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Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

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Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 20, 2014 9:46 pm

Los resplandecientes rayos del sol travieso se colaban a través de los impecables vidrios de las ventanas en aquel pulcro dormitorio que nadie sería capaz de imaginar que pertenecía a un varón, pues el orden y estructuración reinaban por doquier. El dueño, ya despierto antaño, en pie e invadiendo el cuarto de baño, se hallaba ataviado con una bata de raso italiano negro, cepillando sus dientes mientras observaba con pereza su penosa imagen en el espejo frente a él. Parpadeó pesadamente sin verdaderos ánimos de continuar despierto para seguir con aquella horrible vida que llevaba y especialmente molesto con la idea de tener que ir a escoger nuevamente un esclavo. Ekho se había ido. Por decirlo puntualmente: le había abandonado para huir sin darle la cara por última vez.

Quitó el cepillo de su boca y escupió en el fregadero con el ceño fruncido, manteniendo los párpados cerrados, silenciosamente dolido. Mientras nuevamente sus ojos se abrían al cruel mundo para coger un vaso con que recolectar agua y enjuagar su boca, sus pesimistas pensamientos no dejaban de atormentarle. Quería eliminarlos, quería poner su cerebro en blanco y borrar su pasado, pero definitivamente no contaba con un poder capaz de cerrar esos dolorosos capítulos. Siempre terminaba así, solo. Realmente era una criatura incapaz de ser apreciada ni mucho menos amada. ¿Sólo un muñeco? Si sólo contaba su apariencia, definitivamente no era más que eso. ¿Qué tanto de bueno tenía esa superficialidad a la que el mundo se apegaba con ahínco? Ni tan siquiera morir pudo y ahora sólo restaba continuar danzando al ritmo de su madre, luchando por endurecer su corazón y olvidar.

Abandonó el recinto tras concluir completamente con su higiene personal y se despojó a sí mismo de la bata, colgándola en el armario y tomando del mismo una camisa roja a cuadros con un jean y zapatos negros que fueron calzados en sus pies. Añadió un poco de colonia, un colgante alrededor de su cuello, un cinto de cuero oscuro, y partió sin prisa hacia su objetivo: el mercado negro. Manejó por su cuenta ya que ahora ni tan siquiera poseía un chofer que le llevara a donde necesitaba. Si su madre lo veía definitivamente le mataría, así que debía remediar aquello pronto o concluiría su libertad. Esta vez estaba decidido a cambiar de táctica: ya que un sirviente masculino no era leal, probaría con una mujer, al fin y al cabo ambos géneros no parecían conocer la fidelidad.

Cuando se vio inmerso en aquel antro ilegal y poco habitable para cualquier persona, frunció la nariz, disgustado con el aroma desagradable que provenía de la trastienda. Avanzó hasta llegar frente al escritorio y cogió un catálogo, mirándolo sin mucho interés pero con prisa para marcharse en cuanto le fuese posible. Sin embargo, tan pronto como sus ojos se toparon con la foto de una figura femenina bien conocida para él, simplemente perdió toda voluntad para cambiar de página y lo cerró rápidamente. Ryoko… esa mujer, ¿qué demonios hacía allí encerrada, a merced de cualquier depravado comprador? Definitivamente no era su proble, aún así ¿por qué se vio a sí mismo rellenando el documento con sus datos? ¿Estaba LOCO? Tras depositar su firma, retrocedió prácticamente horrorizado consigo mismo. Dio unas vueltas preocupado e intentó huir, pero… mierda, los paparazzis le tenían rodeado. Tendría que haberse camuflado un poco más al pasar por el barrio. ¿Y ahora? No quería verla, ni oírla, ni mucho menos llevársela; aunque… quizás simplemente podría considerar esto como una venganza.

Nombre: Ryoko Yazawa
Raza: Diablillo
Número: 436
Ficha: http://sakurai-rolamoesclav.forofenomeno.com/t6668-stay-whit-me-ryoko
 
Nombre: Mashima Taichi.
Esclavo: Ryoko Yazawa.
Domicilio: Hopeless Desire.
Tipo de pago: Tarjeta.
Firma: M. Taichi


Última edición por Mashima Taichi el Jue Mar 13, 2014 5:03 pm, editado 3 veces
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 24, 2014 11:17 pm

Vendida y avisada  (〜 ̄▽ ̄)〜

-Les entrega una bolsita de dulces por la compra(?)- ヽ(´▽`)ノ”
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Mar Mar 18, 2014 1:25 pm

¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas? Mirada del mismo matiz del café se deslizó en aquella pútrida estancia sin mayor intención que la de procurar identificar al personaje que respiraba de manera pesada a escasos centímetros de su maniatada figura. Una niña. Debería rozar los once años, quizás ni a ellos llegaba. Párpados cerrados y expresión de sufrimiento, estaba tan pálida cómo la pared de yeso que ambas tenían adherida a la espalda. Muerte acechaba a aquella mortal criatura y ninguno de los empleados parecía estar preocupado por el estado de la misma. Guardias iban y venían de manera constante pero aquella no se llevó más que miradas de lástima y alguna negación de cabeza: Estaba perdida. Y posiblemente, si su propia naturaleza no fuera más fuerte que la de los mortales ella misma correría la misma desgracia.

Antes de llegar a ése zulo su persona moró en otra tienda que fue asaltada por las fuerzas del orden. Aunque pudieron rescatar a alguno que otro ahí encerrado, ella entró en la lista de preferencias de los vendedores para asegurarle una nueva plaza en muevo aposento y mientras distraían a los guardias con armas de fuego y disparos al aire los denominados reliquias fueron uno a uno empujados hacia la parte posterior de una furgoneta. Todo fue tan rápido... Dejó de observar a la futura muerta y con gesto agotado agachó ligeramente el semblante, largas pestañas le imposibilitaron vislumbrar de un modo correcto las botas que frente a sí se plantaron en menos de lo que dura la vida de un humano. Arqueó una ceja cuando el hombre la llamó por su número de venta y de un modo poco certero éste le desligó del muro para arrastrarla junto a sus acelerados pasos. Unos que siquiera fue capaz de seguir al ritmo correcto. –¡Oye, gorila!- gruñó pero al ver que ése corpulento no se andaría con lindezas intentó poner su mejor esfuerzo en seguir el ritmo impuesto por unas piernas que medían lo que su fisonomía entera.

Sin más dilación ni ningún tipo de miramiento por el bienestar de la vendida aquel que fue a su encuentro le obligó a postrarse de rodillas frente a quién aún no había podido ver siquiera la cara y con mano tosca le hizo reverenciar la cabeza, consiguiendo con ello que largas hebras fueran decoración extra de aquel mohoso suelo. –Aquí tiene. Disfrute de su compra... Señor.- arrastró cada palabra con fingida adoración hacia el que había soltado el generoso fajo de billetes y para cuando finalizó su parte del intercambio, liberó a la diablilla del agarre y esta siquiera dudó un segundo en alzar la cabeza para encararse con gesto malhumorado al que se había atrevido a comprarle. Mal hecho. Muy mal hecho. Su corazón palpitó a un ritmo que no supo si seria capaz de contener y un curioso sentimiento desconocido se aposentó en su vacio vientre, causándole ganas de...

La sorpresa estaba blindada en aquel semblante casi aniñado pero no despegó ni un momento su mirada de la de aquel que ahora la tenía bajo su poder. ¿Sería cosa de su padre? ¿Le había traído hasta allí para humillarle aún más? ¿No había bastado todo lo anterior? Intentó ponerse en pie pero las piernas le fallaron en consecuencia a la ridícula ingesta que en aquel burdo local les otorgaban . no habló. No pudo. Nudo grueso en la garganta le impedía incluso poder tragar. –Taichi...- quizás era uno de esos patéticos sueños que cada noche se repetían. Sí. Debía de ser eso.
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 21, 2014 4:12 am

"Ignórale, ódiale, ignórale, ódiale"- palabras que se alternaban insistentemente en su mente, queriendo grabarse, reforzaban sus bases en vacíos recuerdos que alguna vez fueron catalogados como los más bellos, pero caducaron irremediablemente. Convencido estaba su cerebro de que nada más podría unirlos, excepto la venganza que probablemente lo empujó a comprarla; y sin embargo su traidora fisonomía actuó independientemente a la razón y protegió a la fémina de cualquier rasguño. Cuando sus rodillas fallaron, allí estuvieron los fuertes y precisos brazos de Taichi, sujetando con zurda la pequeña muñeca y jalándola hacia arriba mientras diestra sostenía su estrecha cintura, colocándola en pie. Debía ser un estúpido o quizás demasiado honrado, pero no soportaba el verla de rodillas. -Si te caes y lastimas sería problemático- escuetas palabras procuraban bloquear toda clase de amabilidad proveniente del lesionado sentimentalmente, ya que error de tal nivel por parte de Ryoko era definitivamente imperdonable ¿verdad? La promiscuidad, la deslealtad y la traición eran fallos premeditados.
 
Aún así, ahí se hallaba su imbécil corazón, latiendo a todo trote mientras cubría a la mujer de sus pesadillas con su propio abrigo, procurando esconder su identidad de los reporteros que le perseguían -No quiero que nadie te vea conmigo e invente historias estúpidas, así que sólo sígueme en silencio- ordenó con proporciones similares de frialdad e indiferencia, arrastrándola por donde la tenía sujeta. Su tacto no era posesivo ni brusco, tampoco violento. Si la diablilla prefería huir o regresar sobre sus pasos, fácilmente lo haría y el incubo no se opondría. ¿Qué pasaba por la mente de esa mujer? Nunca lo imaginaría, era incapaz de entenderla aún con su gran coeficiente y lógica. ¿Qué haría con ella? Realmente no lo sabía. Su corazón estaba completamente cerrado desde desilusión amorosa, bloqueando emociones, sentimientos, anhelos. ¿Odio? Ni eso era capaz de hospedar en su alma quebrada. Ni un sueño, ni una meta; aún así ¿por qué su mano continuaba aferrándose a la opuesta? ¿Su calidez era falsa? pero todavía con ello seguía siendo la única con la capacidad de llegar hasta lo más hondo de su ser.
 
Su escape de los medios fue diestro y audaz, escoltando a la señorita fuera de ojos curiosos, aunque las cámaras no se detuvieron en capturar varias fotografías del perfil corporal de la niña. El joven Mashima se la llevó consigo a su vehículo, donde los oscuros vidrios no permitirían a los espías el observar a la peculiar pareja. Suspiró cansado cuando finalmente la carrera concluyó y pasó una mano por su frente, peinando sus desordenados cabellos con estilo y carisma, hasta terminar deslizando su tacto al volante y agarrarlo fuertemente. Adoptó una postura erguida pero cómoda, recostada sobre el espaldar mullido de su asiento, simulando que todo lo sucedido no le afectaba realmente -Necesito de carácter urgente una empleada que se ocupe de las labores domésticas de mi hogar. Vivo solo bajo esa única condición de mi madre, así que por ello has sido seleccionada. Supongo que aún recuerdas algunas de mis costumbres y gustos, de modo que creo que no te será tan complicada la convivencia. Si no puedes o no quieres, te devolveré al mercado negro, así que tu destino está en tus manos. Elige- y tras finalizar esa chance de salvación que otorgaba a quien realmente no la merecía, encendió el motor de su lujoso coche negro, sin dirigirle la mirada un sólo instante.
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 21, 2014 10:17 pm

Prácticamente hundida sobre el asiento de aquel caro pero ya conocido vehículo se descubrió parcialmente la cabeza, aunque no llegó a retirar el abrigo con la que se vio proveída antes de salir de aquel mohoso lugar. Aquella tela yacía impregnada con el aroma del que a pesar de la cercanía se mostraba tan frío como un bloque de hielo y en añoranza a lo perdido hundió su nariz contra lo ofertado para respirar así de aquella colonia que semanas atrás invadió cada poro de su esencia, escuchando sin interrumpir aquello que el otro estaba ofreciéndole: Trabajo. ¿Entonces no era obra de aquel mezquino? ¿Había sido todo movido por el destino? El silencio que siguió a aquello fue únicamente irrumpido por el sonido del motor, encendiéndose tras el giro de llave. Alrededor del coche el gentío se aglomeró cámara en mano, buscando retratar algo que pudiera dar portada para alguna revista, convencidos de que el atractivo y joven rostro de Taichi podía vender cientos de tiradas del siguiente número que apareciera en cualquier aparador.

-No quiero volver.- A perderte. Evadió el pensamiento con una negativa de cabeza que sentenció la decisión tomada. –Haré todo lo posible para que su convivencia sea apacible, Señor.- no era el trato que quería, no era así cómo se imaginó el rencuentro, pero de cualquier forma, tenerle al lado ya era motivo de celebración. Por más que quisiera el sentimiento que nació ya dónde las llamas caldeaban su abandonado hogar no podía apagarse, ése chico, ése humano había arrebatado cualquier resquicio de su esencia tornándole alguien débil y maleable en cuanto a sentimientos. No podía evitarlo. Él... Él era su amor eterno. Y con ése pensamiento le serviría y cuidaría, todo era poco si era el precio estimado para estar junto a él. Cerca. Estaba terriblemente cerca y siquiera podía tender una mano para buscar el calor de su rostro. Cerca. Estaba ahí, respirando a menos de un metro de su posición y no fue capaz de exponer verdades: No. Era muy precipitado y el lugar poco apropiado para una confesión de ése calibre. Estaba totalmente convencida de que los aglomerados en las puertas del auto estaban también pendientes de la conversación, aunque no sabía del cierto si esos cristales tintados también encubrirían sus voces, aquella tecnología mundana proseguía haciéndosele extremadamente dispar.

Por su parte, subió la delgadez de sus piernas para quedar totalmente sumida sobre la amplitud que ése asiento le ofrecía, estrechando los muslos contra su nulo pecho y buscando que su mentón quedase sobre las huesudas rodillas encubiertas por las mangas del abrigo contrario. Ahí, oculta entre las ropas de tan reconocido aroma se permitió dibujar una sonrisa, la primera que nacería en sus labios desde el momento en el que Taichi descubrió el pecado. Había... Esta vez, había sido ella la encontrada y no parecía que el progenitor de éste tuviera nada que ver. Sea cómo fuere, volvería a conquistar ése corazón, aunque algo le había saber que el mismo había sido endurecido. Más que eso. Él... Parecía haber prescindido totalmente de las emociones.
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 23, 2014 1:26 am

En cuanto la respuesta de Ryoko atravesó los oídos del incubo, Taichi respiró hondo, más aliviado, aunque no fuera capaz de darse cuenta ni él mismo de la presión terrible que había sufrido aguardando saber si ella permanecería a su lado o no. Esa mujer, esa terrible mujer, tenía una tóxica gravedad que lo atraía inevitablemente y sin la cual su existencia se apagaba; pero las adicciones son difíciles de superar, incluso sabiendo de su mortalidad. Engañarse a sí mismo fingiendo frialdad e indiferencia, era el peor error que fuese a cometer. Sin embargo ya era demasiado tarde para dar marcha atrás... ahora simplemente no podía renunciar a ella, sin importar las excusas que se inventara. Tras una máscara de venganza reprimiría y ahorcaría su desquiciado amor.
 
El resto del viaje fue completamente en silencio hasta que arribó a su mansión y aparcó el coche en el jardín, luego de abrir las verjas que cercaban el terreno para prevenir invasores. Estuvo a punto de rodear el vehículo para ayudar a la muchacha como todo un caballero, pero realmente esa no era ninguna dama. Apretó su puño derecho, conteniéndose a sí mismo y alejándose hacia la mansión sin mirar atrás. Ryoko no era más que su esclava y debía aprender a verla y tratarla como tal. Incluso eso era muy misericordioso para quien se había divertido tan cruelmente a costa de sus sentimientos; aunque el castigo que comenzaba dirigido a la fémina, definitivamente lo sufría el joven Mashima más que nadie.
 
Ingresó el código junto a la puerta y esta se abrió, descubriendo un hogar verdaderamente despampanante y lujoso, decorado empalagosamente por cuantiosas riquezas que pocos se permitirían en la ciudad. Los muebles destilaban elegancia y buen gusto, dejando resaltar el blanco y dorado, mismos tonos que engalanaban las paredes, dando un aspecto de cuantiosa iluminación en la amplia sala. Aún así Taichi no se inmutaba en absoluto al arribar a su casa, siendo totalmente familiar a dicho nivel de vida o quizás indiferente a los lujos indispensables para su madre. -Tu tarea es despertar todas las mañanas al alba, alrededor de las cinco, y comenzar el aseo general de la casa, descontando el segundo piso que es donde se ubican los dormitorios. Lavarás y encerarás los pisos hasta que puedas ver tu reflejo en el mármol, limpiarás las ventanas, lavarás los tapizados con cuidado y sutileza, lustrarás los muebles, cambiarás los arreglos florales, prepararás el desayuno y subirás a mi cuarto para preguntar si bajaré a comerlo o deberías subirlo. Luego de eso tienes que ocuparte del resto del hogar, sin olvidar nada, ni un sólo rincón. Los horarios son: desayuno 7 AM, merienda 6:30 PM, cena 8:30 PM y por supuesto has de tener listos siempre los obentos para el almuerzo en el Instituto. Aprenderás cocina internacional, arreglos florales, música, jardinería, etiqueta y conducción de vehículos. Convivir con más de un sirviente se me hace molesto, así que debes ser loable para todo- comunicó sin un resquicio de piedad o cambio de expresión en su frío semblante, mientras caminaba por la mansión, dando instrucciones y detalles específicos -Por supuesto, espero que para mañana te hayas aprendido las ubicaciones de cada habitación y objetos necesarios para tus quehaceres domésticos. Por hoy... puedes disfrutar tus últimas horas de libertad, asearte, cambiarte de atuendo y descansar- regaló una migaja de amabilidad, empezando a subir las escaleras con elegancia, moviendo sus largas piernas finas sin miramientos, viéndose atractivo aún desde atrás y especialmente en la perfecta forma redondeada de sus nalgas que se lucían por demás bien con el jean que portaba -Sígueme- ordenó rotundo, sin lugar a opiniones o comentarios extras.
 
Ingresó en un dormitorio precioso, digno de una reina distinguida y jovial, avanzando hasta el armario y abriéndolo para tomar un simple pero elegante vestido, verdaderamente costoso. Regresó sobre sus pasos y lo colocó en manos de su nueva acompañante -Puedes usar esto por hoy hasta que te compre ropa, pero te advierto que es de mi madre, así que si quieres continuar con vida, te sugiero que lo cuides como si fuese tu alma- comentó con naturalidad aquello, aunque no era una amenaza sino más bien una advertencia de lo que la dueña sería capaz si uno de sus tesoros era ultrajado -El cuarto de la servidumbre y su respectivo baño son los últimos del pasillo, del lado opuesto- indicó sencillamente, antes de abandonar a la diablilla por su cuenta y dirigirse a su estudio.
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 27, 2014 8:45 pm

Siquiera pestañeó. Toda su atención estaba puesta en la espalda de su amo, quién tras esas frías palabras y a pesar de seguir ingresada en un cuarto posiblemente prohibido, desaparecía sin dar marcha atrás, permitiéndole la intimidad menester para descubrir por cuenta propia dónde yacía el que se tornaría su dormitorio en las semanas –y quizás meses- venideros. A sus brazos, el fino vestido de la pertenencia de la progenitora de ése amor suyo se le antojó excesivamente liviano, posiblemente, debido a la alta calidad de la costura. Movió la cabeza en negativa y toda su larga cabellera cepilló su espalda al compás del movimiento: Debía memorizar demasiadas cosas para antes del alba, que sería, sin lugar a dudas, cuando su rutina se vería destrozada a manos de quién en una época fue su único protector en la tierra. Tomó aire desde los labios y con gesto decidido salió del cuarto, cerrando la puerta tras de sí con delicadeza. Una vez fuera puso rumbo al lado opuesto por dónde supo que el castaño hubo desaparecido, predispuesta a dar con lo que, según las indicaciones de Taichi, sería su cuarto, su morada. Su lugar de reposo en las horas que no estuviera de rodillas sobre el mármol para procurar máxima limpieza al hogar. Cada nuevo avance era una nueva recolocación de la cara tela que procuraba proteger y es que su estatura no ayudaba a cargar con el largo de aquel fino atuendo empero doblarlo sería posiblemente sinónimo de arrugarlo, y lo que menos deseaba era lidiar con un primer enfado por parte de quién destilaba odio cada vez que posaba sus ojos en ella. Pronto, quizá antes de lo esperado logró dar con lo que sería su cuarto y aunque sin duda carecía de los lujos con los que el resto de la vivienda contaba, tenía una cama... Algo que el mercado negro no le ofrecía. La ambientación era simple pero acogedora, cosa que le haría sencillo el acostumbrarse a merodear por ahí en las horas que no tuviera que encargarse de las tareas ya programadas por el dueño del lugar.

El silencio le resultó extrañamente incómodo. Aquella condenada alcoba parecía estar diseñada para hacer eco de todo sonido producido y es que el roce de la escasa tela de la que era portadora deslizarse por su dermis se escuchó nítido. Primero el abrigo del humano fue a dar contra el colchón proveído de unas ropas de cama extremadamente finas, más tarde, la poca tela que los vendedores le obligaron a portar se hizo espacio en la moqueta. Siquiera contaba con ropa interior por lo que se encontró desnuda, con el atuendo de la madre de su amor perdido cerca de dónde ahora restaba el abrigo de éste. Miró la prenda y así, más tarde, a sí misma. No. No podía ensuciar aquel divino traje con su mohosa presencia.

Asomó la cabeza por una pequeña obertura de la puerta: Nadie merodeaba por ahí. Salió del cuarto y con prisas logró adentrarse en el baño que según creía le pertocaba, lugar dónde tuvo que batallar para que el agua no saliera fría o por el contrario, le escaldase la piel. El champo olía a frutas, el gel propiciaba cuantiosa espuma; A pesar de ser posiblemente productos más baratos a los que utilizaba el dueño, aquello era mucho más de lo esperado tras la vivencia en aquel pútrido lugar. Agua caía sin cesar sobre la blanca dermis de la diablilla, cuerpo que parecía estar revestido por la largura de una cabellera adherida a cada poro de su cuerpo. Despacio, echó la cabeza hacia atrás y permitió que aquellas incontables gotas rociasen su semblante, uno que ahora irradiaba absoluta paz.

------------

Se miró en el espejo un par de veces más. Aunque en un principio creyó que aquel vestido le iría grande o sería demasiado ostentoso para alguien de su fisonomía parecía... Parecía hecho a medida. No sobraba un ápice de tela, más tampoco faltaba. Acentuaba su escasa forma femenina e incluso, le daba cierto toque distintivo que, con ceño fruncido, creyó imposible. Giró sobre sus propios talones para así observar la parte posterior de su fisonomía, arqueando ligeramente las cejas. Era... Era perfecto. Se llevó la mano diestra al hombro y se apartó con cierto aire presuntuoso el pelo que recaía por la zona haciendo que la cortina de pelambrera volviera a ser parte de sus hombros e incluso cintura. –Bien, Ryoko... A por ello.-

Tarde. Era tarde. Posiblemente y debido al horario de su actual dueño éste estaría ya descansando por lo que sería sin duda la ocasión perfecta: Esa noche no tenía pensado dormir. Debía... Debía saber dónde se encontraban los utensilios que precisaría para el cuidado ajeno. También necesitaría saber dónde yacían todos y cada uno de los espacios del hogar para no importunar en el descanso de los propietarios del inmueble. Aún frente al espejo se recogió el cabello en una cola alta, aunque de todas formas la largura del mismo quedó más allá de su cintura, moviéndose al compás de cada movimiento que hiciera.

De puntillas salió de lo que había denominado cuarto, entendiendo tras las palabras contrarias que la segunda planta eran las habitaciones, así que... Bajó las escaleras a pies descalzos y aunque todo restaba en calma y oscuridad no pareció temer o amedrentarse. Una a una fue abriendo las puertas: Sin guía, sin preguntar, sin temor. Lo conocería todo y... Sin lugar a dudas, sería la mejor para él. La sorpresa condecoró su cara de manera real y atroz cuando dio con la cocina, de hecho, su mano prosiguió sobre el pomo de aquel portón mientras observaba el lugar: Conducir, cocinar, planchar... No estaba segura de poder con aquello, pero sin duda, descubrir todo rincón de aquella cocina le llevaría años.

Indecisa en un inicio se adentró en el lugar y apoyó una mano sobre el frío mármol de una pequeña isla implantada en medio del lugar. Suspiró pesadamente y tras ello guió sus pasos hacia la nevera: Taichi no le había mencionado ningún tipo de dietas ni gustos, aunque los conocía a la perfección. Quizás... Quizás si fuera capaz de aprender aquello que nunca le hizo falta.
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 4:35 am

Suspiró sentado en un confortable sofá, ubicado frente a un lustroso escritorio de roble. El lápiz que sostenía en su mano se agitaba nerviosamente hasta el punto en que terminó recargado en sus labios, golpeteando con insistencia los mismos. ¿Qué estaría haciendo ella? ¿Y qué demonios le importaba a él? Eso era lo peor de todo, no poder quitarla de sus pensamientos ni un sólo instante. Tenía tarea y encima acostumbraba a estudiar el tema que le tocaría en la siguiente clase, para así estar siempre alerta a responder perfectamente cualquier pregunta formulada por sus profesores; sin embargo aquello era imposible con su cerebro lleno de la maldita diablilla. Suspiró apesadumbrado, dejando el lápiz sobre la superficie de trabajo. Una diabla... era cierto, ahora que sabía esa verdad, entender porqué para ella el amor no significaba nada más que un juego con que joder a otros, era mucho más simple. A pesar de todo, sin importar el daño, no podía negarlo: la amaba y odiaba amarla así.
 
Resignado, dejó los materiales y extendió su mano diestra a un lado, justo donde se hallaba su computadora portátil encendida. Tenía que buscar en alguna web unos atuendos a la medida de Ryoko y comprarlos rápidamente o acabaría desnuda. Tampoco era cómodo dejarle tanto tiempo la prenda de su madre, principalmente porque si la adulta la descubría, definitivamente esa que se suponía debía sufrir en su compañía, acabaría muerta o lejos de él. Imposible. Todo menos lejos de él. A su alcance, justo a la distancia de su mano, ahí es donde debía estar siempre esa malvada diablilla, porque la "odiaba" y porque estaba seguro de que ellos compartían un destino incierto y complejo en el que jamás se separarían. Como Adán y Eva, condenándose el uno al otro pero creados específicamente para permanecer unidos hasta el final.
 
Escogió varios vestuarios diversos, siendo la mayoría femeninos, bonitos y de marcas importadas de excelente calidad. Su buen gusto en todo aspecto nunca fallaba y aunque lo había hecho casi sin meditarlo, cualquier mujer en su sano juicio terminaría rendida en brazos de un hombre que se gastase fortuna tal en su aspecto y con semejante colección digna de princesas. Por supuesto, a ello sumó un par de trajes de sirvienta, guantes y delantales. Durante el trabajo Ryoko debía llevar su uniforme, pero al salir o en su tiempo libre, contaría con unas cuantas opciones para lucir. Suspiró nuevamente tras concluir la transacción y cerró el portátil, poniéndose en pie para ordenar las cosas en su sitio correspondiente. Ya que ahora no era capaz de concentrarse, no forzaría la situación, sino que aprovecharía de hacerlo durante la mañana o madrugada. Probablemente cuando su acompañante durmiese fuese la manera de estar tranquilo.
 
Decidió entretenerse con un pequeño aperitivo y por lo mismo se dirigió a la cocina con la intención de capturar una fruta. Mala idea. Sus pies se paralizaron en la mismísima entrada, desde donde vio inevitablemente a Ryoko frente a la nevera, analizando el entorno. Aún desde la espalda, aún cuando la perspectiva no era buena, sus labios se abrieron levemente y por reflejo involuntario, mientras los embelesados ojos del incubo detallaban con adoración la figura que para su corazón y sentidos era sencillamente perfecta. Podía sentirlo con claridad: su aroma, su temperatura, su esencia, los cuales le hechizaron como en viejos y buenos tiempos. Caminó hacia ella sigilosamente, sin llamar la atención en absoluto, y extendió sus brazos hacia el frente, pasándolos a ambos lados de la delgada fisonomía, dejándola capturada entre su cuerpo y la nevera abierta, a la vez que respiraba sobre su nuca, disfrutando secretamente la cercanía con tan anhelada espalda. Fueron apenas unos segundos los que tardó en recolectar una manzana, pero se le convirtieron en extensos minutos donde sólo existieron ambos. No quería separarse, pero tenía que hacerlo, ya que el desgraciado timbre de la puerta estaba insistentemente sonando.
 
-Ve a atender- mandó a Ryoko, sin despegarse de su sitio, mas moviendo lo menester sus brazos como para otorgarle paso; y suspiró tras la salida de su esclava, asegurándose de que no lo viera flaquear un sólo instante en su expresión frívola.
 
Realmente eso había sido peligroso en demasía. Casi había estado al borde de no poder contenerse y tocarla, acariciarla con deseo. Sin embargo su lógica le prohibía hacerlo. A esa promiscua cuyo sólo interés radicaba en el sexo, descontando los puros sentimientos del corazón, su peor represalia sería jamás volver a contactarla sexualmente ni en lo más mínimo. Viviría en la castidad hasta que pagara por su traición. Aún así lo que Taichi desconocía era que quien se encontraba llamando a la mansión, no era el repartidor con los atuendos para Ryoko, sino una venganza involuntaria que azotaría poderosamente a la infiel.
Hermosa jovencita algo más baja que el Mashima pero alta y esbelta en consideración a la diablilla, saludó a la sirvienta y se coló con ánimos y familiaridad en la mansión. Llevaba un vistoso y femenino abrigo de lana y su cabello recogido en un rodete a un lado de la cabeza, por el que sobresalían cuantiosos bucles rubios perfectos y radiantes. Máscara para pestañas resaltaba el tamaño y azul de sus ojos motivados, mientras que falda corta rosada y holgada lucía sus bellas piernas pálidas y largas, engalanadas con botas cortas en los pies.
 
-¿Taichi debe estar en casa a estas horas, verdad? La semana pasada quedó de salir conmigo pero mi agenda se complicó así que lo tuve que posponer- pronunció la muy confiada señorita, saltándose el saludo a la simple empleada hogareña por la euforia con que extrañaba al incubo. Entonces se percató de su error cuando se hallaba a mitad de sala y giró su rostro, dándole un recorrido de pies a cabeza a Ryoko -Oh, qué despistada soy, lo siento mucho- se disculpó, dándose un golpecito gracioso en la frente -Es un gusto conocerte, debes ser la hermana menor de Taichi. Yo soy Kana-chan- pronunció, extendiendo su mano hacia la contraria. -Ella no es mi hermana, sólo es la empleada doméstica- acotó repentinamente el dueño de casa, quien había irrumpido en escena con la manzana en mano y observaba al dúo recargado en el arco de la cocina. Al oír aquello, la invitada olvidó su formalidad para con la otra fémina y cortó su ademán antes siquiera de llegar a estrechar la otra palma. En su lugar sus pupilas se abrieron con excitación y corrió hacia el varón, abrazándolo por el cuello -¡Taichi!-
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Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 8:10 pm

Las pulsaciones se hubieran salido de cualquier gráfica. Aquella que por norma general tenía siempre controlada toda situación estaba con el hálito exaltado, producto de la inesperada cercanía que Taichi tuvo para consigo: Hacia meses que aquel cuerpo no merodeaba tan limítrofe al perteneciente y la aborrecida por el incubo yacía ahora con el nerviosismo a flor de piel, con las sensaciones del cálido soplido contrario erizándole cada porción de piel a pesar de encontrarse ya en dirección al portón. El timbre sonaba y volvía a sonar, cómo si el dedo que estuviera ejecutando dicha acción estuviera al borde de la desesperación, como si estuviera persiguiéndole todo un séquito de lobos hambrientos y aquel hogar fuera la única medida de escape. Ya lejos del dueño y señor, el ceño de la diablilla se frunció tenuemente dándole un aspecto más infantil que no molesto. La... La oportunidad de poder hablar con él en una escena propicia se había esfumado, todo por culpa de quién fuera que estuviera ahí.

Abrió sin demasiada ansia y aquella que en un momento mostró el más cándido enfado mutó a la sorpresa. El cuerpo de aquella dama pasó sin siquiera mirarle, buscando con la mirada algo que por ahora la nueva sirvienta desconocía. Mano fue extendida mientras la extraña hacia alarde de simpatía e ingenuidad digna de toda muchacha criada en el mismo nivel económico que Taichi, no obstante antes de poder estrechar la ofrecida, voz conocida por años de observarle irrumpió en la escena y la fémina se lanzó a sus brazos sin preámbulo. La que vestía con las ropas del anfitrión se quedó inmóvil en su posición, aún con claros indicios que hacían comprender que la escena estaba siendo, a su modo de ver, surrealista. Taichi no era de los que llevaba chicas a casa... ¿O tal vez ahora sí? Atendió al modo en el que la delgadez de los brazos de aquella mujer se estrecharon algo más entorno al cuello del varón y a pesar de que su voz salió en su susurro, sus habilidades permitieron que escuchase cada palabra con precisión. –Te extrañé... ¿Tú a mí no? No me llamaste.-

Hizo un mohín y cómo si aquella que presenciaba toda la escena no estuviera presente, la de envidiable fisonomía ladeó el rostro lo menester para que su comisura se encarase a la del propietario, para entonces, Ryoko no pudo más, sabía lo que vendría en caso de no actuar. Y... No lo permitiría. No caminó; Un humano no hubiera llegado a su destino tan rápida cómo atinó a hacerlo aquella venida del infierno, su mano, firme y poco gentil agarró a la damisela por uno de aquellos largos y finos brazos por la parte posterior al codo y tiró lo menester para que la rubia mirase en su dirección, le sonrió con vergüenza y cierta culpabilidad, posiblemente en ademán de disculpa, pero la diabla no le dio tregua. –El abrigo.- fue seca. Extremadamente seca. No obstante aquello no terminó ahí. No soltó a la auto-invitada, si no que acompañó al movimiento del apéndice de esta hasta que el mismo quedó lejos del cuerpo de SU amado. –No es necesario que...- la muchacha buscó ayuda , contemplando de soslayo al dueño del hogar. –De verdad. Puedes retirarte.- quedó paralizada. Esa chica estaba comportándose cómo... cómo ella quizás lo hizo cuando ambos estaban juntos. La confianza para adentrarse en la casa e incluso, permitirse dar órdenes al personal.

Taichi la había cambiado. No reconocería que aquella que estaba mirándole con culpabilidad no fuera del tipo de chica que se esperaba para alguien cómo el humano: Atractiva, sumamente atractiva, gentil, cordial... Era todo lo que, sin lugar a dudas, ella no era.

La que por ahora carecía de nombre fue consciente del modo en el que Ryoko parecía perderse en la mirada casi ausente de aquel por el que vino y la incomodidad repentina le invadió. De pronto, las palmas de esta se juntaron en un aplauso único pero sonoro, llamando la atención de la nueva empleada. –Tómate la tarde libre.- le guiñó un ojo, cómo si verdaderamente estuviese haciéndole un favor. –No creo que Taichi se niegue...- miró hacia el castaño ahora con la misma inocencia con la que hasta ahora se había hecho gala. –¿Verdad?- pero lo que aquella de bucles dorados no sabía era algo que sí comprendía aquella que vestía con atuendos demasiado lustrosos para su nueva condición, antes de permitir el habla a su propio dueño se reverenció en un ángulo perfectamente ensayado con anterioridad. Aquella larga coleta que hasta ahora hubo barrido su espalda se esparció en la nada, abanicando el caldeado ambiente. Aún con semblante gacho, habló. –Iré a acostarme con el permiso de mi Señor.- revelarse implicaría volver al mercado. No ceñirse a su nueva vida sería desaparecer por siempre de ése camino. No se lo podía permitir. Ahora... Tal vez ahora le tocaba a ella sufrir.

Enderezó su posición con un rostro inexpresivo, tanto cómo uno de aquellos androides imperfectos con los que la ciencia luchaba: No podía ni debía mostrar flaqueza. Un segundo. Uno sólo. Fue una fracción. Un instante. Buscó al que aún ocupaba sus pensamientos y se permitió la osadía de sostenerle la mirada conforme avanzaba hacia el largo pasillo. Poco tardó en desaparecer por las escaleras, aunque, aquellos enzarzados en nuevo abrazo por la insistencia de la muchacha, no apreciaron que las rodillas de la empleada se derrumbaron cuando quedó lejos de la mirada de esos. Su cuerpo temblaba aunque a pesar de ello fue incapaz de comprenderse a sí misma: ¿Por qué no les detenía? ¿Por qué no le hacía fuera? ¿Por qué...? Enterró la cara contra sus palmas e intentó ahogar contra estas un ahogado quejido fruto de su desesperación. No estaba preparada para esa noticia, no tan pronto, no el mismo día que de nuevo le había encontrado.

Unos dedos tan féminos como sensuales se enredaron en la corta cabellera del propietario de incontables riquezas, enroscándolo en la falange de manera juguetona entre movimientos circulares. De nuevo le tenía atrapado un abrazo. –¿Qué haces comiendo una manzana a estas horas?.- parecía haberse dado cuenta de la fruta que el otro sostenía y agregó una risita angelical, cristalina. –Eres Adán y buscas cometer pecado?.- los dígitos de la rubia, ahora que estaban a solas parecían más habidos que anteriormente y estos se postraron en la nuca del incubo, empujándolo hacía sí. –Para ello sabes que basta con ir a tú habitación.-
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 02, 2014 12:10 am

No fue capaz de pronunciar una sola palabra más, ni apoyar un bando, prolongar la discordia, atacar o acentuar lo que Ryoko parecía estar comprendiendo mientras los veía juntos. A pesar de que su objetivo de traerla consigo había sido catalogado como venganza, en cuanto sus orbes acaramelados contemplaron la nítida expresión de angustia que en el semblante de su víctima se plasmó, todo su mundo ficticio y rígido se vino abajo. Únicamente consiguió mantenerse aferrado con las manos a la cintura de quien le había abordado primero, ocultando su mirada entre el flequillo y esbozando una postura totalmente impasible. ¿Por qué? ¿Por qué le dolía tanto el verla sufrir? A pesar del incalculable e irreparable daño causado por ella, ¿cómo es que era tan estúpido para seguirla protegiendo y amando?
 
Cuando la diablilla desapareció de su rango de visión, Taichi se desplomó finalmente, permitiéndose abrazar con intensidad a esa que le prestaba su cuerpo sin rodeos ni orgullos. Recargó su barbilla en el pequeño hombro de la rubia, hundido en un aura de desolación mortal que procuró ocultarle, y sus manos amplias y fuertes viajaron hasta los omóplatos femeninos –Pero tú no eres Eva y yo ya estoy condenado…- susurró, cercano al oído de quien no comprendía bien ni alcanzó a hacerlo pues su nuca y rostro se vieron apresados, y luego sus labios fueron engullidos por los del que desde un inicio había anhelado. La preocupación que levemente había despertado en la invitada por la oración que Taichi libró, rápidamente se deshizo ante el embrujo sexual del incubo, sujetándose fieramente a él y correspondiendo con una avidez incluso mayor a la del hombre. La respiración de quien respondía al nombre de Rina, pronto se volvió acalorada y exhaustiva, en compás a su alarmado corazón. Quería más, definitivamente podría matar por recibir más de esa apetitosa criatura infernal. Sus ojos brillaban de placer y se quedó observando embobada la expresión del opuesto cuando se separaron. –Has llegado en el momento más oportuno. Necesito vaciar mi mente justo ahora, olvidar- se frotó la frente con el dorso de la mano una y otra vez, pacientemente, sin demostrar ni un leve porcentaje de la obsesión foránea. –No hay problema, ven conmigo y haré que olvides todos tus malestares, Taichi- le invitó la adyacente, quitándole la manzana de la mano a medio comer y depositándola en el primer hueco que halló.
 
Tras ello, tomó con confianza por ambos brazos al dueño del hogar, mientras le sonreía con picardía, y empezó a jalarlo hacia el segundo piso, con rumbo a su dormitorio que ya bien conocía. De las amantes ocasionales del joven, ella era la más atrevida y posesiva, quien osaba regresar por su cuenta incluso sin invitación para repetir. Tenía un bonito y atractivo cuerpo, era adinerada, la mejor de la clase de Taichi entre las mujeres y por ende, la más popular. Aún así, para quien ahora estaba siendo arrastrado sin oponer mucha resistencia, le daba exactamente lo mismo que cualquier otra. Desde su primer y último error amoroso nunca más volvería a cometer la estupidez de priorizar.
 
-Sólo relájate, me ocuparé de todo así que disfruta- clara y concisa fue la expresión de Rina en cuanto la puerta del dormitorio del incubo se cerró con ellos dentro de la estancia. El cuerpo del mayor cayó pesadamente sobre el colchón suave, empujado por ella; la misma que se trepó a la fisonomía suya, sentándosele a horcajadas y riendo mientras le desabotonaba la camisa –El color rojo le sienta muy bien a tu piel, tienes un gusto que cualquier chico envidiaría, Taichi- le elogió la fémina, abriéndole completamente la prenda para acariciarle el pecho con ambas manos, a la vez que se mordía impaciente el labio inferior –Por eso todas las mujeres están tras de ti… eres inteligente, culto, atlético, carismático e irresistible… pero si tuvieses una novia de tu mismo status definitivamente tu popularidad aumentaría. Alguna vez tendrás que aceptarme, no me rendiré- osada y temeraria habló la amante, bajando su boca hasta la suave y apetecible piel del muchacho, besándole el centro del torso y subiendo hasta su cuello para lamerlo y mordisquearlo. Quería marcarlo, sin dudas a ella siempre le gustaba hacer ese tipo de estigmas en ese que no podía tener pero sí reclamar y con ello espantar a quienes se ubicaban por debajo de su estándar.
 
Durante algunas horas ocuparon los gemidos la casa hasta que el clímax de ambos se hizo presente, de forma descontinuada por supuesto. Rina, como siempre, había gemido como una gata en celo, gritando y sobreactuando más de lo necesario, y es que pertenecía al club de teatro y realmente le encantaba el drama. Taichi por un instante se preguntó si tal vez Ryoko hubiese escuchado algo, aunque no se alegró ni deprimió por ello. Simplemente cuando concluyó su actuación, se hizo a un lado, sentándose en la cama y suspirando. –¿Lo has disfrutado, Taichi? Ha sido sensacional- rió socarrona la colegiala, desparramada con el rostro sobre las piernas del incubo, queriendo normalizar su respiración. Entonces él acarició suavemente sus cabellos desaliñados, masajeándole el cuero cabelludo cariñosamente, siendo tan caballeroso como su reputación le precedía –Gracias, eso ha sido… bastante reconfortante- musitó, aunque su expresión lucía algo apagada.
 
Cerró los párpados, reclinándose en el espaldar de la cama. Se estaba torturando con imágenes múltiples en su mente. Nada se había solucionado, nada se había borrado, todo continuaba exactamente igual o peor, pues no pudo hacer otra cosa más que imaginar durante la velada entera cada rincón de Ryoko en esa figura a la que estaba conectándose. Cruzársela de nuevo había sido demasiado malo y peligroso, se estaba trastornando. Al fin y al cabo el único que sufría con su venganza era él. Eso era odioso, demasiado humillante y humillación ya había sufrido demasiada. -¿Por qué no pasas a bañarte antes de ir a tu casa? Yo mientras haré mi tarea y mañana te la paso- le invitó con cordialidad, a lo que su huésped aceptó encantada, marchando al toilette en cuanto besó a su compañero.
 
Taichi abandonó el dormitorio llevando encima su bata de seda roja, suficientemente holgada como para lucir el vistoso chupón que Rina había dejado en su cuello y algunos arañazos por los pectorales. Se metió sin rodeos en el cuarto de su esclava y se detuvo un instante, mirándola en silencio, llenándose de múltiples pensamientos –Ve a asear y cambiar las sábanas de mi dormitorio- le ordenó con simpleza y sin más la abandonó con rumbo al estudio. Él sí era una persona de palabra.
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Mensaje por Invitado el Vie Abr 04, 2014 9:40 pm

Logró llegar al cuarto, con los ojos empeñados en lo que se negaba a soltar por puro orgullo y con las rodillas tan temblorosas que parecían no poder soportar su fisonomía. Durante el trayecto fueron varias las veces que se tentó en girar y detener lo que sabía del cierto que acontecería en el hogar, en ir y reclamar lo que desde años pasados consideraba de su pertenencia. Pero no fue capaz. Sus pies le llevaron a buen resguardo y creyendo que la cama aliviaría su pesar una vez su cuerpo descansó sobre el lustroso colchón, la banda sonora protagonizada por aquella que parecía estar siendo torturada por el apéndice del dueño de la casa logró paralizar todos y cada uno de sus músculos. No a muchos metros estaba dándose tamaña y lujuriosa  verbena. Le había olvidado. Taichi le había cambiado por una mujer de curvas más acentuadas y de altura más acorde a la suya. El desparpajo de esa rubia despampanante hubo dejado clara su posición en la casa e incluso, en muestra de falsa misericordia, le había regalado unas horas de descanso... Torció los labios al pensar en la ironía de aquello. Sabiendo que su ex pareja y ahora propietario estaba retozando en unos brazos que no eran los suyos sería incapaz de sosegarse. La inquietud moraba en ella e incapaz de conciliar el sueño puso los pies descalzos sobre el suelo de nuevo y quedó así sentada sobre el lecho, por fin los gemidos habían cesado, pero con todo aquello, su tortura aún no había comenzado. El verdadero sufrimiento vino cuando, para su sorpresa, la puerta de su pequeño habitáculo se abrió sin siquiera hacer antes mención de acto de presencia.

Su propietario le había sorprendido quitándose el fino atuendo que en todo momento procuró siquiera arrugar y es que cuando la puerta se abrió, ella estaba de espaldas a la misma con medio vestido ya pasado por encima de la cabeza en clara actitud de abandono hacia el cuerpo que hasta ahora hubo protegido. Cómo si jamás hubiera estado desarropada frente a otros ojos dejó que la prenda cayera contra el lecho y buscó cubrirse con lo primero que alcanzó, siendo la sábana anteriormente revuelta para meterse bajo la misma. Una vez nulo busto fue cubierto, se giró. Si antes creyó romperse, ahora incluso pudo apreciar el sonido de su órgano hacerse en cientos de fragmentos.

El Adonis en su estado más sensual, más perfecto... Pero con unas marcas del peor y más doliente pecado.  El esplendor protagonizado por tan bello cuerpo se veía roto por los arañazos sobre una dermis fuerte, varonil. La frialdad de sus palabras lograron que la diablilla pensase en el desacato: ¿Por qué? ¿Por qué le había traído? ¿Esa era su venganza? Si bien hasta ahora intentó enfundarse en el papel de buena esclava, no pudo evitar que los celos reaccionasen por ella. Dio uno. Dos. Tres pasos. Soltó incluso la sábana que le hizo de velo y agarró por un brazo al que sin más tenía intención de volver a desaparecer por los pasillos. Cuando logró detener el paso contrario y estando a sus espaldas, intentó que la voz no le temblase al hablar. –No.- si él era directo, ella también podía jugar a serlo. –Le... Le recuerdo que me ha dado la tarde libre.- Taichi anteriormente, luego fue la misma rubia que había marcado algo de SU pertenencia.

Hubiera deseado  poder hacer ahora halago de sus poderes e irse de allí, de desaparecer, pero no era consciente de que el incubo ya sabía del secreto por lo que no le quedó más remedio que volver sobre sus pasos en dirección a la habitación posteriormente abandonada. No había más prenda que la que cubría su trasero, el resto de aquel cuerpo con figura aún infantil permanecía desnudo. Era menuda, estrecha, sus muslos eran redondeados aunque lisos, turgentes, aquellos incluso no llegaban a rozarse entre sí, creando un pequeño arco entre ambos debido a la extrema delgadez que presentaba. Piernas finas, largas en comparación al resto de su figura. El pequeño hilo de la única prenda interior yacía pendido en una cadera de nula, cubriendo la suavidad de un trasero poco acentuado. Dio media vuelta con aires de superioridad muy a pesar de que al verse desnuda otras chicas hubieran recurrido al pudor, ése mismo que ella mostró con anterioridad. La largura de esa lacia y sedosa melena le cepilló con gracia la espalda, estando vagamente recogido en una cola ahora medio desordenada debido al ajetreo. Le dedicó una mirada de soslayo. Una sola antes de volverse. Pero no fue su habitación el lugar al que parecía desear recurrir. Se encaminó hacia el cuarto mancillado, así, sin cubrirse, sin adecentarse. –Pero si mi Señor insiste...- esta vez habló sin detenerse a dedicarle una sola mirada, predispuesta a hacerle ver a esa muchacha que ella... ¿Qué era ella ahí? ¿El peón en el juego de Taichi?: No lo permitiría.

Tal y cómo el mismo dueño hizo para con su habitación, entró en los aposentos sin mostrar ninguna señal de respeto o pudor, girando la manija para dar con el desastre: Ropa desperdigada, sábanas desparramadas... Y los condones utilizados. Torció el gesto, empero aún estando en la puerta la fémina voz asomó tras el suave contoneo de la caída del agua que, claramente, distinguió cómo la de la ducha.

-¿Has cambiado de idea, Taichi? ¿Quieres bañarte con-...- las palabras de aquella otra cesaron de inmediato cuando, al asomar su rubia cabeza por uno de los laterales de la puerta se encontró con la esclava prácticamente desnuda frente a sí. La diablilla sonrió con engañosa ternura y señaló la cama. –Tengo ordenes de cambiar las sabanas.- si bien anteriormente aquella muchacha no cesó palabra ahora parecía no encontrar las correctas para la situación y observó a aquella infantil con la boca abierta, estando ella misma oculta tras la puerta. –¿Le molesta mi ropa de trabajo?- se llevó una mano a la cadera y tiró muy ligeramente de la goma de su braga, a lo que aquella otra se ruborizó por la ira. -¡T-Taichi!- le llamó en un grito casi horrorizado, teniendo frente a sí a la que no se dejaría pisar. Ése hombre era y sería suyo por siempre.

Lejos de alejarse o mostrar respeto por la que era la señora del hogar, inició su enmienda y descolocó las sábanas, dejándolas de cualquier modo por el suelo, enrollando los preservativos con estas, aunque ahora la duda de no saber dónde estaban las limpias atacó y con gesto confundido se dirigió hacia el armario, ignorando a esa que temblaba tras la puerta del baño del cuarto, mirando la escena sin creerse del cierto que una mera sirvienta fuera capaz de actuar de aquel modo y es que el resto de los empleados no eran tan descarados, osados y maleducados cómo esa que ahora tenía las narices metidas en uno de los grandes portones del armario principal.
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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 05, 2014 4:45 am

Se vio sorprendido por las palabras de Ryoko y más aún por la desvergüenza mostrada. ¿Qué demonios estaba haciendo? La que tan sumisa se había lucido hasta el momento, ahora parecía finalmente haberse cansado de aquel papel bajo y comenzar a movilizarse con imperativa en donde podría haber sido mucho más que una mera empleada si su lujuria no la hubiese descarriado de los brazos de Taichi. Se le quedó mirando incrédulo, mientras ella se alejaba y el corazón del incubo se aceleraba progresivamente, recordando el aroma de aquella cruel cercanía, sus ojos, su pelo, y más aún su desnudo cuerpo que aunque nada resaltase para el resto del mundo, a sus demoníacas pupilas era sencillamente perfecto, sublime. Debió masajearse el pecho, intentando calmarse y controlarse, pues inevitablemente sus instintos le urgían abalanzarse sobre ella, pero su cerebro se lo prohibía fehacientemente.
Sabía que se avecinaba una ardiente y problemática disputa; aún así no osó interferir ni mínimamente. Si a Rina le molestaba Ryoko... ese no era su problema. No tenía lazos con ninguna de las dos y no necesitaba dar explicaciones a nadie, de modo que ellas mismas deberían solucionar sus inconvenientes. De momento la tarea era su prioridad, así como calmar su mente con obligaciones.
 
Bajó la escalera con lentitud y elegancia, siendo interrumpido a medio camino por un timbre. Era improbable que alguien más tuviese la diligencia de atender, así que se atrevió a hacerlo por su cuenta, encontrándose en el portal con el repartidor de la tienda donde había comprado online ropa para su esclava. Recibió la entrega y firmó por la misma, cogiendo la lujosa y larga caja donde venían los trajes. Seguidamente cerró con seguridad y continuó hacia su estudio, donde se ocupó de revisar uno por uno, que se tratara del talle correcto, buena calidad y los modelos exactos. Tras la confirmación, volvió a guardarlos en su recipiente y preparó todos los materiales del colegio en su escritorio para retomar sus tareas pendientes. El tema era sencillo y se lo sabía bien, ahora que se ubicaba más despejado probablemente consiguiera terminar en poco tiempo. Sin embargo, una vez más se vio interrumpido por la rubia invitada, quien con el cabello aún mojado pero ya vestida se coló en aquel despacho, exasperada -¡Taichi!- exclamó colérica por la falta de respeto obsequiada por Ryoko; mas el dueño del hogar no le dio tiempo a proseguir con el previsible discurso y enseguida marcó en el teléfono el número de un taxi, llamándolo a su vivienda.
 
-Ya es tarde, una señorita de su reputación y categoría no debería andar por las calles a estas horas- pronunció con calma, suspirando rendido y alzándose para rodear el escritorio y apoyar sus nalgas sobre el mismo -Si no regresa pronto sus padres la reprenderán e incluso podría perder su puesto como presidenta de la clase- le persuadió, haciéndola templar y autocontrolarse por su propio bienestar social. Luego caminó hacia la que todavía yacía frustrada a pesar de no comentar nada más, y le pasó un brazo por la espalda para confortarla, mientras la acompañaba al exterior de la mansión. Una vez en las escalerillas de la entrada, le tomó el mentón y dirigió la mirada de la fémina hacia la suya, robándole la atención -No eches a perder tan maravillosa velada que hemos compartido por cosas insignificantes, vete en paz- le aconsejó con una sutil sonrisa vacía, muy falsa, pero que logró encantar a su víctima y disuadirla de su enojo y ganas de alboroto. Al final, Rina se fue satisfecha tras besar los labios del Mashima por última vez.
 
Era un verdadero fastidio. Taichi se giró sobre sus talones suspirando con pesadez y regresó dentro de la casa, algo molesto por el frío que le había calado a través de la bata durante los cortos minutos de espera en el exterior. Nuevamente se dispuso a completar su tarea, pero en aquella ocasión se encerró con llave para prevenir interrupciones y no se despegó del asiento hasta que todo acabó impecable. Un largo pero sutil quejido escapó de sus labios mientras se echaba hacia atrás en el cómodo asiento de oficina y se masajeaba un hombro a sí mismo. ¿Qué estaría haciendo la diablilla? Ya era muy tarde incluso para la cena, y aunque realmente no era algo indispensable en su dieta, no acostumbraba a saltarse las comidas, procurando vivir como un verdadero humano. Por una vez sus horarios habían sido abruptamente atropellados, y es que siempre que Ryoko aparecía en su vida, todo giraba y se descontrolaba.
 
Lo primero que hizo fue subir hasta el dormitorio de su esclava con absoluto sigilo y depositar sobre una de las camas libres para la servidumbre aquella caja con sus nuevas prendas. Después salió, cerrando suavemente tras de sí, y marchó hacia la cocina con cierta pereza, arrastrando las pantuflas. Abrió la nevera, llevando una mano a su barbilla mientras meditaba el menú que gustaría de probar y se determinó por algo coreano: un estofado con kimchi. Reunió los ingredientes, acomodándolos de forma ordenada y prolija sobre las encimeras y tras lavar sus manos profundamente, tomó una cuchilla y la col, empezando a trozar la misma ágilmente como si de un experimentado chef se tratara. Nunca cometía errores, nunca fallaba en nada; pero desde que Ryoko había llegado... ya no era más ese muchacho perfecto sin nada que temer, sin nada valioso a lo que aferrarse y por lo que preocuparse. Se había vuelto débil y teniéndola constantemente en su cerebro, cometía múltiples tonterías. Aunque quisiese ocultarlo, ella lo había hecho poderoso y lamentable a la vez, ella poseía la habilidad de potenciar y minimizar su alma, de darle la humanidad que siempre buscó; pero la misma podía ser muy aterradora. Y así, otra vez, con esa fémina en sus pensamientos volvió a hacerse daño. El filo se deslizó descuidadamente por su dedo índice y el mismo empezó a sangrar copiosamente, mientras el incubo se miraba su propia esencia sin alarmarse un ápice, perdido en sus debates internos.
 
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Re: Voltearle el rostro a la fortuna es cuestión de actitud [Compra MN]

Mensaje por Invitado el Dom Abr 06, 2014 12:44 am

Había ganado el primer asalto. El triunfo blandió el semblante de la diabólica cuando vio partir a la rubia con sus pertenencias bajo el brazo sin tan siquiera dedicarle una nueva mirada. Nada. Cuando se supo sola en el cuarto dejó de rebuscar las telas que debían cubrir la cama y se tentó en inspeccionar los cajones y todo rincón de aquella habitación, pues estaba convencida de que lo que fuera que pudiera encontrar ahí le ayudaría a comprender sobre el nuevo estilo de vida de quién, meses atrás, fue su pareja. No obstante el nuevo chillido de aquella mujer mentando al dueño y señor le hizo olvidarse momentáneamente de aquello y reanudó su labor como sirvienta. Ya había tentado demasiado a su suerte y estaba convencida de que a Taichi no le habría hecho especial gracia que espantase de aquel modo a toda una dama venida de buena familia.
Aquel armario prácticamente cumplía la función de vestidor y es que la cantidad de prendas allí aglomeradas hubieran sido capaces de abastecer a un pueblo entero de aquellos numans que vivían en la más absoluta pobreza. Toda tela era fina, de procedencia posiblemente Italiana, sin ningún desperfecto y correctamente planchada. Ni un fallo, ni una arruga. Nada que implicase algún tipo de desorden. Sin embargo no parecía haber rastro de lo que precisaba para su posterior enmienda, o no fue así hasta que, al hacer la cabeza hacia atrás divisó las sabanas: Dobladas, perfumadas e incluso, también planchadas.

Una única mirada de reojo bastó para asegurarse sola en el lugar y valiéndose de aquellos poderes que en tiempos pasados intentó disimular sus pies se alzaron del suelo y aquella impoluta y blanca espalda tuvo cómo adorno dos pequeñas alas negras que se agitaron perezosas para alzar la figura de la que, con los brazos extendidos, logró atrapar lo menester, lanzándolo de cualquier modo contra el colchón y haciendo de aquello inmaculado un embrollo de arrugas. Quería que el propietario del lecho pudiera ser capaz de sentir la rabia, el recelo, el dolor. Cuando se aseguró de tener todo lo necesario bajó de nuevo y se procuró en armar la cama del mejor modo en el que fue capaz, pues sin duda, ella misma era tratada cómo una reina antes de que Mashima se encargase de arruinar todo lo que desde el infierno planeó y procuró para restar al lado de aquel por el que se hubo obsesionado.

Con la orden de su amo ya efectuada abandonó el cuarto con las sucias siendo vulgarmente arrastradas tras una figura que a pesar de lucir desnuda no parecía estar incomodada por mostrar los escuetos atributos de los que era propietaria y es que si se cruzaba nuevamente con la que creía que era la novia de Taichi aquello sería nuevo punto a su favor, aunque la quietud del lugar le dio a entender que o bien esos dos habían marchado juntos, o que... La chica había partido por su cuenta. Suspiró y dejó aquel embrollo de telas cruelmente maltratadas en el suelo de los baños de la servidumbre: Por la mañana preguntaría dónde poder limpiar aquello, por ahora tenía tareas más urgentes que atender.
Con aires de grandeza penetró en lo que era su cuarto, sorprendiéndose al ver unas cajas colocadas ahí de manera cuidadosa. Siquiera dudó. Avanzó hacia aquellas de cartón y tras desmantelar los incontables papeles que envolvían las prendas su gesto se tornó la más absoluta de las sorpresas al comprobar que las palabras anteriores del íncubo eran ciertas. Ropa. Ropa cara. Ropa verdaderamente preciosa y que parecía haber estado hecha a su más íntegra medida, a detalle. ¿Se sabía de manera tan precisa sus medidas? ¿Su composición? Ligero rubor atacó unos pómulos siempre impasibles. Imbécil.

Con la idea de agradecerle el detalle bajó nuevamente al piso posterior, vistiendo el fino vestido de la madre del propietario de su vida, no por molestar, aquella posiblemente sería la última ocasión de portarlo debido a que contaba con ropas confeccionadas para ella y posiblemente aquella prenda fuera devuelto al armario de dónde el castaño lo extrajo.
Buscó por diversas salas pero no pudo verlo en ninguna. La fugaz idea de que la hora era ya la propicia para la cena le hizo pensar en la no tan remota idea de que estuviera haciéndose por cuenta propia la cena. Insegura en un inicio llevó su posición hacia el lugar pensado y para su sorpresa se encontró al chico dándole la espalda a la puerta, centrado en su enmienda. Era obvio que el enfado seguía estando ahí: En sus propias narices. Esa chica... Se había acostado con esa chica. No obstante y desde el escondrijo que le ofrecía el marco de la puerta, verle maniobrar sobre la encimera le hizo sonreír de manera imperceptible. Taichi era la clase de chicos a la que todo se le daba bien, parecía no conocer la palabra imposible y sin lugar a dudas, todo lo que deseaba lo aprendía sin más y no sólo eso, lo ejecutaba con una maestría envidiable.
Avanzó despacio, acechándole cómo horas antes él lo hizo consigo. Aquellos dos apéndices alargados y faltos de carne se hicieron hacia delante, cómo si realmente quisiera imitar la escena que ése chico protagonizó al acorralarle entre él y la nevera. Para cuando sus manos iban a rozar el mármol contra el que el otro estaba trabajando, aroma metálico se hizo presente y con ojos abiertos por el repentino pavor, aquella que se movió casi cómo si de una danza se tratase para no importunarle, se corrió hacia un lado para ser capaz de tomar aquella mano herida sin pedir permiso o advertir al chico de de su presencia tan próxima.

-E-estás herido!- ni un solo resquicio del enfado que le llevó a merodear semi desnuda por la mansión hizo acopio en aquel susurro ahogado de eterna y por demás evidente preocupación. Diestra empuñaba la muñeca de la palma herida, alejándola de aquello afilado que el foráneo proseguía sujetando, cómo si temiese que éste pudiera infringirse daño de nuevo. Barrió con la mirada la zona pero no encontró nada con lo que poder cubrir la herida que no pareció alterar lo más mínimo el pulso del endemoniado.

Sin saber de qué poder valerse hizo lo que hubiese hecho cuando la confianza entre ambos empezó a aflorar entre los pupitres del instituto y sin preámbulos se llevó el dígito a los labios. Abrazó el corte con la lengua y el resto de la falange fue cobijada por las paredes ardientes de unos pómulos de la misma tonalidad de la flor del cerezo. Apretó con su húmedo órgano la pequeña brecha ocasionada por el arma blanca y limpió el resto del dedo entre lamidas. Fue sin lugar a dudas una acción que, según tenía entendido, estaba prohibido entre los de su clase y a la que Taichi pertenecía: Sumisión, respeto... Carecía de todos aquellos valores cuando la persona a la que debía cuidar no era otra que la del fruto de sus más bajas pasiones.
Despacio y sin parecer obscena retiró la comisura del lugar al que permaneció unida cuando consideró que el vítae había dejado de manar, no sin antes ejercer una ligera succión que terminaría por bloquear el paso de los glóbulos rojos. Hilo de saliva unió aquellos enrojecidos labios con el ahora húmedo dedo y para romperlo tuvo que barrer con la lengua su propio labio inferior, retirándose de paso lo que ahí quedó de sangre.

-¿Te duele? ¿Estás bien?- la mano de la esclava fue perdiendo fuerza en el agarre que le impuso en la muñeca y aquellos finos dígitos parecieron resbalar con cierta gracia por encima de la dermis contigua. Esta suspiró y negó con la cabeza con cierta gracia, cómo si se tratase de una hermana mayor frente a un niño que no sabía manejar correctamente los cubiertos de plástico. –Lo terminaré yo.- empujó el cuerpo que junto al de ella parecía extremadamente amplio y grande, haciéndose lugar dónde posteriormente estuvo el otro. No era diestra en la cocina, en absoluto, pero ése plato lo conocía de primera mano, siendo por norma general lo que, en épocas mejores, el mismo Taichi le preparaba en los bentos mañaneros.
Vertió agua suficiente sobre todos los ingredientes ya preparados para cubrirlos y aseguró el fuego a la densidad oportuna para que cada ingrediente se hiciese de la manera adecuada, sin llamar a la prisa o quemar aquello preparado. El aroma que endulzó la cocina le transportó a cuando ambos se reunian en la azotea, lugar en el que el más deseado estudiante apoyaba la nuca sobre sus piernas para dormir tras la ingesta. –Taichi...- no era momento , no aún. Era su primera noche y posiblemente, no le creería. Deseó morderse la lengua, pero en vez de eso, se las ingenió para no parecer perdida, indefensa: Debía hacérselas valer incluso como sirvienta. –¿Querrá arroz para acompañarlo?- y de nuevo cordialidad... aunque luchase por intentar no perderla.
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Mensaje por Invitado el Dom Abr 13, 2014 10:07 am

Hasta la más remota y efímera porción de piel existente en su cuerpo, se erizó completamente al tacto con la húmeda y atrevida lengua de Ryoko, causándole incontables escalofríos que recorrieron íntegramente su columna de forma maravillosa. Su mente que antes había estado repleta en pensamientos de todo tipo, se vio nublada y expresamente en blanco. Observaba con detalle lo que sucedía frente a sus ojos pero le costaba asimilarlo. Sencillamente sus instintos se desbordaban, generándole sensaciones anatómicas que desde mucho tiempo atrás había olvidado y se forzaba en experimentar. Tragó saliva en seco, nervioso. Su corazón se encontraba al tope de latidos que un músculo normal pudiese soportar y es que su voluntad o su dolor debieron ser inmensos para evitar que en ese preciso instante se lanzara sin pensarlo sobre la provocadora esclava. La deseaba con cada una de sus células, eso era innegable; pero a pesar de que toda su fisonomía clamara por Ryoko, jamás aceptaría de nuevo ese venerado cuerpo. Él iba en serio, muy en serio; en cambio ella no era más que una criatura de bragas livianas, inestable, libertina. Si su traición era de pura maldad... no estaba seguro, pero incluso si para ella desde el principio tan sólo fue todo una diversión hueca, por la índole de sus sentimientos no continuaría más haciendo el ridículo de aquella manera, no acumularía más heridas. El dolor sólo se salda con dolor.
 
-Olvídalo, se me ha quitado el apetito- pronunció, girándose en otra dirección aunque Ryoko ya no lo miraba, centrada en la comida que se había dispuesto a prepararle. Compartir ese plato con ella le traería demasiados recuerdos, le grabaría un sabor de boca demasiado amargo -...Y escucha bien: aún si las succiones con tu boca se te dan muy bien o te gusta practicar el nudismo, este es tu lugar de trabajo y como tal debes respetarlo. No hagas que me arrepienta de haberte traído... y más aún, de prestarte ese inmaculado vestido- mencionó con toda la frialdad de la que fue capaz, para seguidamente alejarse de la cocina, abandonando a la diablilla por su cuenta y regresando a su dormitorio con paso de plomo, realmente cansado.
Le dolía cada músculo y definitivamente estaba tenso a pesar del reciente sexo. Los tormentos con el placer se mezclaban en una peligrosa combinación dentro de él y para alguien de su raza el soportar tales circunstancias era un completo desafío. Pasaría cuanto antes por una farmacia y compraría cuantiosos relajantes y medicamentos para mantener sus pasiones bajo candado.
 
¿Pero... realmente cuál se suponía que era su finalidad? meditó, al tiempo que se dejaba caer sobre su cómoda cama recién armada, boca arriba, centrando la mirada en un punto muerto del techo. ¿Vengarse, verdad? Decir mera coincidencia sería aún más hipócrita; pero cada vez que procuraba dañarla, quien salía profundamente herido o insatisfecho era él. ¿Así sería su vida entera? ¿Condenado a ser un incubo diferente al resto? ¿Soportando sentimientos cargados en dolor y negatividad? Ella le había salvado la vida la primera vez que intentó matarse, y aún así luego se la quitó tan cruelmente. Ahora, por primera vez, Taichi lamentaba que Ryoko no le hubiese dejado entonces el acabar con su mortal cometido. Tal vez el inadaptado era él, el que malinterpretaba y vivía incorrectamente... ¿era él? Agh, su cabeza giraba como si estuviese ebrio, aunque no había bebido una sola gota de alcohol, por lo que extenuado decidió tomarse una pastilla para dormir. Desde el instante en que esa mujer había salido de su mundo, se habían convertido en parte habitual de su dieta de supervivencia.
 
-Si pudiese... volver el tiempo atrás- meditó un instante en voz susurrante, tendido allí sin fuerzas sobre su cama, entrecerrando los ojos con melancolía. Qué idiota era. La amaría, la amaría de nuevo una y otra vez, loca y desesperadamente, sin juicio, sin razón, sin orgullo, sin contemplaciones. Sin importar los resultados, lo malo o lo bueno, para él era imposible imaginarse una vida sin Ryoko; y con esa nefasta resolución terminó por entregarse al sueño sin la menor resistencia ni procurar cobijarse bajo las frazadas. Siempre era así: ella lo daba vuelta todo, ella era su inconstante y terrible gravedad que le llevaría a impactarse contra diversas cosas en una muy peligrosa órbita.
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