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En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

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En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Dom Abr 27, 2014 2:25 am

Quince días habían transcurrido ya desde el instante en que Evangeline abandonó aquel lúgubre escenario de muerte en la mansión de su víctima, donde hubo conocido a Naomi y puesto en ella una marca que jamás se quitaría. Un ancho y grueso grillete ataba desde esa vez las finas y pálidas muñecas femeninas, manteniéndolas unidas sin importar la distancia que las separase. Pero dicha lejanía no era más que una condena impuesta por el vástago para torturar a su presa rebelde y así amansarla. Aquella de rubias hebras se trataba de un espécimen muy particular, osado y valiente, de ojos atractivos y refulgentes. Sólo necesitaba pulirla adecuadamente y se convertiría en una muy útil persona, provechosa en el peligro de sus misiones y también en la cama. La grata compañía de una señorita con un rostro tan bello sería verdaderamente motivador para un alma solitaria como la de Evangeline; y no es que la habilidad para forjarse relaciones le faltara, pero gracias a su profesión había aprendido a no involucrarse demasiado emocionalmente con nadie ni mucho menos confiar. Sólo una alma que dependiera de la suya como si fuesen una sola... sólo de esa podía fiarse. ¿Sería entretenido? ¿Esa chica le devolvería la gracia a su aburrida rutina? Fuera del trabajo, Eva comenzaba a experimentar cierto vacío pesado. Su Padre raramente estaba y la mansión era excesivamente grande para una mujer sola.

El sol se había perdido en el horizonte y el más temprano anochecer comenzaba a hacerse presente en los suburbios góticos donde se escondía el mercado negro. Lugar rebuscado y nada fácil de hallar era la ubicación de aquel ilegal antro que subsistía en base a sobornos y dinero sucio. Aún así, nada era imposible para Eva, pocas cosas eran capaces de detener a una mujer con su talento y determinación. Una mujer bella es muy peligrosa, pero una mujer inteligente y hermosa puede dominar al mundo con facilidad. Ese tipo de gracias bendecían al ser que ahora marchaba "temprano" en lo que era una agenda vampírica y ansiosa hasta cierto punto de recuperar lo que le pertenecía. Tras experimentar nuevamente el pozo más bajo de la sociedad ¿la actitud de Naomi mermaría? ¿Se comportaría con mayor suspicacia para no recaer de nuevo? Esa chica no sólo debía ser hermosa y fuerte, sino también audaz de pensamientos. Eva no planeaba transformarse en su enemiga o una insignificante ama. Quería sacarle provecho al máximo, exprimirla completamente y para ello la entrenaría, la moldearía con sus propias manos hasta que toda defensa de aquella jovencita se derritiera en sus manos y se le entregase sin tapujos por su voluntad misma.

Los bien conocidos tacones altos que siempre utilizaba decorando su oscuro atuendo resonaron en los suelos de madera especialmente predispuestos para alertar a los empleados del mercado negro; y cuando constataron que esa mujer no era una policía, los guardias que habían aparecido de las sombras para interceptarla, la escoltaron hacia la cámara central de ventas. Eva cruzó un amplio portal que le fue abierto caballerosamente y una incandescente luz proveniente del techo le turbó las pupilas inevitablemente por el contraste con la sala predecesora. Aún así no se detuvo y avanzó hasta el escritorio donde aguardaba el dependiente. No precisaba de un catálogo ni nada similar, ella sabía perfectamente lo que quería.

-Naomi Yurai- pronunció con voz suave aunque nítida y clara.

El sujeto frente a ella, de pocas palabras e incluso menos expresiones, abrió una cajonera y rebuscó entre los expedientes sin decir más que aquella compradora. Cuando finalmente obtuvo el indispensable papeleo para la transacción, depositó los documentos en el mesón y extendió un bolígrafo a la vampira, aguardando a que la misma hiciera su parte.

Nombre: Naomi Yurai
Raza: Ghoul
Número: 437
Ficha: http://sakurai-rolamoesclav.forofenomeno.com/t6669-naomi-nano

Nombre: Evangeline Yamamoto.
Esclavo: Naomi Yurai.
Domicilio: Exiled Manor.
Tipo de pago: Tarjeta.
Firma: Yamamoto E.


Última edición por Evangeline Yamamoto el Lun Jul 07, 2014 2:22 am, editado 1 vez
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Dom Abr 27, 2014 3:58 am

Vendida y Avisada
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 04, 2014 10:20 am

No había tenido oportunidad de escapar, nadie le había dado aquel privilegio y es que antes incluso de poder darse cuenta ya estaba de nuevo entre aquellas mugrientas cuatro paredes que le impedían ver la luz del sol. Aquella maldita se había asegurado de volver a hacerle caer en oscuridad y de rendirle bajo el yugo del desmayo para que aquellos impresentables volvieran a adueñarse de aquella libertad que no saboreaba hacia ya demasiado.
Dos semanas calculaba que habían sido las transcurridas desde ése encuentro que marcó cuerpo y alma de la que bajo una manta de aspecto cochambroso tapiaba poco más de la declarada desnudez . Allí era fácil moneda de cambio, guardar por su futura condena era algo ya conocido, algo del día a día. Sin embargo para ése nuevo amanecer un fatídico presentimiento le hizo saber que aquellos días pacíficos terminarían por darse, nada más lejos de la realidad. El conocido verdugo que solía escoger a dedo las más hermosas de aquellas damiselas la agarró por un brazo sin templanza ni delicadeza, pero famélica y resfriada cómo se encontraba no hizo ademán defensivo. Aquellos muslos que un día fueron rollizos y turgentes ahora mostraban un insano arco que no dejaba que aquellas dos porciones de carne se juntasen entre sí. Temblaba de pies a cabeza y no por el hambre que un humano pudiera sentir, ¡Oh, no! Aquello iba más allá de poder hincar el diente a un trozo húmedo y mohoso de pan.

Sangre. Necesitaba sangre. No la de un mero mundano con pocas defensas... La de un ser superior. Cualquier criatura venida de lo oscuro estaría bien para saciar el vacío infernal que un cuerpo acostumbrado a la sangre otorgada por padre estaba. Un tirón, un empujón y aquella de mirada rabiosa alzó la cabeza para encontrarse con quién fuera que había firmado el documento por ella.
¡Ella! Aquella magnicida de cabellera tan oscura cómo la noche y ojos tan profundos cómo la mismas llamas del condenado infierno estaba ahí, frente a sí, observándole. No. Giró la cabeza en busca de algún otro comprador pero dadas las horas ya nadie más que aquella de altos tazones y los mismos carceleros yacían en el local. Era ella. –¡Tú...!- no disimuló el asombro, la rabia. Aquella febril víctima de la abstinencia sanguinolenta de algún vástago sacudió el brazo para liberarse del que tan amable le condujo hasta su nueva ama y sin dudarlo ni amedrentarse por la diferencia de estaturas (Por culpa de los tacones, claro) se encaró a esa otra pero antes de poder arremeter su espalda fue burdamente aplacada por alguien que hacía el doble de ella, viéndose obligada a retroceder al son de aquel ente.

-¿Cómo me has encontrado?- rugió. No, de todo el que podría haber caído en ése antro... ¿Por qué ella? Se suponía que los suyos estaban buscándole y no deberían tardar en dar con su paradero, a fin de cuentas todos con los que compartió interminables tardes entre libros y libros en busca de cualquier pista sobre aquella familia de alto rango en la raza que debían asegurarse ser los mandamás, tenían altos conocimientos sobre el rastreo así que ellos... Ellos pronto deberían haber asomado la nariz por ahí. ¿Por qué aquella condenada de nuevo le apartaba de la senda? ¿Por qué se empeñaba a aparecer sin más? Volvió a intentar liberación pero aquel robusto personaje no amedrentó el agarre, teniéndola asiada por las axilas y arrimando aquel desnudo cuerpo contra su propio pecho en forma de bloqueo. La encarada hacia la condenada bufó con disgusto cuando procuró avanzar hacia la posición de aquella. –¿Estás riéndote de mi?-

La odiaba. Con todo. No soportaba tan siquiera verla. No sabía por qué sentir aquel repudio por quién se suponía, era su salvadora. ¿Sería su voz? ¿Su cara? ¿Sus manos? Su cuello... La fuera le abandonó una vez más, recordándose del deseo por el vítae. Quizá aquella dama pudiera darle lo que en esa jaula repleta de damiselas en apuros y caballeros dispuestos a poner el culo por quién le tendiera la mano no encontraría jamás.

Poco a poco aquella que se mantuvo en tensión dejó que la fuerza le abandonase en un muy falso intento por parecer más calmada ojos de los que estaban ahí en pleno tramite sobre la compra.
-Srta Yamamoto, su tarjeta.- quién hubo realizado la transacción sobre el intercambio entre el ente humano y los siempre contantes dineros extendió aquella visa oro con una sonrisa de oreja a oreja.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 09, 2014 11:29 am

Aquellos ocelos del más profundo chocolate se fijaron con placer en la figura que había hecho su impactante presentación en escena, acompañada de un grotesco sujeto que la manipulaba como una simple muñeca. Cada pequeño rincón de la figura adyacente fue recorrido con intensidad por las pupilas atentas de Eva, a las que no escaparon ni el menor detalle. La bella ghoul sufría la abstinencia propia de su raza y que el vástago conocía bien; pero se le hacía divertido que incluso en su actual lamentable condición, le guardase el rencor suficiente como para coger energías con la infantil idea de rebelarse. Al parecer aquella esclava todavía contaba con un imperante orgullo impropio de las chicas con su condición social y se aferraba a una libertad que no le correspondía. Extraño... ¿cómo es que habría alimentado un carácter tan revolucionario? ¿Es que alguien había intervenido en el desarrollo de esa elevada autoestima durante su pasado? Lentamente iría removiendo todas las capas que formaban a la rubia hasta desnudarla completamente y aprender con exactitud de qué hilos tirar para orientarla a su gusto.
 
Sonrió ligeramente, sosteniendo la mirada directa a los ojos escarlatas de quien parecía desear fulminarla con los mismos, aunque Eva no dilucidaba la menor preocupación o agitación -Veo que tu carácter no ha mermado a pesar de que tu belleza sí lo ha hecho- pronunció, acercándose con calma hacia quien ahora perjudicaba oralmente. Cuando se ubicó precisamente de frente a la menor, se agachó con levedad y recorrió fugazmente, con entera sutileza el muslo interno derecho de la esclava, perfilándole con la yema de sus dedos, paseando su mano entre aquel lamentable arco de delgadez insana -¿Tanto me has extrañado que hasta el apetito perdiste, Nano?- habló con cierta sorna, sonriendo con encanto y malicia, utilizando aquel apodo que desde entonces quedaría adjudicado a la rebelde: uno masculino, uno carente de sensualidad y estilo, pero propio para la personalidad que lo agenciaba. La retaba, la desafiaba a continuar renegando y odiándole, a querer cambiar sus reglas, a intentar superarla y ganarse así el respeto de quien ahora portaba el status de su ama.
 
Un sutil beso se posó en los labios de quien le había recibido con improperios desde el comienzo, tiñéndolos ligeramente del rojo que maquillaba los sin vida, y tras aquello se enderezó, cogiendo la tarjeta extendida por la empleada con desinterés y guardándola en su destacable escote -¿Me has pensado a menudo? Me sentiría honrada de haber ocupado tu mente gran parte de estos días. Contrariamente a lo que piensas, no me río de ti- dirigió una mano al cabello en mal estado, sucio y pajoso que antaño se había dado a conocer extremadamente sedoso, y lo acarició de manera extraña, reconfortante pero vacía a la vez, como si le faltasen sentimientos para transmitir -Solamente he procurado marcar en ti el sentimiento de pertenencia. Eres mía, Nano, y debes ser consciente en cuerpo y alma de ello- hizo entonces un ademán al gorila para que soltara a su presa y diestra de la inmortal descendió hasta la pálida mejilla de su reciente adquisición, palpándola con índole exploradora, rozando cerca de su boca con el pulgar.
 
El rostro de Evangeline se aproximó peligrosamente al oído de su allegada y acarició con sus labios el lóbulo de su oreja, soplándolo con sutileza y capturándolo un instante con la punta de sus colmillos para pellizcarlo sin llegar a perforar -Yo sé mejor que nadie lo que tu cuerpo necesita para florecer y cómo dártelo de la forma más placentera- lamió la mejilla de su antagonista declarada, dejando su posición susurrante para retomar su erguida postura precisa y formal. Cogió sin permisos la diestra muñeca de Naomi y la alzó a la altura de su comisura, empezando a lamerle la base del dígito índice y subiendo por el mismo pausadamente hasta la yema. Allí se lo introdujo en cavidad y succionó, amasando con su músculo la fina piel y punzando con uno de sus colmillos la tan delicada zona. Presionó y perforó de a poco, lento, muy lento, empezando a beber de la vitae que brotaba casi con anhelo de saltar a su garganta. Delicioso, sublime, ese sabor que no había olvidado ni por un instante, continuaba igual de apetente que el primer día. Un manjar celestial del que no se privaría ni compartiría.
 
-Deberías replantearte tus sentimientos por mí. Odiarme por mera rebeldía será algo de lo que te arrepientas a futuro y busques remediar. La vida eternamente a mi lado, estoy segura que quieres experimentar tal dicha en vez de pudrirte aquí como un perro- persuasiva, seductora, como el mismísimo demonio en perturbadoras faldas y curvas femeninas. El peligroso espiral que las envolvía se había desatado y comenzaría a girar descontroladamente hacia desconocidos rumbos.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 09, 2014 6:55 pm

Aunque ahí presentes se encontraban las dos figuras que estaban siendo testigos del reencuentro entre ambas mujeres, estos no parecían ser más que dos figuras de atrezo sin ningún tipo de emoción hacia la escena acontecida, el hombre no haría más que retener los salvajes impulsos de la recién comprada mientras la mujer únicamente resguardaría con gusto el ticket de la compra de aquella rebelde que, para su suerte, saldría de la tienda por fin. No era una muchacha de fácil trueque, por lo que ser vendida de manera tan dispar fue sin duda, un golpe de buena suerte.
Nano.
Estaba sin duda jugando con ella, explorando sus límites y envolviendo cuidadosamente la zona de peligro que su temperamento pudiera ocasionar. La media al mismo tiempo que la provocaba. La odiaba. –[color:a9ec= yellow]Ni una sola vez.- mentira titánica. –[color:a9ec= yellow]No he pensado en ti más que en mis oraciones nocturnas, esperando con ello que pronto te fueras al infierno del que saliste.- beso recibido pero no respondido, se llevó la muñeca diestra a la zona ahora tintada en carmín para retirarse el mismo con un movimiento rudimentario más visto en hombres que no en una dama.

Más no fue consciente del gesto que esta le dedicaba a su captor antes de que el mismo le hiciera colisionar contra la que aprovechando la situación encarcelaba con boca y dientes un solo dedo de los pertenecientes. Un único párpado descendió mientras cómo un cachorro en pecho de la madre, esta mamaba de la herida que ella misma abrió para disfrutar de gratuito festín. –No te odio por... rebeldía.- bocanada de aire le obligó a detener la oración. –Te odio por ése modo que tienes de mirarme. Por la prepotencia con la que vistes... Por esa seguridad que te acompaña.- a pesar de estar famélica y con las defensas bajo el nivel permitido incluso para estar en pie, movió bruscamente esa mano atrapada para liberarla de esa boca viperina y audaz , llevándose el humedecido dígito a su propia boca con tal de frenar la pequeña hemorragia ahí disgregada. Mala idea. Sangre. Aunque fue la suya propia abrió brecha invisible en su propio síndrome de abstinencia y antes de que ningún presente pudiera reaccionar, la Ghoul se lanzó tras emitir potente gruñido sobre el cuerpo de la otra fémina, arrollándola al suelo.

La larga cabellera de su propietaria se esparció por encima de aquel mugriento terreno pero la carente en todo sentido de algún tipo de feminismo yacía ya envuelta en su propio deseo de la sangre de uno de los de aquella prestigiosa raza y aunque sus dientes no estaban diseñados para sustraer mediante pequeños orificios la comida buscó rasgarle de manera animal, raspando con los incisivos lo delicado de un cuello blanquecino y alargado. Manos humanas buscaron las muñecas de su declarada víctima pero antes de poder terminar la acción aquel cuya única función era controlar a los mugrientos, agarró por el pelo a la que intentaba alimentarse y de un movimiento brusco y seco apartó a la muchacha de quién estaba sirviéndole de manera obligada la cena. La recepcionista, aquella mujer pintada como una puerta pareció escandalizarse y señaló con dedo largo condecorado con una uña postiza a la rebelde –¡Veinte azotes!- el obediente lacayo asintió y de severo empujón llevó a la muchacha a la pared contraria a la de Evangeline, permitiendo a la dama ponerse en pie y recuperarse de tan burdo ataque. La que del dinero se ocupó en aquella transacción llegó entre zancadas torpes debido a los tacones al lado de la morena, fingiendo la más absoluta y abrumadora preocupación.

¡C-cuanto lo lamentamos! ¡Le regalamos otra esclava si lo desea por las molestias ocasionadas! O tal vez un bozal para amaestrar a esta.- el chasquido del cuero sobre la piel no inmuto a la que seguía con la preocupación latente. Un quejido calló los lamentos de la trastienda y el aroma a sangre atestó aquel pequeño recibidor. –¿Quiere curarse la herida?-

La rubia tenía ahora ambas manos sobre pared techada en ladrillo mientras el látigo aplicaba segundo castigo sobre sí. No había podido degustar la sangre de aquella que se las había ingeniado para encontrarla, no obstante, el hecho de haber podido ver su reacción, de haber podido contemplar la sorpresa en su semblante ya valía ése escozor y ardiente dolor. Dígitos ahí postrados se cerraron en dos temblorosos puños. Estaba débil, hambrienta, pero su orgullo era superior a todo eso, su deseo de superación era mucho más de lo que una arma de cuero podía hacer en ella. O eso pensó. Cada nuevo castigo era una nueva forma de morir en vida y hasta el hálito pareció terminarse en sus pulmones en uno de los golpes que le propinó el verdugo.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 11, 2014 1:45 am

-¿No será que más bien te odias tú misma por tu debilidad?- pero aquella desafiante oración de la vampira se difuminó en el aire al ser estampada imprevistamente por la menor contra el suelo. Definitivamente no se había imaginado aquella reacción de la hambrienta, quien ahora intentaba por todos los medios sacarle sangre, a pesar de no contar con colmillos. Bajo, muy bajo había caído esa ghoul tras su encierro prolongado en el mercado negro. Al parecer los planes de Eva marchaban correctamente, aunque hubiese preferido no terminar desparramada en el suelo sucio con su cabellera impecable y su vestido planchado a merced del polvo y bacterias. Sin embargo, aquellos trabajadores del mercado negro se lucieron mucho más alterados y enfurecidos de lo que la propia víctima experimentó.
 
Actuar sin pensar: graso error. En cuanto el vástago se irguió nuevamente, con inútil asistencia de la dependienta que forzosamente se metió en escena, su palma abierta se agitó violentamente contra aquella osada, propinándole sonoro bofetón que la tiró al suelo y le dejó el rostro hinchado y enrojecido en la zona de impacto. Anonadada y acobardada, la que en principio se había mostrado sobradamente cordial e hipócrita, ahora tan sólo atinaba a balbucear incoherencias, mirando con ojos aguados a quien sencillamente un frívolo vistazo dirigió de unos imperceptibles segundos. Sin miramientos abandonó a la agredida y se aproximó con rumbo al tipejo que descaradamente se dedicaba a torturar a Naomi. Justo en el instante en que su robusto y viril brazo masculino se inclinaba hacia atrás con el látigo, la precisa y corajuda mano de la fémina enrolló férreamente su muñeca y se la torció tras la espalda, bloqueándole el movimiento de todo el músculo y haciéndole soltar el arma.
 
-Naomi Yurai es mía desde el instante en que mi firma se plasmó en el papel. Tocar mi propiedad, y más aún, alterarla, es un crimen y pecado que no dejaré pasar nuevamente...- hizo una pausa tras decretar con voz segura y nítida aquella amenaza contra los agresores de su esclava -No necesito a ninguna otra, que les quede claro- confirmó, anteponiéndose entre el verdugo y la pobre jovencita lastimada. Eva miró intensamente las heridas de aquella nívea espalda que asomaban por entre los retazos rotos de ropa y acercando suavemente sus labios, besó y lamió las heridas, sosteniendo a quien parecía que terminaría por desplomarse en cualquier instante. Que esos desgraciados desperdiciaran aquella sangre suya, completamente suya, no quedaría impune.
 
En silencio se cargó a Nano sobre el hombro diestro y empezó a caminar hacia la salida, pasando cerca de la asustadiza empleada que recién intentaba reincorporarse y chocándola bruscamente, con lo que nuevamente la dejó despatarrada en el suelo. No emitió explicaciones ni comentarios extras, sencillamente se limitó a cruzar los pasillos oscuros con prepotencia, marcando territorio con el sonido arbitrario de sus tacones. Cuando la bóveda estrellada se extendió sobre sus cabezas y las calles desprovistas de transeúntes se alzaron frente a sus ojos, el vástago sentó a Naomi en la limusina que la aguardaba, trabó la puerta con el seguro y rodeó el vehículo para meterse en el lado paralelo. Se recargó cómodamente en el asiento junto a su esclava y suspiró suavemente -Puedes emprender la marcha, Kotetsu- indicó al chofer y presionó un botón, con el cual un fino vidrio polarizado se alzó entre las butacas delanteras y traseras, otorgando privacidad a las féminas de los ojos curiosos del conductor.
 
Minutos luego, la expresión fastidiada de Evangeline se fue disolviendo y dando espacio a una sonrisa socarrona y pícara -Ven aquí- mencionó a su pequeña y atontada acompañante, agarrándola por la cintura y atrayéndola hacia sí misma de forma posesiva y demandante. Cruzó su brazo zurdo por delante del abdomen de la chiquilla, recostando la espalda maltrecha de la rubia sobre su torso abultado por prominente busto. Entonces apoyó casi cariñosamente su rostro junto al de su compañera y alzando su diestra por delante de ambas, aproximó su muñeca a su propia boca -Te enseñaré cómo se hace, presta atención- instruyó con poca seriedad y enseguida sus colmillos rasguñaron su muerta epidermis, perforándola lo suficiente como para que la sangre comenzase a brotar por la herida sin oponer resistencia. Esencia suculenta y tentadora de criatura inmortal empezó a escurrir por femenino brazo, el cual, solidariamente se apegó a la comisura de la ghoul, ofertándose indecorosamente.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 18, 2014 8:51 pm

La fascinación le dejó sentada, callada y quieta. No fue capaz de removerse cuando Eva se la cargó a un hombro hasta el coche que ahora circulaba sin prisa por la autopista en callada complicidad con la propietaria de, posiblemente, las dos vidas de más que tenían las posaderas sobre aquellos tan reconfortantes asientos. Tanto era el asombro que siquiera trasladó la espalda hacia atrás por no pringar de rojo el caro vehículo. En otra ocasión hubiese importado más bien poco lo lustroso, caro y exuberante del coche en el que se encontraba y hubiera tomado posesión del mismo con gestos tan poco femeninos como apoyar los pies en el asiento de delante o subirlos al propio. Pero no era capaz de chistar o de importunar en la escena que a pesar de saberse futuramente enclaustrada en un lugar dónde no sería más que un trozo de carne con el que jugar. Se desplazaba hacia la boca del lobo... Empero saberse protegida de ése modo por quién estaba junto a sí le trajo recuerdos del pasado que le dejaron aturdida.

La voz aterciopelada de su patrona la trajo vuelta a la realidad, pero antes de reaccionar pudo notar un turgente pecho tras de sí y aunque no tenía motivos para ello, sus mejillas tomaron una tonalidad rojiza difícil de disimular, más para su suerte, la mirada de la vampira no alcanzaría a verle. Descansó su maltrecho lomo en ése lugar que se le antojaba tan reconfortante e incrédula pudo observar la delgadez de ése brazo enervarse por encima de ambas y... abrió los ojos, escéptica en primera instancia. –Oye no...- No sigas. Aquella obertura natural de sus orbes pareció salirse del cuadro de la realidad de tan abiertos que ahora yacían sus luceros. No podré detenerme. El olor de aquel elixir le golpeó las fosas nasales con tanta brusquedad que incluso fue capaz de paladear lo que aún no había siquiera degustado envolviéndole en escalofríos de pura contención. No debía... ¿No?

Proposición demasiado suculenta para ser rechazada. Dígitos diestros temblorosos tomaron a la vampira desde la parte media del brazo para asegurarse que durante la ingesta esta no retiraría el brazo del actual emplazamiento y con afán comenzó a succionar de la perfecta obertura que le hubo dejado su compañera. La carnosidad de su comisura se acopló a la herida para no perderse una sola gota. No estaba del todo segura de que, a pesar de su condición y obvia raza, Yamamoto conociera los pros y los contras de lo que acababa de hacer. La sangre de Marshall estaba siendo literalmente barrida de su interior y el vacío del mismo estaba llenándolo aquella princesa aún sin nombre. Era un contrato, ser Ghoul era más que simplemente alimentarse de la sangre de un ente superior a un numan, era mucho más. ¿Conocería los puntos? ¿Le importaría cumplirlos? Se zarandeó a sí misma mentalmente y en pos de centrarse más en su enmienda cerró los párpados y se centró en succionar de esa fina piel que una vez su estomago empezó a llenarse rocío en disimuladas caricias, dejando de agarrarle para rozar con sentimentalismo oculto la zona anteriormente encarcelada.

Fuerte resuello y carnosidad enrojecida se separó de aquel lugar en el que tomó ingesta. Tenía el pulso acelerado y el pelo de la nuca erizado por culpa de la candente sensación de tomar de un vástago. Creía haber olvidado lo placentero que era, pero aquella dama lejos de causarle cierto repudio, tras semejante toma de sangre se le antojó deliciosa, suculenta. El sabor de aquel carmesí superaba sus expectativas y acostumbrada ya a la ingesta de aquel pesado fluido haría muy poco probable que, cómo en las primeras ocasiones, llegase a vomitar algo de lo que ahora le colmaba el vientre. Mano izquierda fue hacia su estomago, palpándoselo con gusto mientras que, su derecha, se paseó por el largo y fino brazo de su actual presa hasta que dígitos desnudos alcanzaron los huesudos nudillos adyacentes, contorneándolos cómo si se tratase de un juego necesario tras la oferta de cena. –¿Cómo te llamas?- se sorprendió a sí misma rompiendo el silencio que sus propios jadeos dejaron en aquel pequeño lugar.

Justo cuando sus dedos hicieron pequeño ademán de enlazarse contra los de la otra dejó caer pesadamente la mano sobre lo cómodo del sillón en el que ambas restaban, aferrándose a éste en vago gesto de contención. Debía medirse en cuanto a actitud para no tomarle cariño, para no saberse sancionada por quién posiblemente le haría cavar su propia tumba a dedos desnudos: Ya había visto cómo asesinaba, cómo jugaba con sus víctimas. Deseó apartarse pero se encontraba aún digiriendo la sangre y es que el proceso era mucho más lento para un humano pues el sistema digestivo de estos no estaba preparado para que lo que por vena circulaba yaciera en el vientre. Muchos eran los numans que siquiera eran capaces de sobrevivir a las primeras experiencias compartidas con un vampiro que les ofertaba sangre, algo poco... muy poco común. Se llevó entonces aquella con la que a sí misma se rodeaba el estomago a los labios y retiró fino hilo carmesí para observarlo ahí, en su pulgar, con aire distraído. –¿Por qué lo has hecho?- otra burla, no quedaba de otra. Aquella altiva no parecía ser la clase de buena samaritana que buscaba la liberación de una pobre esclava. No... tenía que haber algo más, un trasfondo que deseaba averiguar.

El vehículo se paró, estacionó en un lugar que no pudo ver por culpa de aquellos tintados cristales pero no se movió, por lo que tampoco permitiría a su ahora dueña que escapase sin que antes pudiera esclarecer aquellas dos incógnitas. Estaba a punto de entrar en la madriguera de la que conocía únicamente cómo una pervertida asesina que... tras noches de haberle dejado abandonada y desamparada, ahora volvía a acogerle, la había defendido e incluso alimentado. La confusión irradiaba en una mirada que, aunque más severa de lo que hubiera deseado, enfocó a su compañera.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Mar Mayo 20, 2014 11:29 pm

Una sonrisa entretenida se torció suavemente en la comisura de Evangeline, quien cerró sus párpados un instante con tranquilidad, sin ningún apuro para contestar a las demandas de su nueva ghoul. Inesperadamente, su mano que ahora yacía en la espalda de la chica porque la misma se había girado para mirarla, la atrajo bruscamente contra el cuerpo de su portadora, amortiguando el choque con los senos de ambas. La mayor, allí, a escasos centímetros del rostro foráneo, respirando gélidamente sobre sus facciones, le sostuvo una penetrante mirada que se clavó desmedidamente en los orbes ajenos; y entonces no se detuvo, con eterna lentitud se aproximó tan peligrosamente hasta que los labios de las dos casi parecieron rozarse, incluso ladeando el rostro en una postura donde su nariz no estorbara. Un leve movimiento en falso y aquello se habría transformado en un beso, pero no fue otra cosa más que el aliento de la vampira lo que violó la comisura enfrentada al hablar –Porque me gustas ¿no es obvio?- respondió con íntegra seguridad en su timbre, pronunciando cada vocablo con entera sensualidad, dejando que las palabras danzaran en su boca grácilmente, acariciando de forma imperceptible las deliciosas puertas de su hermosa huésped.
 
Su mano libre frotó en un delicioso vaivén una de las flacuchas caderas de la anterior hambrienta y con parsimonia dirigió su nariz cerca del oído pálido y pequeño de ella –Mi nombre tendrás que ganártelo. No te has comportado nada correctamente conmigo hasta el momento, a pesar de que te he salvado ya dos veces… ¿será que la tercera es la vencida?- inquirió, rozando juguetonamente con la puntita de su rosada lengua todo el borde de la oreja hasta capturar el lóbulo suavemente entre dos de sus colmillos y estirarlo –Por ahora puedes decirme “Maestra”- añadió con una expresión socarrona, apartándose al sentir que el motor del vehículo se había apagado.
El chofer descendió y abrió la puerta de Evangeline, tendiéndole su mano para ayudarla a bajar, mientras que Nano no contó con la misma suerte, puesto que aquel sabía que ella era la mera esclava que la señorita había ido a comprar. En esa ocasión, la dueña del despampanante jardín donde habían estacionado, no hizo corrección ni aderezo alguno. No iba permitir que el cuerpo de Naomi fuese lastimado o rozado por nadie, pero su orgullo sí era algo a moldear, al igual que su carácter. No se la plantaría nada fácil, para entrenarla adecuadamente le haría ganarse el reconocimiento de todos con esmero y actitud.
 
-Esta es mi propiedad. A partir de hoy vivirás conmigo aquí- le notificó a la jovencita, esperándola en el camino que conducía a la entrada, labrada en baldosas de piedra pulida y mezclada con leves partículas de minerales brillantes que de noche le daba un aspecto de lo más mágico y alucinante –Este es el jardín que antecede a la mansión y también la rodea. Hay una arboleda variada con gran cantidad de frutos y colores al lateral izquierdo, también plantas con flores de distintas nacionalidades y un espacio muy agradable con asientos para disfrutar de la naturaleza. Al otro lado, como puedes ver, se encuentra la piscina y algunas sillas reposeras alrededor. Al frente tienes esa fuente de agua rodeada de rosas variadas y el acceso de las rejas que bloquean todo el terreno- hizo una leve pausa, dejando de señalar los diferentes sectores que le iba presentando –Al fondo hay un campo de práctica y están los perros guardianes con sus dominios personales, así que no te recomendaría ir sola… en general, no andes despreocupadamente por el jardín hasta que ellos sean conscientes de que eres una nueva huésped de esta casa- finalizó la introducción haciéndola apreciar de una manera incluso más impactante de lo que ya era, pero no porque así lo pretendiera, sino por la exquisitez de su carisma al hablar y la postura deslumbrante que siempre la caracterizaba.
 
-Sígueme, Nano- ordenó entonces, tomándola por una muñeca y jalándola hacia sí. Luego su tacto se deslizó por el brazo de la ghoul, cruzando por la espalda y depositándose en el hombro opuesto para empezar a conducirla más suavemente, como si de un galán atrayendo a una bonita fémina a sus peligrosos aposentos se tratara. Avanzó, abrió la puerta de la entrada con un código que tecleó con agilidad y sin titubeos, y al abrirse aquel portal, se adentró acompañada por su bella esclava en lo que era una bellísima mansión de dos pisos, de aire más bien renacentista pero modernizado, un remake deslumbrante donde todo brillaba y los colores blancos prevalecían a pesar de tratarse de vampiros. Algo irónico. Esa vivienda más bien se asemejaba a la guarida de un ángel y uno bastante rico por cierto.
Lo primero en verse era el amplio recibidor. En cada lateral se alzaban dos escaleras que de forma ovalada desembocaban en el segundo piso casi unidas. Arriba se apreciaba un pasillo largo y uno perpendicular, que permitían el acceso a las diferentes habitaciones e instalaciones. Mientras que en la planta baja se hallaba más al fondo el gran comedor, plagado en ventanales ubicados para permitir una panorámica bellísima del cielo estrellado y la luna. En dos habitaciones adjuntas y separadas también estaban cerca el cuarto de baño y la cocina.
 
Eva avanzó sin Nano ahora, ya había cerrado la puerta tras sus espaldas y no tenía escape alguno. Le daba curiosidad el pensar cómo reaccionaría esta y ella misma se sentía un poco extraña y levemente estresada con lo que nunca meditó demasiado. Jamás había convivido con alguien más. Su padre apenas se pasaba y era como un simple invitado ocasional. La hermosa chica que le acompañaba era una completa novedad para el vástago y en realidad, con todo el conocimiento del mundo, aún así no sabía cómo realizar una mudanza. –Te daré los planos luego y puedes inspeccionar por tu cuenta. Aquí es seguro, ya que nadie más vive excepto la servidumbre- mencionó, convencida de que probablemente estaba siendo mala anfitriona ¿pero por qué le importaba al fin y al cabo? –Supongo que lo que más deseas luego de una comida y un día estresante, es relajarte con un aseo apropiado… acompáñame- ya tenía un pie sobre el primer peldaño de la escalera, dejando caer su falda con sensualidad y lucir parte de su atractivo muslo –No te quedes mirando, ven- le indicó con una sencilla mirada cómplice y luego emprendió marcha al piso superior. La guió hasta el final del pasillo, allí donde se encontraba el dormitorio propio de la dueña y le ofreció su baño privado mientras recolectaba algunas toallas, una bata y otros accesorios indispensables y opcionales que dejó a su disposición, como sales aromatizantes y que producían espuma y burbujas. Entonces se sentó sobre un lateral de la amplia y majestuosa bañera, dispuesta a deleitarse con las vistas sin ningún tipo de pudor.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 24, 2014 12:13 pm

Silbó en pos de alardear el caserón al que segundos antes habían tenido acceso desde tamaño portón principal. Y ahí estaba ella, con mirada indecisa, sin saber en qué fascinarse en primera instancia: Escaleras de lustroso mármol, pasillos decorados por cuadros posiblemente extranjeros, puertas de la madera más cara del mercado... Todo allí maravillaba y dejaba claro que el dinero no resultaba ningún tipo de problema o inconveniente para la propietaria del inmueble. Avanzó sin parecer cohibida, aunque no llevaba tacones y sus pasos no repicasen en el piso con la misma fuerza y poderío que el de Evangeline la goma de las maltrechas deportivas con las que el mercado negro le hubo provisto evidenciaban que el decoro no era –ni sería- su segundo nombre. –Cómo es obvio que no te pienso llamar maestra...- el silencio que antes le envolvió en el vehículo al verse sobrecogida por la reacción foránea de eterna protección se consumió en el olvido y la voz de la esclava sonó socarrona. Retomaría el tema al que no llegó siquiera a responder y marcaría terreno aunque fuera cosa de su propietaria hacerlo. –Te llamaré Despilfarradora. Es más acertado con tú estilo de vida.-  y es que tenía la firme convicción de que esa mujer vivía sola, no obstante, contaba con demasiados lujos. Demasiados. Aquel lugar podría estar ocupado por toda su familia en condiciones mejores a cómo ahora mismo estos vivían y no obstante, lo ocupaba una única dama de portes y modales dignos de realeza.

Escuchó con verdadero interés a su anfitriona, no por nada en especial, simplemente no gustaría de verse devorada por aquellos canes que jugueteaban a expuertas de la morada y lejos de pronóstico que cualquiera pudo haberse hecho ante la actitud de la ghoul esta se dejó guiar sin peros ni reproches. Los pasos de ambas iban al compás y era tan poca la distancia que existía entre una y la otra que fue capaz de captar el dulzón del perfume que empañaba la dermis adyacente. Era una Diosa, lo más similar a una que pudiera haber en la tierra. Era sabedora de la extenuante belleza con la que los vástagos y reyes de la noche contaban pero hasta ahora ninguna mujer había conseguido llamar su atención cómo aquella lo hacía. ¿Sería por lo que a ambas aconteció en aquel lugar dónde manos masculinas intentaron violarle? Sacudió la cabeza. No debía olvidar que su cometido era escapar y volver junto a su familia, aunque por el momento serían los perros y no la misma Eva quién más miedo le causaba en esos momentos. Los animales no eran fuente de demasiado agrado y posiblemente estos serían capaces de advertir su desazón con ellos, por lo que le costaría ganarse la confianza menester para poder campar por el jardín sin ser custodiada por el cuidado de su ahora dueña.

Empero el contacto dejó de darse cuando Yamamoto emprendió sola el rumbo, metida en su propio mundo  y la constante tentación de alargar la palma y tocar los filos de un marco o de simplemente mover de lugar alguna estatua de decoración era superior a ella por lo que en la otra exponía los puntos de la mutua convivencia se llevó los brazos a la nuca, cruzándolos entre sí y fingiendo que estos eran una cómoda pero huesuda almohada avanzó tras su acompañante. –No preciso de ningún mapa. Será divertido tratar de descubrir los recovecos por mi cuenta.- era insólito que hablase del servicio sin incluirle y es que en los hogares dónde fuera aparar siempre le hablaron cómo una más, empero no divagó demasiado en aquello, no era relevante y tampoco sería un tema que gustase de emprender en ése momento. –Ahora que lo dices....- se llevó una sola mano en estómago, ahí era dónde albergaba vítae que no le pertenecía, uno que le unía con lazos más fuertes que el contrato firmado horas atrás a esa que le miraba cómo si de verdad estuviese buscando reconfortarla e incluso... ¿Cuidarle? Era extraño. Aquella que poco más de medio mes atrás profanó su cuerpo con un arma de fuego ahora parecía jovial, encantada de tenerle ahí consigo. Cada vez dudaba menos de la soledad que la otra pudiera sentir en semejante morada.

Ojos claros repasaron con fogosidad el muslo desnudo que la copiosa falda descubría. Era una piel suave incluso para la vista, turgente, sin ningún tipo de imperfección a la vista, parecía... Parecía una esponjosa nube de azúcar que tentaba a ser mordida, palpada. Arrancada. Se mantuvo con vista fija en las posaderas de quién frente a sí avanzaba, sintiendo unos deseos inexplicables de...
El camino hacia el baño se le antojó corto, pronto un lugar tan lustroso cómo lo era el resto de la estancia se mostró frente a sí y sin cohibirse avanzó hacia el lugar dónde, para su sorpresa, también entraba la otra. Bien. Tendría una espectadora. Todo lo que la otra le ofertó para el confort del baño terminó por escamparse en la pica del mismo baño mientras que la rubía se miraba al espejo sin verdadero interés en su verdadero reflejo, se ladeó un par de mechones y tras ello volteó, apoyándose sobre el blanco mármol. Si la otra tenía para consigo aquellos aires, ella no se quedaría atrás en la muestra de poderío, de control y ante todo, de indecoro. –¿Eres una de esas pervertidas que se tocan mientras miran?- alzó una sola ceja mientras clavaba pérfida mirada en su compañera y poco tardó en negar con la cabeza. Aquellos hilos de oro que intentó ordenarse volvieron a caer sobre su frente. –Creía que eras una dama, Derrochadora.- cruzó los brazos en su cintura y las manos opuestas al lateral correspondiente tomaron los bajos de la maltrecha camisa que yacía rota en diferentes puntos debido a los latigazos posteriores a la llegada. –Estoy acostumbrada a esto.- advirtió, pasándose la tela por encima del vientre, descubriendo una piel que si bien era pálida, estaba repleta de heridas. No todas eran de la mano de los trabajadores del mercado, las había también de dueños con conceptos raros en el sexo. Cicatrices iban y venía, marcándose más blancuzcas que su tono natural.

Pronto la tela hizo de alfombra en el suelo y con el sujetador oscuro aún puesto avanzó hacia aquella inmensa tina, se reclinó sin demasiada gracia sensual hacia la llave de paso y aprovechó mencionada ocasión para que su rostro quedase a escasos centímetros de aquella que de un modo u otro, traía sentimientos enfrentados en su psique. Aquellos ojos a los que ahora tenía libre acceso le parecieron inmensos, llenos de una vida que no tenían. –¿Me permites?- mano izquierda tomó la cintura de la aposentada y la empujó parcialmente desde la hueca zona hacia sí, palma derecha se alargó desde el otro lateral de la dama para tomar la fría llave y así, el sonido del agua pronto se dio a conocer.

Retrocedió poco a poco y cuando de nuevo su diestra estuvo cerca de la vampiresa se atrevió a peinarle un mechón oscuro, lo retiró de su mejilla y se lo acomodó tras la oreja con mimo, cómo si estuviera siendo la niñera de una cría acostumbrada a la más absoluta y oscura soledad. –¿Vas a bañarte conmigo?- le guiñó ahora un ojo, repleta de descaro, de seguridad en sí misma. La odiaba... la odiaba tanto cómo le atraía. Era un sentimiento confuso que le tenía en la constante cuerda floja, pero no se permitiría a sí misma fallar, no se permitiría perder. Debía estar alerta y saberse proteger: Sabía cuan peligrosa era esa fémina y su único cometido era mantenerse con vida hasta poder escapar. –¿O vas a estar ahí explicándome mis tareas?- si tenía servicio su misión en ése lugar era otra, no tenía la menor duda.
Volvió a tomar distancias para con la hija de la noche y pasó a descalzarse, dejando aquellas sucias deportivas tiradas por el piso sin molestarse más que en patearlas para dejarlas a un lado y que no llegasen a estorbar en el futuro. Pantalones maltrechos fuera y así, ahora en ropa interior, agarró las sales y el jabón para, sin siquiera mirarle, hacer lo propio con mencionados aromatizadores y relajantes, añadiéndolos al agua. Dejó los embases sobre el suelo mientras se arrodillaba y utilizaba una mano para remover la curiosa mezcla que había inventado, intentando que la espuma compactase. Todo el embase yacía ahí, por lo que pronto la espuma empezó a crecer. Le miró de reojo esta vez en lo que su brazo mantenía la misión de remover lo ahí introducido. Era... Era todo lo que ella no era, esa chica era fabulosa en diversos sentidos.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 29, 2014 1:54 am

Le observaba fijamente sin perder ningún detalle, analizaba su aroma, sus gestos, su manera de moverse, de caminar, de inclinarse, sus modales, sus expresiones faciales, sus muecas, la destreza de sus manos, la musculatura de su fisonomía, cada cicatriz o marca, su cabello, sus ojos y la mirada tan particular de los mismos, fuerte como ninguna, tanto como su carácter. Naomi rebozaba en coraje y prepotencia, en rebeldía, en orgullo y competitividad. Esas características eran probablemente las que menos desearía un amo en una criatura por la que pagaría, pero en su caso era todo lo contrario. Evangeline amaba los desafíos y esa pequeña representaba uno de los más suculentos a los que se había visto de frente. Domarla le costaría, incluso hacerle cambiar de parecer, ganarse su buena voluntad y más aún su fidelidad, pero se había propuesto conquistar completamente su cuerpo, su alma y corazón, y definitivamente no fallaría. La presa era suficientemente estimulante.
 
Rió sutilmente, paseando con elegancia y estilo una mano por los cabellos que caían plenamente lacios por delante de su hombro diestro, para llevarlos hacia atrás, acompañando aquel mechón establecido tras su oreja por la atrevida huésped de su casa. Entonces se recargó ligeramente sobre uno de sus brazos y el otro cruzó por delante de su estómago, sujetándose a ese que rígido sostenía el resto del torso. El mentón del vástago yacía apoyado suavemente sobre uno de sus finos hombros, mientras contemplaba a su compañera casi con una inocencia que mucho distaba de la realidad. -Este es mi baño y tú eres mi ghoul, ¿necesito alguna razón más para permanecer aquí?- su sonrisa se torció con cierta prepotencia -Pensé que tal vez por esas heridas recientes necesitarías ayuda...- musitó, cortando su diálogo como si aún no terminara de hablar, para colocarse tras Nano de rodillas, dejando las piernas de la menor entre las suyas -Para que no debas hacer movimientos bruscos que reabran tus heridas, yo podría desvestirte y lavarte zonas complicadas- susurró muy cerca del oído de la esclava, removiendo los cabellos rubios con su aliento, mientras sus gélidas manos delgadas y femeninas acariciaban con tacto cuidadoso y curioso los omóplatos, antes de desprenderle el sujetador con extrema facilidad.
 
Hundió su nariz en la cabellera foránea, aspirando el aroma a suciedad y bajeza de esa muchacha y librando su respiración fría contra su cuero cabelludo. Enganchó entre sus dígitos largos y blancuzcos las tiras negras de los hombros y las deslizó a través de los brazos opuestos hasta llegar a la articulación de los mismos. Siguió el caminillo de tela de forma juguetona y sensual, y coló sus palmas bajo la prenda, cubriendo con su ansioso tacto los senos sumamente suaves y casi infantiles de la rubia. Con un prácticamente imperceptible masaje deshizo el contacto, arrastrando hacia adelante el sujetador y dejándolo caer sobre el agua de la tina. Tras ello, las manos atrevidas de la dueña se posicionaron en los laterales de figura en extremo escuálida, con sus dedos apuntando hacia abajo, y empezó a descender con sorna y erotismo en dirección a la cintura de Nano y sus caderas, capturando en las mismas sus bragas y arrastrándolas a medida que la caricia proseguía su camino hasta el suelo. La columna del vástago se iba reclinando conjuntamente, respirando con nitidez a lo largo de esa maltrecha y marcada espalda, barriendo con su aliento posesivo cada uno de los estigmas hasta terminar sobre las nalgas de Naomi. Le cogió por las caderas y sin lograr contener sus instintos que le urgían lo que escapó a continuación, paseó su lengua con lujuria por entre los glúteos de la esclava, desde abajo hacia arriba, apartándose como consiguiente.
 
-No soy ninguna derrochadora... verás que yo no desperdicio nada, me bebo siempre hasta la última gota de lo que exprimo con todo mi énfasis- murmuró en un tono sugerente, colocándose en pie y mirando con complicidad a quien residía con ella contra su voluntad. Enseguida sonrió y ladeó la mirada hacia el espejo frente a sí que reflejaba su imagen -Tareas ¿eh?- repitió, librando una sonrisa desinteresada con el tema -Tú no tienes tareas que cumplir, tan sólo eres una niña. Antes de poder saborear la victoria de cualquier meta, posees deberes- develó sus propósitos sin real exactitud, peinándose cuidadosamente el cabello hacia un lado con sus dedos, concentrada en su propia imagen -Debes romper el cascarón del huevo por ti misma y demostrar que eres capaz de fortalecerte y volar a través de cualquier clima o escenario- finalizó, concluyendo con lo que estaba haciendo y girándose hacia la puerta -Si me necesitas, estaré en la habitación contigua- aclaró, saliendo del cuarto y cerrando tras de sí para predisponerse a desvestirse y cambiar su atuendo por uno que no incluyese su traje ajustado de trabajo.
 
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Mar Jun 03, 2014 12:21 pm

No se dignó a dar rienda suelta a sus emociones hasta que la figura imponente de aquella Diosa no ajustó la puerta tras de sí una vez emprendió el rumbo fuera de ése enorme y majestuoso baño que bien acompañaba al resto de aquellas vigorosas y casi excéntricas instancias del copioso hogar. Dígitos temblorosos se afianzaron en el ovalado mármol de la pica y su rostro se encaró a la cañería del desagüe mientras respiración turbulenta hacia que su pecho se encogiera y expandiera a un ritmo poco natural, la expiración de la Ghoul no tenía verdadera competencia con las inhalaciones que se forzaba a contener, siendo incapaz de administrarse aire mediante las fosas nasales se apoyó de una comisura semi abierta que hacía de puente a la dificultosa entrada de aire. Era peligrosa. Esa mujer era la viva imagen de la amenaza envuelta en fina ropa de cara importación y rostro de fingida inocencia que desarmaría a los hombres y les haría temblar y desear un solo roce de fina piel de porcelana. La tensión en sus dedos incrementó hasta el punto en el que sus dígitos cesaron el riego sanguíneo y se fueron tornando blancos por la obvia falta del vítae que oxigenaba el cuerpo desde dentro. Peligro. Deseo.

Su cara se reflejaba de manera sesgada debido a la posición en la que se encontraba en aquel cristal que segundos antes la dueña de vida propia y mansión se había estado observando, enmarcando un rostro desencajado por la propia incertidumbre de su presente reacción. Ahí estaba. Débil a la carne de una mujer que se había atrevido a ponerle las manos encima sin aparente connotación sexual: Deshacerle de apestosos enseres que el mercado procuró para tapar poco más que lo pudoroso y tocar con quietud lugares que de haberse tratado de un marchante masculino ya estaría recubierto de esencia, sudor y morados por la trifulca de dos cuerpos en el apogeo de acciones carnales. Su corazón marcaba frenesí al pensar verse envuelta en aquel tipo de enmiendas con la que aún carecía de nombre para ella. ¿Era eso lo que esperó tras lánguida lamida? Se negó a ser sincera con su propia respuesta y fingiendo recomponerse de su propio estupor irguió la columna para mirarse en la lámina que le devolvía las dudas al plasmarse ahí su semblante. Así que dándose la espalda a sí misma procedió a sumirse a las aguas espumosas y de olores exóticas que los distintos artículos evocados en el agua lograron. Jugó con la espuma entre sus dedos intentando en vano que esta no surcase sus muñecas, bufándola para volver a readiccionarla hacia su extendida palma; Cuando cuantiosa cantidad de aquello esponjoso y blanco se aglomeró en su palma no pudo evitar imaginarse sedoso y altamente prohibido pecho de su dueña. El rubor se cruzó con violencia en su rostro e intento borrar su propio pensamiento hundió las manos. A su pesar, el baño finalizaba en ése mismo momento antes de que hiciera algo de lo que luego se fuera a arrepentir.

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Al no ser provista de ropa con anterioridad se tapio con la bata de baño y sin sonrojo salió del bahoso baño para, a pie descalzo, ir en busca de quien tenía que librarle la indumentaria. Traía consigo un cepillo con el que estaba intentando desenredarse el pelo: Pudiera ser que fuera más bien corto pero éste se enredaba de manera copiosa cuando se humedecía por lo que se encontraba entretenida entre su lucha cuando capturó la imagen de la que ahora parecía haberse acomodado para ir por casa, aunque de cualquier forma aquel atavío le seguía pareciendo demasiado distinguido para tratarse de ropa cómoda, aquella ropa no obstante seguía marcando cada vigoroso punto de aquella exquisita figura por lo que no se perdió ni un solo detalle. Una vez consideró que su mirada rozaba el descaro, habló con voz aparentemente tranquila. –Deberías apreciar la comodidad de la ropa de deporte.- apostilló mientras desviaba la atención hacia otro punto, ninguno en concreto. Estaba segura que la otra le había escuchado por lo que no se molestó en repetir su frase, dirigiéndose derecha al armario. Al abrirlo el puente de su nariz se arrugó e intentó encontrar algo que fuera más con su propio estilo que con la dueña de la casa pero todo apuntaba a que no tendría suerte esta vez. Una percha tras otra, apartó, miró, y descartó cuantiosos trajes –muchos de ellos, juraba, aún con etiqueta-. ¡Ahí! Destelló su mirada cuando fue a dar con una camiseta de... ¿Hombre?

La sacó de su posición y no cabía duda: Era de hombre. Amplia, cómoda. Pero aún y así la sensación de rechazo hacia la misma pudo verse reflejada en su faz. ¿De quién era? ¿Es que traía hombres a dormir ahí? ¿Y si era así... por qué demonios tenía que molestarle? Pero a ella... Buscó con la mirada a la anfitriona antes de volver a enfocar la prenda. ¿A ella le gustaban los hombres? Optó por dejar la prenda cómo una opción y la lanzó sobre el gran camastro junto con el cepillo, volviendo a la tarea de encontrar algo que posiblemente allí no existiera.

Nada. Todo eran vestidos, faldas, camisas para bustos dignos de ama de cría. Nada que fuera consigo y su estilo así que resignada agarró sin demasiado ímpetu o ganas lo que, estaba segura, no era de Evangeline y le lanzó una mirada recriminatoria mientras se dirigía al baño con prenda en mano.
Su pecho era pequeño por lo que no necesitaba de sostén si merodeaba dentro de una casa, en cuanto a las bragas... cuando la dueña no mirase y si no le provenía de las mismas le robaría alguna a ella. Había tratado con cosas peores que ponerse ropa interior de otra mujer, por lo que aquello no le causaría el menor reparo ni asco. Tenía que vivir, salir de ahí y volver con Marshall, no podía dejarle a él solo con la jodida misión. Lanzó la bata al suelo junto al resto de pertenencias y se enguantó el desnudo y medio humedecido cuerpo con aceite corporal, en mitad de su tarea y tras unos débiles y casi tímidos toques hizo acto de presencia una chica menuda que en ningún momento alzó la mirada del suelo. Iba ataviada con vestimenta de servidumbre por lo que pudo adivinar de quién se trataba. Por norma general era ella la que se veía en la posición foránea por lo que no le costó empatizar con esa otra y se agazapó para recoger lo que por cuenta propia desperdigó y la dejó en brazos de una chica que, de tan roja que estaba, parecía tener temperatura. La Ghoul le sonrió y para cuando estuvo liberada de manos le acarició la cabeza con mimo.

La chiquilla lanzó algo similar a un gritito y retrocedió un paso, dejando caer aquello sujeto. Tembló entero a lo que la rubia parpadeó sin comprender nada en absoluto. –Oye...- pero la otra no parecía estar escuchándole. Chasqueó con fastidio la lengua y asomó la cabeza por la puerta del baño en lo que introducía la misma bajo aquella prenda masculina. –¡Ricachona! Creo que a tú criada le ha dado un ataque o algo así.- mierda, ¿Qué diablos le pasaba? Al volverse hacia aquella la espalda de la jovencita había encontrado una pared aunque ahora miraba con pavor el lugar por el que se suponía que aparecería su dueña. ¿Es que le temía? ¿O había hecho algo que no debía? Todo aquello escapaba de su entendimiento, no obstante y aún con ése sentimiento merodeando en ella le guiñó un ojo. –No te regañará.- aunque no sabía si ese era el problema que le tenía tan... paralizada. Esta negó con prisa con la cabeza, primer signo de comunicación: Bien, no era sorda.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Mar Jun 10, 2014 3:40 pm

La temblorosa criada no cabía en su terror, mientras intentaba por todos los medios el cubrirse su rostro de manera disimulada para no ser descubierta. Torpe era para la actualización, no tanto como lo había sido para traicionar algunos años atrás al clan de Marshall durante la emboscada a la familia real y ayudar a sacar de allí a la pequeña Evangeline, arrastrándola a los brazos de su actual padre adoptivo. No había verdadera maldad en aquella ghoul, pero ese vampiro era uno de los primigenios, demasiado poderoso para que un simple humano se le resistiera. No bastó más que darle a beber durante un par de sesiones de su sangre para que la pobre criada cayera rendida a sus pies en todos los sentidos existentes y le otorgase su entera fidelidad. Desde entonces permanecía asiduamente de su lado en el tablero, custodiando a la dueña y señora de la casa durante las prolongadas ausencias del verdadero amo. Era sus ojos y nada le daba más terror que ser descubierta y arruinar a su Señor. Nulas casi eran las oportunidades con que se había cruzado con esa chiquilla en la mansión de su antiguo patrón, pero recordaba perfectamente a Naomi y cada una de las caras a las que había abofeteado por amor al padre de Eva.

-V-Volveré después, cuando haya terminado de ataviarse- gimoteó débilmente con voz truncada, mientras huía del sitio a gran velocidad en la búsqueda de algún teléfono con el cual contactar a su Señor. ¿Qué hacía esa muchachita en la casa? ¿Era una invitada de la Señora? ¿Es que Evangeline se habría enterado de algo o era una oscura y siniestra jugarreta del destino? Pero… no era posible que claramente Naomi le contase los hechos a la Señora, pues allí si bien existían aliados, la única sola en mitad de la guerra por su posesión, era ella, la princesa exiliada. De todas formas el Señor, Alphonse, tenía que regresar y pronto para salvar esa peligrosa situación.

Evangeline que yacía sumamente concentrada leyendo una de sus obras favoritas –Hamlet, de Shakespeare- fue incapaz de notar su entorno hasta que Naomi le llamó con palabras relacionadas a su criada. Colocó su señalador que se trataba de una cinta roja nuevamente en el libro y lo cerró con tranquilidad, guardándolo en el sitio correspondiente de su estantería. Luego caminó hasta donde era solicitada, pero al ingresar no vio a nadie más que su nueva ghoul con apenas una ligera camisa que por cierto ¿dónde la había conseguido? Era de su padre y no le agradaría demasiado saber que ahora lucía en el cuerpo de una desconocida. No era conocedora de cuándo el propietario pisaría la mansión, pero prefería no arriesgar a meter en disputas desde el inicio a esos dos. –No puedes utilizar esto y tampoco es correcto que toques las propiedades de los demás sin pedir el correspondiente permiso- educó a la desfachatada, aunque su tono de voz no demostraba reproche, sino más bien tutoría. Seguidamente aprovechó el tenerla arrinconada para comenzar a desabotonarle la camisa con presteza y diligencia, dejando progresivamente al descubierto un pecho atractivo, sutil y completamente libre de ropa interior. Sonrió ladina ante el descubrimiento, sin despegar la mirada de esos adorables senos que le tentaban en demasía –Si simplemente anhelabas que mis ojos contemplaran tu desnudez, no precisabas mentir sobre mi criada para llamar mi atención. Hay métodos mucho más efectivos para tenerla- susurró a su oído, acariciándole los redondeados hombros y arrastrando la prenda a través de los brazos para despojarla sensualmente de la misma.

Ofuscación hizo que Evangeline se desvaneciera ocularmente para Naomi, a la par que una lamida lujuriosa de la vampira se paseaba por esa piel recién aseada, demostrándole su presencia a pesar de la invisibilidad. Cuello humedecido de par en par sentenció que no faltaba demasiado para que aquella esclava cumpliera finalmente con su labor por excelencia junto a un vástago. –Creo que ya va siendo la hora de la cena ¿qué opinas?- sonrió divertida, dejando caer la camisa sobre el inodoro a la par que alzaba en brazos a su menú y le obligaba a calzar sus piernas en las caderas propias. Le sostenía asiduamente por el trasero con una mano y por la baja espalda con la otra, a la par que regresaba sobre sus pasos hasta el dormitorio, mientras devoraba con ansiosos besos y chupones la zona incautada de la menor, rasguñándole muy suavemente con sus colmillos rígidos y filosos. La arrojó sobre la extremadamente cómoda y reconfortante cama ancha, de por lo menos dos plazas y media, recubierta con finísima y sedosa seda. Le rodeó la parte trasera del cuello con una de sus frías manos y la restante palma recorrió la fisonomía de la rubia con intensidad, palpando desde su cadera hasta acabar entrelazando los dedos de sus manos y apresándole una de esas extremidades superiores contra el camastro. –Espero que desde ahora te alimentes bien, necesito muchas vitaminas para mi profesión- comentó en broma, aunque realmente la salud de su fuente de alimento influía en el sabor. Pero ya la había probado y definitivamente aceptado como la mejor para satisfacerla.

Una última lamida gentil, cariñosa, casi mimosa, y sus colmillos se hincaron en la frágil piel de la que alguna vez fue simple humana, perforando la carne sin detenimiento y recibiendo con gula y dicha la vitae que empezaba a manar sin demoras, colmando todas sus necesidades. Su anatomía muerta lentamente se fue llenando de una calidez muy añorada y su corazón siempre frígido se dispuso a latir cada vez con mayor vigor. Eva jugó con la invisibilidad, aprovechando la misma para frotar ambos cuerpos el uno contra el otro, permitiéndole a Nano concentrarse en el dolor, el placer y principalmente los sentidos. Los pezones erectos de la vampira se paseaban sobre los contrarios, siendo notorios aún a través de su vestimenta que nunca se salía de sitio o desaliñaba. Senos blandos, turgentes, masajeaban los pectorales de su compañera a la vez que sus dedos amasaban las zonas donde se aferraba ansiosa. Pelvis indecorosa también dejó la etiqueta a un lado, friccionándose aún así con elegancia en un estilizado pero profundo vaivén sobre la foránea. Y sin embargo cuando se sintió finalmente satisfecha, apagó su ofuscación y se apartó ligeramente de aquel cuerpo que tan bien le había servido, relamiéndose con encanto y perfilando sus labios manchados de carmín con su dedo medio para chupar cualquier resto. Un sonoro chasquido húmedo y el dígito salió de su boca, sentándose en la cama como una princesa –Puedes dormir conmigo esta y todas las noches, a menos que el suelo te siente mejor-
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Mensaje por Invitado el Jue Jun 12, 2014 2:57 pm

Si algo pudo llegar a alterarle antes de que las ropas que obviamente no correspondían a su ama volasen fue el hecho de que la vampira no se creyera de que antes de que ella llegase ahí consigo una muy tímida criada había ejecutado un papel mediocre de lo que se esperaba de una muchacha de la servidumbre, no obstante que ahora yaciera entre sus brazos desnuda contribuyó a que no indagase en demasía en el tema y buscase el controlarse. Era complicado mantener la fina línea de la cordura si su compañera no cesaba en aquel tipo de enmiendas que dejarían con las piernas temblando a todo el que pasase bajo su tétrico, tenaz y travieso yugo. Espalda contra la cama, cuerpo cobijado en unas manos que aunque firmes no perdían ése toque femenino y sensual que en cualquier gesto la otra desparramaba orgullosa. No hubo necesidad de ser instruida, cuando la foránea le sostuvo por la parte posterior de la cabeza ella misma arqueó el cuello para que pudiera servirse a gusto de la zona que quisiera. Ya no temía de las mordidas, a fin de cuentas, Marshall se servía con gula de ella cuando hambre ameritaba. –¿Sabes que la sangre puede variar el sabor dependiendo de lo que se coma?- no habló más, la lamida la paralizó al completo, como si la saliva de aquella otra estuviera condecorada con alguna especie de ponzoña capaz de doblegar a la indomable. Aunque estaba preparada para el mordisco toda ella pareció temblar. ¿Qué se suponía que esa maldita mujer hacía en ella? ¿Era bruja también?

-Mgh...- cuando el marfil rasgó la primera capa de dermis apretó los dientes e intentó aplacar cualquier sonido que para la otra no fuera más que desdichada debilidad y en respuesta a la primera y doliente sensación su mano apretó aquella que yacía en unión con la de su comensal haciéndole partícipe de la sensación que boca cayó en medida de lo posible. Enardecimiento creció, vampiresa no únicamente clavó colmillos, jugó a provocar un cuerpo que perdía sangre y que por consiguiente, no regía cómo comúnmente respondería a actos de aquella índole. Lo plano de su torso probó lo endurecido de unos pezones turgentes bajo las ropas. Agarrarle por el pelo fue opción apetitosa, tirar de ella, obligarle a que prosiguiera con el vaivén de las caderas que humedad habían conseguido en su persona fue el primer y turbio pensamiento que logró despertarle de su pequeña ensoñación. Evangeline yacía ya sentada, lejos a toda expectativa la esclava aún permaneció unos segundos más estirada, recuperándose del mareo, del propio acaloro de su respiración que aquella demostración de poderío el vástago tuvo para consigo. Cuando logró alzar una mano por encima de su propia cabeza se aseguró de poner frente a las narices de la declarada princesa un gesto grotesco y poco común en una mujer, mostrándole el dedo corazón mientras tras ése dedo la Ghoul dibujaba un gesto de prepotencia. –Que el suelo sea mi cama, entonces, Señora mía.-


Pero no fue hasta que arrastró sus posaderas hacia el filo de la cama que no se dio cuenta de su propia desnudez, mirándose las piernas ahí postradas con un tenue rubor. Se había olvidado totalmente de ése pequeño pero sin duda importante detalle así que haciendo gala de ése comportamiento tan poco común entre los subyugados en cualquier mansión dónde tuvieran servidumbre agarró la frazada que cubría la cama y tiró de ella hasta desmontarla, logrando con aquello que la vampiresa cayera contra el colchón mientras la rubia estallaba en risas, ahora con la mencionada tela entre los brazos a modo que cubría con exactitud su pecho e intimidad pero dejaba al aire hombros, espalda, trasero y piernas.

-Ahí estirada no pareces tan poderosa.- se burló entre risas mientras se aseguraba de hacer de esa tela una especie de vestido maltrecho y repleto de arrugas que cumplía perfectamente la función de ataviar las vergüenzas de la mujer que contemplaba su compañía con ojos más relajados que anteriormente. -Ahora en serio, Señora Millonetis, dónde está mi cuarto? ¿Dormiré con el resto de esclavos?- lo cierto era que algo en su fuero interno le hacía desear volver a ver la muchacha que escapó sin darle tiempo siquiera a preguntar sobre su nombre. Había algo en ella que le tenía con un inscrito nerviosismo que no sería capaz de explicar pero que sin lugar a dudas no aportaba sensaciones buenas, en absoluto. -Me gustaría descansar por hoy.- sentenció, casi dando por terminada una velada que tan siquiera comenzaba, dándose claros aires de cabecilla a pesar de clara desventajada posición. Pronto terminó de anudar el último pliegue de aquella sábana que ahora se amoldaba al cuerpo de la rubia cómo si estuviera diseñado para tal fin y no para ataviar aquel amplio camastro que sin duda, de lo cómodo que era, invitaba a dormir ahí mismo. No obstante se negaba a que el resto de la muchedumbre se rebelase contra ella al haber dormido con la dueña, no les conocía pero entendía las reglas que solían haber en el mundo de los esclavos, y una de ellas era que si el amo compartía hogar con más de un obediente y callado mayordomo –o sirvienta- debían respetarse y no ser ninguno más que el otro.
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Mensaje por Invitado el Vie Jun 13, 2014 1:14 am

Incluso la forma de caer de aquella ostentosa propietaria era sin duda elegante; la manera en que sus lacios cabellos regaban la seda casi fundiéndose con la misma por compartir una textura infinitamente sublime tanto a los ojos como al tacto, e incluso la piel piel pálida, de porcelana fría, la convertía en una bella muñeca decorativa digna de un coleccionista adinerado por demás. Nano era ruda, todo lo contrario a su persona y eso le atraía peligrosamente, le fascinaba, esa forma de vivir tan espontánea y salvaje como la naturaleza en todo su fiero esplendor, le seducía hasta el punto de levemente preguntarse cómo sería vivir de esa particular manera. Sin embargo Eva se hallaba demasiado arraigada a su lujoso mundo lleno de etiquetas con las que necesariamente cumplir para continuar siendo respetada en la aristocracia vampírica. Aún si nadie lo sabía, el cambio suponía un desafío bastante elevado para una chica con sus aires de reina.
 
Sonrió con tranquilidad tras el ataque masculino impartido por Naomi y sin exceso de movimientos, demostrando una fuerza y destreza agudas en su vientre acostumbrado a los ejercicios propios de su profesión, se enderezó sin mucho esfuerzo en aquel colchón, quedando recargada sobre una de sus caderas y apoyando un brazo en la cama, mientras el otro descansaba en su tobillo. Las piernas casi juntas, una encima de la otra y flexionadas en una pose nada amenazadora pero sí muy femenina, dejaban de lado que el vástago intentase cualquier clase de represalia por el indigno comportamiento de su invitada. Paciencia y madurez le sobraban, así como diplomacia y elocuencia, dotes que en una mujer de belleza radical no podían faltar para escalar alto en el oscuro y complejo mundo.
-Parecieras odiar mi poder, mas de no haber sido por el mismo, aquella noche esos hombres habrían actuado a placer con tu cuerpo, desechando en él todos sus oscuros fetiches y represiones bajas. Sin mi poder ahora estarías tirada donde yo quisiera, con el cuerpo maltrecho y lleno de heridas por cientos de azotes, muerta de hambre, escuálida, sucia o roída bajo el yugo de tu celda en el mercado negro- tras esas breves palabras sentenciadas con una mirada intensa y fija hacia su acompañante, la vampira se movió a velocidad tal que pareció desvanecerse frente a los ojos de su declarada antagonista, deteniéndose tras la misma con la columna perfectamente erguida y solamente la cabeza reclinada sutilmente al lado de la foránea, mientras sus manos que se habían aferrado a su cuello delicadamente, casi envolviéndolo por completo, se deslizaban con tersura hacia los hombros –Y sin embargo, mírate- una palma subió con agilidad hasta tomar bajo la mandíbula y mentón de su esclava, liderando su mirada hacia el espejo frente a ellas –Aseada, perfumada, reluciente…- nariz de propietaria paseó mimosamente entre los rubios cabellos, aspirando el aroma de las fragancias utilizadas para su baño –Con tu figura sana y sin rebozar en esencia de ruines bastardos- yemas de dedos libres se deslizaron finamente por entre los senos de Naomi –Cálida y colmada, alimentada satisfactoriamente- dígitos deambularon con parsimonia alrededor del ombligo de la aludida y descendieron hasta concluir en la entrepierna de su acompañante, abriéndose hueco entre la frazada para aprisionar su vagina y frotarle el órgano en un delicioso y disimulado vaivén –Húmeda por el más espontáneo deseo, sin necesidad de estímulos forzados o penetraciones impuestas- susurró en un tono sugerente al oído de su esclava, apartándose finalmente y cruzando por delante de ella mientras lamía en mueca traviesa y sensual lo recolectado en sus pálidas y diestras falanges, como si se tratase del más dulce y apetitoso chocolate derretido.
 
-Tu habitación es esta, de modo que puedes descansar en cualquier sitio de la misma. Naturalmente no eres parte de la servidumbre, tus funciones son esencialmente distintas. Eres mi ghoul, Nano, va siendo hora de que lo aceptes. Te he elegido para ser mis manos más diestras, mi escudo más fiel y mi espada más filosa- le dio la espalda a su huésped, caminando hacia el amplio ventanal que ahora se hallaba sin persianas que bloquearan la hermosa vista nocturna del cielo y sus astros, así como de un porcentaje considerable de la ciudad y sus respectivas luces –Tu pasión, tu terquedad, tu alma indomable y tu determinación son minerales en bruto que planeo pulir y convertir en radiantes joyas de valor incalculable. Puede que ahora no seas más que una niña inmadura, pero reconozco el talento cuando lo veo. Yo te convertiré en mujer- Giró entonces levemente su rostro para dedicar una sonrisa cómplice a su subyugada -¿Anhelas poder, Nano? ¿Tienes aspiraciones de grandeza? Una mujer ambiciosa puede tomar al mundo en sus manos si realmente se lo propone. Los hombres que creen llevar el control de todo son en realidad criaturas mediocres, involucionadas, muy sencillas de doblegar bajo sus propios instintos y múltiples debilidades. ¿Tienes el valor para superarte a ti misma? ¿Te animas a aprender los secretos para llevar al máximo exponente tus dones? Te invito a permanecer de mi lado con predisposición- empezó entonces a avanzar a pasos elegantes hacia su ghoul, remarcando el contoneo delicioso de sus caderas turgentes y ajustadas por la ropa –Nuestro vínculo de sangre indestructible te hará irónicamente libre, a excepción de mí. Yo seré la única de la que nunca podrás librarte, jamás; pues para todas las reglas siempre existe una excepción- murmuró al oído de su enfrentada, a la vez que le apartaba delicadamente los cabellos de la zona con su grácil diestra.
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Re: En mis manos, el lugar que te corresponde {Compra MN} +18

Mensaje por Invitado el Jue Jun 26, 2014 4:23 pm

El vello erizado, las mejillas azoradas e incluso el temblor provocado por el contoneo que aquellas condenadas manos hicieron consigo no mermó su espíritu y con mirada altiva enfocó a la propietaria del inmueble con el descaro propio de quién sin duda no parecía etiquetarse cómo la esclava que debía ser, la tenía de espaldas, tan perfecta y femenina como en el primer encuentro, hablándole mientras parecía estar absorta en el paraje tras el cristal. De nuevo se aproximaba enemiga tras un giro excepcionalmente grácil y a su avance, ella retrocedió, convencida de que las manos que ya vio asesinar no serían indulgentes para consigo y escañarían toda esperanza de fuga y le privarían de la vida que Marshal siempre procuró cuidar, pero una vez más se vio sorprendida ante la suavidad empleada para con ella. Aquellas que vio asesinar se comportaban dóciles con su piel, algo que le dejaba desconcertada y con retorcidos deseos de conocer de que otras formas se movían y rozaban. Descartó aquella pueril idea de inmediato y enfadada más consigo misma que con la vampira, movilizó siniestra buscando que la misma no le temblase al crear contacto con la foránea y así, el dorso, golpeó aquella que merodeaba próxima a su faz retirándole las claras hebras de su oído. –Es muy vanidoso creerse por encima de los que llamas mediocres; Sin ellos, posiblemente tú no existirías. Caerías muerta por falta del alimento que ellos te proporcionan, un animal no podría satisfacer tu tracto digestivo.- cuando aseguró la mano de la morena lejos de sí fulminó a su antagonista con la mirada, como si buscase reducirla a escombros con aquella muestra de desdén. –Y no me rehusaré al pacto, pero debes saber que soy la Ghoul del hombre que me crío durante mi infancia. No serás la única que circule en mis venas, así cómo mi sangre no será exclusiva para ti.- alzó mentón, dejando claro su orgullo al mentar al viejo que durante años le procuró cuidados y atenciones más propias de un padre que no de un comprador. –Me debo a él. Y por él tengo ambiciones. La de ser más fuerte, la de conseguir el poder y la sabiduría suficiente cómo para derrocar a los que ensuciaron su nombre.- aquellas pupilas suyas buscaron de algún modo la mirada contigua, permitiendo que fuera participe de la decisión expresada en cada vocablo. –Me rescataste de la mala suerte porque ellos aún no han encontrado mi posición. Pero lo harán. Lo harán y vendrán a buscarme. Cuando cumpla mi legado y si verdaderamente me ha servido de algo aprender a tú lado, volveré.-


Habló desinteresada, pero expuso sin miedos, trueques o engaños sus planes: Irse, escaparse, regresar al lugar de dónde provenía para vengarse y aunque jamás se imaginó con correa en la gola le dio la declinación final que ni ella mismo supo por qué expuso: La de volver, la de regresar a su lado y proseguir siendo suya. Algo iba mal. ¿Por qué hacerlo si lograba salir de ahí? Ella... Repasó con la mirada el cuerpo femino que tenía frente a sí, de pies a cabeza, lentamente, detallándola aún y por encima de la ropa prieta que la ataviaba como buena damisela. Sería su porte, su elegancia o quizás el modo en el que desparramaba una tenaz confianza lo que le hizo saber por qué se entregaría a ella si esta le daba las pautas necesarias. Ahora alzó un dedo, el índice diestro, llevándoselo directo a la comisura para pedirle silencio, ahí, bajo su piel, pudo sentir el tacto suave y turgente de unos labios que ya degustó en repetidas ocasiones. –Aprenderé todos los trucos que la Dueña me enseñe sin quejas.- y tras ello, retiró el dígito, pasando por un costado del cuerpo contrario. Pasar junto a ella hizo que el aroma de su perfume le embriagase y se viera obligada a girar la cara para verla de perfil: Sin lugar a dudas una belleza de ése calibre no podía ser humano.

De manera pesada y rudimentaria su cuerpo encontró lugar en una cama que parecía esperar por ella, la vestimenta pre-fabricada posteriormente con la sábana no se deshizo de su fisonomía, muy por el contrario se enredó por sus extremidades cómo la serpiente a un tronco del árbol y ahí quedó, boca abajo, con una pierna flexionada ligeramente hacia arriba pero con la seguridad que la sábana le cubría lo menester para que aquella de pelambrera tan negra como la noche no le importunase con unos juegos eroticos que cada vez le humedecían más los insanos deseos de un pecado demasiado nuevo para alguien convencido en que la raza se debía a la unión de dos sexos diferentes y no de uno sólo. Con los párpados ya bajados aspiró el aroma que embriagaba la almohada y un sonido placentero manó de sí con tal naturalidad que le sobresalto. Percatándose del hecho en sí, profirió después un gruñido tañido. –Dormiré aquí... Pero sólo por hoy, mañana iré a investigar el resto de habitaciones para poder decidir con cual me quedaré.- era obvio que ni la misma dueña de tamaño castillo lograría, por ahora, hacerle doblegar en su posición demandante y siempre altiva, mostrándose frente a su compañera cómo una roca difícilmente amovible frente al torrente huracán que era su compradora; Agua y aceite. Eran lo más dispar existente pero a pesar de ello, algo en su fuero interno le hacía mantenerse próxima, aunque no por ello menos alerta frente a presencia ajena.
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Mensaje por Invitado el Lun Jul 07, 2014 2:21 am

Las palabras de la esclava tomaron por sorpresa a la vampira, dejándola anonadada durante algunos instantes hasta que logró finalmente asimilar todo lo librado por la rebelde que parecía luchar incluso batallas inexistentes, dispuesta a derribar todo a su paso, imponerse a través de su debilidad. Era ofensiva pero a la vez sumamente atractiva. Los ojos intensos de Evangeline le perseguían con anhelo, ansiando ver mucho más de esa fémina tan interesante y demandante con el presente que le había tocado, aunque mayoritariamente tuviese cada aspecto en contra. Las osadías que se prestaba aquella rubia le incordiaban pero en cierto punto el sentimiento se transformaba en deseo, el más hambriento y posesivo. Era un desafío más que una meta y definitivamente no estaba dispuesta a rendirse, ni mucho menos perderlo, ni frente a un hombre ni a nadie.
 
Sus pasos se aproximaron calmadamente hasta la que intentaba conciliar el sueño con descaro y unas defensas excesivamente bajas, y se sentó erguida, manteniendo una pose perfecta mientras le observaba de lado, sonriendo con complicidad -¿Irte y regresar?- rió sutilmente y con gran destreza se montó al cuerpo que yacía extendido, girando rápidamente a su víctima boca arriba y tomándola por el mentón para que la mirase, mientras su palma restante aferraba con poderío la muñeca diestra de la esclava -¿Crees que soy el tipo de mujer que se conforma con limosnas?- le preguntó en un susurro suave y delicado, aunque perfectamente vocalizado frente a los labios tentadores de su prisionera -He puesto mis ojos en ti, te he convertido en MI ghoul y nada ni nadie en el cielo, tierra o infierno podrán quitarme lo que me pertenece- ladeó el rostro de manera juguetona, esbozando una expresión traviesa a la par que acercaba su boca al oído de la rubia, librando su respiración y aliento con una sensualidad muy particular -Únicamente tengo que drenar toda tu sangre hasta que sólo quede la mía en tu interior y llenarte hasta el desquicio. Tocar tu piel, cada centímetro, hasta borrar completamente la huella de cualquier otro ser. Moldear tu cuerpo y corazón entre mis manos hasta construir una lealtad ciega y absoluta- enumeró sin titubear un momento sobre su poder para cumplir dichos objetivos -La noche es joven, apenas comienza, y este es el día en que yo me muevo y actúo como vástago. ¿Dormir? Ya habrá tiempo para las necesidades secundarias, es mejor aprovechar el dulcísimo manto de la oscuridad para hacer cosas productivas- y con la aludida frase condecoró sus eróticos planes para esa que tan temerariamente había cometido la tontería de desafiarla.
 
-Pero... si resulta que escapas de este juego, ya no podrás retomarlo. En este mundo no hay espacio para idiotas ni cobardes- musitó, enderezando su columna lo menester para observar a su compañera fijamente a ese bonito rostro con que había sido bendecida. Sus manos con la determinación propias de una verdadera ama, sujetaron las muñecas de aquella rebelde contra el colchón, apresándola con una firmeza que hasta ahora nunca antes había demostrado. Iba en serio, sin duda. Sus labios rojos se prestaron a la aventura de descender hasta el cuello de la que alguna vez fue humana y besarlo muy pausadamente, lamiendo la extensión primeramente con la punta de su lengua y luego avanzando progresivamente a medida que hundía más su órgano contra la zona, convirtiendo esa caricia en una plagada de erotismo. Su saliva quedó marcando un peligroso sendero alrededor de la parte donde sus colmillos decidieron entrar en juego. Capturó sutilmente su epidermis con los afilados y le pellizcó hasta que la misma se soltó enrojecida. Nuevo paso demandante del músculo rosado y húmedo y la boca se abrió ampliamente, abrazando un considerable rango y hundiendo su dentadura contra esos tentadores vasos que la llamaban a gritos irresistibles.
 
Sorbió, succionó con una ansiedad palpitante mientras su cuerpo se estremecía desde los rincones más recónditos hasta los más operantes, absorbiendo junto a aquel líquido sublime el calor de un cuerpo vivo que le hacía erizar su albina piel gélida como la nieve. Presionó más sus fauces sobre la víctima, robándole descaradamente cuantiosas cantidades de sangre que no se molestó en pedir prestadas. Naomi era suya y ya iba siendo momento de dejárselo en claro.
El alimento era indudablemente de la mejor calidad y esto ocasionaba que la ansiedad de Eva y su libido simplemente se incrementaran. El movimiento de sus labios acompañaba la succión con masajes y la lengua recolectaba lo que brotaba sin detenimientos por la herida. Le vaciaría lo suficiente para bajar sus defensas, para tenerla ahí rendida a su merced y saborearla a su gusto. Quería fundirse con ese cuerpo aquella noche y no iba a reprimir sus instintos por un orgullo inmaduramente elevado.
 
A medida que empezó a percibir cómo la presión sanguínea disminuía y la tensión de esa fisonomía que siempre se mostraba reacia a recibirla mermaba copiosamente, las manos de la vampira descendieron en caricias por los pálidos brazos de la ghoul hasta llegar a su pecho y sujetar la tela en la que se había envuelto vagamente con la esperanza de salvarse de lo inevitable -Ingenua...- susurró divertida, apartando su boca más roja aún pero por la vítae que le perfilaba, y se relamió para evitar desperdicios. Ojos ardientes como el fuego se fijaron entonces en su propio tacto y sin miramiento alguno libró lentamente a la fémina de la sábana que la ataviaba, realizando movimientos elegantes, precisos y habilidosos . Seguidamente su zurda se apoyó en la espalda de Nano, a la altura de la cintura y su rostro bajó hasta la pelvis de la señorita, empezando a lamer desde allí hacia arriba, bordeando el ombligo y subiendo hasta el centro de los senos de la menor. Se detuvo y levantó levemente su mirada para delinear uno de aquellos con unos ojos colmados en fantasías oscuras, a la vez que la mano libre del vástago se ocupada de sostener por lo bajo el pecho derecho y alzarlo, demostrando su forma y máximo esplendor a la vez que su nariz se acercaba al pezón y olía sutilmente aquel, dejando chocar contra ese su cálida respiración. Sonrió de lado y la miró a los ojos justo antes de abrir la boca, rodearlo en una caricia lasciva con su lengua y terminar por apoyarle uno de sus filosos colmillos encima, moviéndolo delicada y peligrosamente de forma circular.
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Mensaje por Invitado el Mar Ago 19, 2014 5:45 pm

¿Si escapaba...? ¿Qué? ¡¿Qué demoni-...?! Toda la vitalidad que minutos antes mostró de manera tan arrolladora declinó a confusión cuando aquella de modales hasta ahora exquisitos se ubicó sobre su cuerpo y le atajó por las muñecas haciendo muestra de esa fuerza sobrenatural que hasta ahora sólo la vio utilizar para contra aquellos que semanas antes intentaron propasarse. Sus manos se tornaron un férreo puño pero en primera instancia no hizo amago de utilizar la fuerza para liberarse o buscar escapar de debajo de un cuerpo que cada vez le atraía más. –No tienes ningún derecho a apropiarte de mi.- farfulló siempre revestida con un tono despectivo que irradiaba la ira de mostrarse con correa asiada a la mano de nadie; El único con mencionado privilegio era y sería siempre el que desde niña etiquetó como padre tras la tragedia vivida. Que conociera las leyes de la oferta y la demanda en el intrínseco mundo de la venta de esclavos no quería decir, en absoluto, que aceptase un papel sumiso u entregado, muy por el contrario que aquellos que ya habían nacido entre barras de metal, ella tenía una meta por la que vivir y una persona que muy posiblemente estaría buscándola.

Voluminosidad roja se abrió camino por la candente piel de su cuello y aunque encogió su posición no fue capaz de evadir mejor aquella que a cada centímetro de terreno ganado parecía aumentar el nivel de presión. Y llegó el momento. –¡Mierda...!- ocultó el gemido cargado de dolor con un improperio que lanzó todo lo alto que pudo, retorciéndose bajo la que parecía que iba en serio por primera vez en toda la noche. El juego había terminado y estaba demostrándolo de un modo tan primitivo que pudo llegar a asustarle si no fuera por el hecho de que sangre manaba a borbones por sus vías para parar en la boca que recogía golosa cada gota succionada y con ello la sometida iba debilitándose poco a poco. Aquellos puños cerrados pronto perdieron la convicción de su posición y no quedaron más que unas lánguidas manos ahí dejadas sobre la cama sin fuerza siquiera para cambiar la posición de los brazos cuando la otra paseó las manos por los mismos, abandonando con ello sus muñecas. La vista se le había nublado y su respiración parecía estar ahora jugándosela, obligándose a sí misma a mantener el ritmo de las inhalaciones para procurar no caer en el desmayo, no obstante, el nerviosismo estaba latente pues a pesar de que su vitalidad parecía haber finado con la innegable perdida de sangre, sus sentidos, probablemente burlándose de su deshonrosa posición, parecían ahora estar más sensibles al tacto de unas palmas que a pesar de estar heladas le quemaban la dermis.

Ocurrió lo inevitable, sábana se hizo a un lado frente a las ordenes del vástago en acción y aquella vuluptosa de pecaminosa procedencia ahora jugaba sobre uno de sus senos, logrando que la que intentaba no caer en desmayo emitiera el primer sonido verdaderamente placentero de la noche. La comisura de la ghoul se abrió de par en par para procurar interceptar ése aire que le escapaba, que parecía desaparecer a cada nuevo avance y que le tenía tan concentrada en cada bocanada. Las pulsaciones eran débiles, lo que antes fueron mejillas rojas ahora lucían pálidas. Pero todo aquello no impidió que su cuerpo banal, burdo e impuro reaccionase. Los pezones se irguieron ante el gélido aliento de la vampira y junto a ellos también se le erizó la piel en muestra de lo experimentado bajo ése cuerpo que más de un hombre hubiera deseado poseer.

-P-paah...- era incapaz de pronunciar un solo vocablo. Los monosílabos eran su única fuente de comunicación a falta de fuerzas para hacer resonar las cuerdas vocales como hubiere deseado en primera instancia, aunque las palabras de la pelinegra aún rugían en su interior. ¿La desecharía sin más si no...? su mirada se tornó algo más seria y se empañó con lo que negaría que fueran lágrimas y haciendo acopio de su fuerza de voluntad logró mover una de aquellas inertes sobre el colchón para apoyar temblorosa palma sobre la frente foránea, apartándola de su erizada extensión de piel desnuda, clavándole la mirada cuando la encontró. ¿Apartarla? Debía. Quería. ¿O no? su gesto se perdió en indecisión y aunque hubiera podido valerse del impulso para hacerle hacia atrás su gesto terminó en una muy sedosa caricia de sus nudillos contra la fría mejilla de la morena. Tosca , su mano volvió a tomar posición sobre el colchón al unísono que la cabeza de la rubia se giraba hacia un lateral de la cama para así apoyar la mejilla contra la mullida zona. Gesto para evadir la que segundos antes había buscado, dándole callado permiso para adentrarse en paraje que hasta ahora únicamente le había valido de moneda de cambio. Ahora no demandaba nada. Contacto con una desconocida, roces de quién de un modo tan apremiante estaba aclamándole de su propiedad sin siquiera conocerla. Fuerzas le fallaban pero intentando mostrarse fuerte como acostumbraba, cercó la cadera de otra con lo rollizo y terso de sus propios muslos al desnudo, acaparándola con sigilo, silenciosa.

No admitiría lo que allí estaba a punto de suceder, se negaba a verse envuelta en algo tan depravado.
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