos llegaron a decirle que era toda una fastidiosa por nunca cerrar la boca. — Si las personas no quieren esclavos, ¿por qué van a la tienda o a un mercado? — Eso, en especial, le parecía más raro que todas las cosas anteriores. La ciudad seguiría siendo una ciudad, sin importar qué, entonces, ¿no habría señoritas mucho más serviciales y mejores preparadas que ella? Ella, quien no tenía idea sobre medicamentos o el cuidado del hogar, ella que por puro milagro nunca tuvo un comportamiento muy autoritario o rebelde para los demás. Noir tan sólo era Noir, ¿qué tenía ella que no pudiera tener alguien más? Si al menos hubiese completado su educación...

No es como si pudiera transformarme del todo, si estuviera en peligro no podría salvarle. — Pensó, siempre caminando al mismo ritmo del que sería su liberador, en parte. — Puedo preguntar, ¿por qué yo, de entre tantas esclavas? — Se permitió decir, finalmente. De vuelta a su mente, fue gracias a sus pensamientos que se olvidó de que aún seguía empapada; a esas alturas el agua  ya era tenue, faltaría nada para que se agotase por completo, pero como al fuego, a Noir jamás le agradó la idea de convivir con tan tedioso elemento. Gota a gota, el suelo se iba mojando, llamando la atención de quienes se volteaban a observar.
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