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Los sueños de Mikki

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Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Lun Dic 02, 2013 7:54 pm

Parte I


Cada mañana al despertarse, un día más, otra noche más, o eso pensaba Mikki Dalay antes del accidente.

Aquel día el autobús que la llevaba al colegio iba demasiado lleno. Hacía mucho calor y los gritos de los niños resonaban por doquier. Mikki sacó su mp3 y se puso a escuchar música. Sus canciones favoritas eran las de piano, concretamente las de un compositor japonés llamado Yiruma. Aquella música le traía todos los recuerdos de su infancia. Había crecido tocando esas canciones en el piano que le regaló su madre. Soñaba despierta con su querida madre mientras se dirigía de regreso a su casa.

Se bajó por fin del autobús, y apagó la música. Hacía bastante tiempo que vivía sola, bueno, con su padre, que era como estar sola. Se ignoraban el uno al otro, aunque, sin embargo, aquel día era diferente. Henry Dalay le había pedido que le acompañase a dar un paseo por la playa, y ella había aceptado. A pesar de que el padre había tratado de acercarse a su hija, ella lo había ignorado por completo. Henry no la culpaba. Después de tres años ignorándola, era muy normal que ella no quisiese establecer una relación con él.

Cuando regresaban a casa, Henry tenía sueño, y, sin querer, cayeron por un barranco. Tubieron suerte de salir con vida, pero, sin saberlo, a Mikki le había quedado una secuela que no tenía remedio posible. A partir de ese momento, su vida cambió para siempre, y no sabría decir si para peor o para mejor.

Aquella noche, Mikki trató de relajarse todo lo que pudo, y, tras darse un baño, se fue a dormir. Ese fue el primer sueño que tubo.

Se encontraba sumergida en el mar, pero podía respirar. Al fondo, por increible que pudiese parecer, estaba su madre. Mikki trató de hablar, pero no le salía la voz. Fue su madre quien le habló a ella.

-Hija, ten cuidado. La sombra de la muerte se cierne sobre ti. No permitas que te lleve. Sé que quieres reunirte conmigo, pero tu hora aún no ha llegado.

Se despertó de golpe. Fataban diez minutos para que sonase el despertador. Estaba envuelta en sudor y lágrimas. Esperó a que sonase el despertador, y lo paró de un golpe tan seco que le dejó la marca de la campana que el botón tenía dibujada. Se dió un baño, se puso el uniforme, y salió hacia el colegio.

No pasaban ni diez minutos de que el autobús arrancase, cuando pidió bajarse, víctima de un ataque de pánico. Ese mismo día, antes de llegar al instituto, el autobús se estrelló, llevándose por delante la vida de seis niños. Mikki se sintió aliviada, pero también culpable. Si el sueño que había tenido no había sido solo un sueño, tenía que hacer caso a sus instintos de ahora en adelante.

Muy pronto la segunda parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Mar Dic 03, 2013 4:47 pm

Yey \o/ Aquí se reporta nueva lectora.

Me dejaste intrigada e é eso no se hace (?)
Okya xD hablando enserio me gusto el fanfic. Ya quiero leer el proximo cap... :3

Animo \o/
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Miér Dic 04, 2013 1:06 am

Parte 2.

Otro día más. Mikki se acostó agotada. Hacía semanas que su madre se le aparecía en sueños, y ya no sabía qué hacer. Si le consultaba a un psicólogo, acabaría por tratarla de loca. Poco a poco, pensando en este tipo de cosas, se quedó dormida. Al menos era viernes, por lo que no tendría que madrugar, así podría dormir tranquila, ó, al menos, eso esperaba.

Antes de darse cuenta, estaba en un campo. Corría desesperada, pero, cuanto más lo hacía, menos avanzaba. Se detubo de golpe, y se sentó agotada. Ante ella, unos pies descalzos aparecieron. Eran pálidos, pero bonitos. Alzó la mirada, y encontró ante sí justo aquello que se esperaba ver: su madre.

-Hija. Escucha atentamente. Muchas desgracias se ciernen sobre tí, pero no pierdas la esperanza. Tu hora aún no ha llegado.

Mikki trató de abrazar a su madre, y sus brazos atravesaron su cuerpo como si ella no existiese. La mujer negó suavemente, y ella intentó gritar que quería abrazarla, pero, de nuevo, no pudo, pues su voz no quiso salir.

Cuando se despertó, el sol ni siquiera había aparecido. Intentó volver a dormirse, pero le fue imposible. Tras dar muchas vueltas, decidió levantarse. Cada vez dormía menos. Iba a acabar enfermando. Se fue a dar un baño, pues necesitaba despejarse. El agua caliente hizo que su cuerpo hormiguease unos segundos, pero le dió igual. Se sumergió en el agua, y sus cabellos se empaparon por completo, cosa que le ayudó a despejarse.

Cuando salió del baño, se vistió con unos vaqueros y una camiseta y fue a desayunar. Había decidido salir a dar un paseo, y eso fue precisamente lo que hizo.

El pueblo estaba prácticamente vacío, lo cual le ponía muy nerviosa. De pronto, oyó algo extraño. Había una niña justo en medio de la carretera, lo cual le hizo sentirse mal. Estaba llorando, aparentemente de miedo. Al principio trató de hablar con ella, pero parecía no escucharla, así que, sin pensarlo, a pesar de que su instinto le gritaba que no lo hiciese, corrió hacia ella, pero sus brazos atravesaron su cuerpo. La voz de la niña la interrumpió.

-Haz caso a tu madre. Yo no lo hice, y acabé muriendo.

De golpe se dió cuenta de algo. Ninguna niña estaría en medio de la carretera, donde pasaban muchos coches, llorando. Salió de allí corriendo, y, por unos segundos, vió su vida pasar por delante de sus ojos. Se había salvado de ser arrollada por muy poco.

-¿Qué está pasando? -susurró asustada

Obviamente estaba muy asustada. Una mujer mayor, de unos sesenta años, la miró sorprendida. Mikki estaba muy pálida, y jadeaba asustada, tratando de recuperar la calma.

-¿Tu eres la hija de Martta?

Mikki se dió cuenta de que alguien le hablaba y miró hacia la dirección de la que provenía aquella voz. Si mal no recordaba, ella era una de las mujeres que había tratado de salvar la vida de su madre.

-Así es.

-Hace ya mucho tiempo que mi niña murió por este lugar. Hazle un favor a tu vida y déjate llevar por tu instinto.

-¿Usted lo sabe?

-Sí. Yo tube ese mismo don. Ocurre muy pocas veces, cuando estás al borde de la muerte. Ahora la muerte te persigue, así que no te dejes llevar por tus impulsos de protección. Tienes una tarea que llevar a cabo.

-¿Qué tengo que hacer para librarme de esto?

-Completar la tarea para la que fuiste traida a este mundo. Yo no sé cual es. Eso es algo que deberás averiguar por tí misma.

Poco tiempo después, se fue de nuevo a su casa, y, de nuevo, volvió a actuar con normalidad. Según recordaba, su madre había muerto por una grave enfermedad. Ahora no tenía ni idea de qué era lo que debía hacer, y no tenía modo de averiguarlo.

Dentro de poco la tercera parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Dom Dic 08, 2013 5:51 pm

Quiero la conti nee-san me dejas intrigado ánimo
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Dom Dic 08, 2013 11:40 pm

Parte 3

Aquella tarde, Mikki estaba muy cansada, ya que por la noche había estado estudiando y no había podido dormir. Se tumbó en el sofá color café de la sala, donde normalmente su padre se ponía a ver futbol o baloncesto.

Poco a poco se quedó dormida, y, de nuevo, los sueños la atacaban. Estaban a la orilla de una playa desierta, y su madre caminaba apaciblemente a su lado. El agua mojaba los pies de ambas. Su madre volvió a hablar, pero, esta vez, lo que le dijo, dejó a Mikki algo confusa.

-Hoy yo escucharé, y tú hablarás, pero solo puedes hacerme una pregunta.

Mikki tardó un poco en contestar. Normalmente no podía hablar, pero el hecho de poder hablar la dejaba más tranquila, y muy confusa. ¿Qué podía decirle? Había tantas cosas de las que quería hablar que no se le ocurría una concreta, pero había algo a lo que le había estado dando vueltas durante varios días.

-Madre, no quisiera dejar de verte, pero no se qué he de hacer. Una mujer me dijo que tenía una misión que cumplir, pero no sé que puede ser. Me dijo que tendría que averiguarlo por mi misma, pero no soy capaz. ¿Qué he de hacer?

La pregunta ya estaba hecha. Podría haberle preguntado mil cosas, como en qué lugar estaba, o si había alguien a su lado, o por qué se había ido, pero aquello era lo que más le preocupaba.

-Tu labor es ser la guardiana de la puerta que separa el infierno del mundo humano. Eliminar a los demonios que crucen al otro lado. Cuando despiertes vé a tu habitación. Los guardianes de las puertas del cielo te han dejado un arma para matar demonios. Cumple tu cometido. Por desgracia, esta es una labor que deberás cumplir tanto tiempo como dure tu vida. Tu primera misión será después de que tomes el arma. Unos demonios intentarán matarte. Ahora, despierta.

Se despertó de golpe, con las palabras de su madre resonando en su cabeza. ¿Su labor era eterna? Eso la preocupaba mucho, pero no tenía alternativa. Se levantó del sofá y fue a su habitación. Encima de su cama había una guadaña negra, con dibujos tribales azules. Si tomaba la guadaña la atacarían, pero si no lo hacía, mucha gente podría morir, e incluso su vida podría acabar antes de tiempo. Tomó una decisión.

Pocos minutos después, unos demonios aparecieron en su casa, y ella, con una maestría que nunca hubiese imaginado, acabó con las vidas de ambos, que desaparecieron sin dejar ni rastro, volviendo a la normalidad el desastre en el que habían dejado su casa después de la batalla.

-Empieza el juego.

Esa misma tarde, abandonó su casa, pues, a pesar de que no tenía a donde ir, quería demasiado a su padre como para ponerle en peligro. Como única despedida le dejó una nota en la que ponía "tengo que cumplir una misión". Después de esto, con la guadaña en la espalda y unas piezas de ropa que había encontrado en su habitación despues de matar a los demonios, abandonó su casa.

Solo aquella anciana que le había hablado aquella vez en el pueblo la vió salir, vestida con una cazadora de cuero negro muy ajustada, unos pantalones de cuero marrón y unas botas altas hasta las rodillas llenas de cadenas.

Nadie volvió a ver a Mikki en el pueblo, y nadie se molestó en buscarla. Se había convertido en una caza-demonios, y nadie podía hacer nada para evitarlo. Sin embargo, seguiría viendo a su madre durante mucho tiempo.

Muy pronto la cuarta parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 12:30 am

Quiero la cuarta parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Lun Dic 16, 2013 1:06 am

Parte 4

Aquel demonio era muy persistente. A pesar de que Mikki había aprendido a manejar la guadaña con mayor facilidad, y de que se había convertido en una gran rastreadora, ese era el primer demonio que se le resistía tanto.

La criatura corrió hacia aquella playa de Miami, y ella le siguió con gran sigilo. Cuando al fin llegó, la criatura se vió acorralada. Los acantilados le cortaban el paso, y el mar no les sentaba bien, pues deshacía sus cuerpos. Mikki logró por fin cortar la cabeza del demonio, y este desapareció en una nube de humo.

-Eh, buen golpe. Pocas veces encontramos a una chica con tan buen manejo de las armas. Solo una pregunta, ¿de donde has sacado la guadaña?

Mikki se giró hacia la dirección de la que provenía la voz, y sus cabellos castaños ondearon con el ligero viento que corría aquella noche. Ante sí había un chico irresistiblemente guapo. Tenía el pelo castaño, que se dispersaba en mechones rebeldes, y los ojos verdes, muy intensos. Vestía casi como ella, y se notaba a leguas que su cuerpo estaba tallado como un cuchillo con musculo y belleza. El desconocido esbozó una amplia sonrisa.

-Aunque te lo cuente, no me creerás, así que no veo por qué debería hacerlo.

Mikki se colocó la guadaña a la espalda, y se dispuso a marcharse, pero él le cortó el paso.

-Inténtalo.

Mikki suspiró exasperada, y le miró fijamente. No parecía haber maldad en su rostro de piel tostada, así que decidió responderle.

-Tube un sueño. En él mi madre me decía que Los Guardianes de las puertas del cielo me habían dejado un arma en mi habitación para poder cazar demonios.

-Entonces tú eres la mujer a la que los Rastreadores llevamos buscando durante años.

-Explicate.

-Aquí no te lo puedo explicar. No me creerás. Mejor ven conmigo.

Mikki aceptó, pues sabía bien que, si era un demonio metamórfico bien podría matarlo antes de que pudiese siquiera decir nada, así que le siguió. Pronto llegaron a un descampado, y, aunque casi nadie lograría verlo nunca, ante ellos había una mansión de color blanco ceniza, con amplias cristaleras y una puerta de madera de haya, muy bonita. A pesar de que era enorme, nadie podría descubrirlo, pues incluso los pájaros pasaban a traves de ella como si no existiese.

El chico, que ni tan siquiera se había presentado, abrió la puerta, y entraron. Dentro, el interior era muy amplio, mucho más de lo que parecía desde el exterior.

-Me llamo Mikki Dalay.

-Yo soy Jack.

El hecho de decir su nombre, parecía molestarle, así que no dijo nada más. Jack le siguió a una biblioteca. Era inmensa, y de unos brillantes colores azules que recordaban al cielo.

-Mell, tenemos una chica nueva.

Una chica de cobrizos cabellos y ojos intensamente negros se acercó a ella. Era muy guapa, y tenía un cuerpo perfecto, cosa que no todos podían decir.

-Me llamo Melissa, pero todos me llaman Mell. Bienvenida a tu nuevo hogar.

-Gracias. Mell, Jack dijo que los Rastreadores llevan años buscando a una mujer.

-Así es -contestó-. Se dice que una mujer cuya maestría con las armas es admirable aparecerá para equilibrar las fuerzas del cielo y el infierno.

-¿Una leyenda?

-No. Una historia. Sucede cada mil años, y siempre es una mujer que ha perdido a alguien importante y que ha estado al borde de la muerte.

A Mikki se le heló la sangre en las venas, y cayó al suelo, inconsciente. Jack la sostubo, y la miró preocupado. Ante una orden de Melissa, se la llevó a una habitación, y, a pesar de que podría haberse marchado, se quedó junto a ella hasta que reaccionó.

-¿Donde estoy?

-En una habitación, bueno, quiero decir, en tu nueva habitación.

-Ya veo...

-¿Has tenido algún sueño?

-No, solo pasa a veces.

-Según Mell, tú eres quien equilibrará el bien y el mal en el infierno.

-Es demasiada responsabilidad.

El chico rió un poco sorprendido, y ella le miró enfadada.

-El simple hecho de ser un Rastreador, es ya de por sí un peso enorme. Te espera una vida larga y complicada. Los Rastreadores vivimos unos ochocientos años.

Muy pronto la quinta parte


Última edición por Shandra Umiki el Miér Ene 01, 2014 6:52 pm, editado 1 vez
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Miér Ene 01, 2014 6:49 pm

Esta muy bien, sigue
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Miér Ene 01, 2014 8:12 pm

Parte 5

Mikki le miró entre sorprendida y enfadada. No daba crédito a lo que Jack le decía.

-¿¡Ochocientos años!?

-Sí. No es tanto tiempo.

-Vale, por partes -dijo mientras se paseaba de un lado a otro de la habitación-. Primero, es mucho tiempo, segundo, ¿cuantos años tenéis?

-Vale, sí, es bastante tiempo. Mell tiene trescientos años, pero yo soy muy joven, tengo solamente dieciocho.

Se miraron, sin poder decir nada. Un sonido interrumpió el silencio de la habitación. Mikki tenía hambre, y se sonrojó hasta las orejas, ante lo que Jack no pudo evitar reirse. La joven miró en todas las direcciones y tomó su guadaña, que estaba en un rincón.

-Lo siento, tengo que irme.

-¿A donde vas?

-No lo sé.

-¿Por qué no te quedas aquí?

-¿Y por qué habría de hacerlo? Yo no tengo motivos para quedarme aquí.

Jack se acercó a ella y la tomó del brazo justo cuando estaba por abrir la puerta. Ella le miró enfadada. Sin saberlo, él la había agarrado por el lugar en el que estaba la cicatriz que se había hecho al caerse sobre un cristal, el último día que su madre jugó con ella. Jack no supo por qué, pero se llevó una cachetada y él la miró sorprendido.

-No vuelvas a tocarme en ese brazo. Lo detesto.

-¿Por qué?

-Eso a tí no te importa.

Sin mediar las consecuencias, Jack la tomó de la mano y la llevó a la cocina, donde Mell estaba cocinando. Jack rodó los ojos al ver lo que había para comer. Pan con mantequilla y leche caliente con chocolate.

-Ni media palabra, Jack. No he nacido para cocinar.

-Eso lo tengo claro.

Molesta, Mell le tiró un cuchillo a Jack, y, con sorprendente habilidad y mucha calma, Nikki detubo el cuchillo, sin hacerse un solo corte.

-Esto hace daño.

-No te preocupes. Solamente las armas del infierno pueden herirnos. Ante cualquier otra cosa que nos haga daño, nuestras heridas se curan automáticamente.

Mikki recordó entonces como, al cocinar, cada vez que se cortaba, sus heridas se curaban de inmediato, y sonrió. Le regresó el cuchillo y miró la comida.

-Puedo cocinar yo si quieres.

-Eso estaría bien, así de paso aprendo algo. Jack está harto de que cocine.

-Eso es porque siempre haces lo mismo. Llevo dos años comiendo pan con mantequilla y leche caliente con chocolate.

Mikki dejó la guadaña, y se sentaron todos a comer. A Jack le sorprendió mucho que Mikki no hablase mientras comía, de hecho, parecía ser que no hablaba nunca, pero ni él ni Mell dijeron nada. Al terminar de comer, Mell fue la primera en romper el silencio.

-¿Por qué has traído la guadaña a la cocina? Podrías haberla dejado en la sala de armas.

-¿Sala de armas? -sonrio suavemente- No sé donde está.

-Jack, niño tonto, llévala a la sala de armas. Me da mal rollo ver aquí la guadaña.

El joven se mostró molesto, y Mell sonrió divertida. Fue así como Mikki supo que, en el fondo, Mell era una niña.

De pronto el edificio tembló desde los cimientos, y a Mikki le faltó tiempo para tomar su guadaña.

-¿Qué pasa?

-Huele a azufre.

-¿Un demonio?

-Sí, y muy poderoso.

-Tenemos que avisar a todos los cazadores.

-¿Te parece que tenemos tiempo?

Mell negó, sorprendida por la respuesta que le había dado, y se llevó a Jack a buscar las armas de ambos. La batalla, iba a ser muy dura.

Muy pronto la sexta parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Dom Ene 12, 2014 12:46 am

esta super lindura!! sigue asi! espero continue pronto!! saluditos :*
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Lun Ene 13, 2014 1:46 am

Parte 6

Mikki subió rápidamente al tejado. Desde allí pudo ver mejor al demonio. Este era un demonio bastante grande, y su piel era muy dura, pues bien parecían escamas de hierro. Tenía una larga cola con la que golpeaba la casa, tratando de derribar las barreras mágicas que la protegían.

Por suerte para ella, su guadaña podía cortar incluso el diamante, con un corte tan limpio que ni tan siquiera dejaba rastros, por lo que esas duras escamas serían fáciles de partir. Observó también que las escamas estaban más unidas y en mayor cantidad en su cuello, por lo que supo de inmediato que este era su punto debil.

Sin pararse a pensarlo un segundo, saltó del tejado, empuñando la guadaña, con intenciones de cortar las escamas lo suficiente como para poder herirle de gravedad, y asi poder matarlo mas facilmente. Desde lejos, Mell y Jack se miraban sorprendidos.

-Has encontrado a una Rastreadora suicida -sonrió divertida-. ¿Tanto te atraen las locas?

-Callate.

Jack fue tras ella, al igual que Mell, pero, para cuando llegaron, el demonio caía al suelo con un golpe sordo, víctima de un gravísimo corte que se llevaba su vida. Por desgracia, Mikki había caído cerca de un árbol y se había golpeado la cabeza con una raíz, lo que la había dejado inconsciente. Fue por eso que Jack se encargó de cortarle el cuello al demonio con un cuchillo largo, que parecía haber sido sacado de una película de terror. Mell corrió hacia Mikki y la cargó en sus brazos con suavidad.

-Coje la guadaña. Esta chica esta loca.

Mikki tardaría tres horas en despertarse, pero, en ese lapso de tiempo, un nuevo sueño la asaltó. En esta ocasión se hallaba caminando sobre el agua, en un hermoso lago en el que había estado de pequeña. Su madre la esperaba en el centro, sonriendo amistosamente.

-Mi niña, hoy has corrido un grave peligro, pero he de darte una noticia. Tu tarea ha cambiado. Has de proteger la vida de un chico que resultará absolutamente necesario para el mundo. No puedo decirte quien es, lo único que puedo decirte es que estás en el lugar en el que debes estar.

Cuando al fin despertó, Jack la miraba con picardía. Se levantó despacio, y se llevó una mano a la cabeza, con un gesto de dolor.

-Tienes suerte de que solamente sea un pequeño corte. Mell empezaba a pensar que habrías muerto -sonrió-. Por desgracia, hemos tenido que tirar tu ropa, estaba destrozada.

Mikki miró entonces su vestimenta. Llevaba un pijama de franela rosa. Ella odiaba el rosa profundamente, pero no dijo nada.

-Por cierto. Ví la cicatriz de tu brazo. Supongo que fue con cristal, puesto que es una de las pocas cosas que pueden herirnos. Seguramente te trae un recuerdo negativo, así que siento haberte agarrado del brazo antes.

-No es un mal recuerdo -dijo observando su brazo-, al contrario. Es un recuerdo tan positivo que incluso duele recordarlo.

Jack no volvería a preguntar nada nunca más, en parte porque empezaba a creer que Mell tenía razón en muchas cosas.

Muy pronto la séptima parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Jue Ene 16, 2014 11:33 pm

Me a encantado linda!! espero continúes que ya soy seguidora de tu historia esta realmente buena :D!! Idea  alien
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Vie Ene 17, 2014 11:56 am

Parte 7

Desde el ataque del demonio habían pasado cinco meses, meses muy tranquilos, y Mikki no dejaba de preguntarse quien sería aquel chico al que debia proteger. Pero, más que eso, con el tiempo, pensaba cada vez más en Jack.

Aquella tarde estaba en la azotea, entre hierbas medicinales y medicinas. Sin embargo no estaba allí para recoger plantas, ni para buscar medicinas que necesitase, sino para pensar. El ambiente tranquilo de aquella especie de herbolario le dejaba a su cabeza divagar en sus pensamientos mucho más tranquila.

-¿Otra vez pensando?

Fue la voz de Mell la que la sacó de sus pensamientos. Mikki la miró. Estaba sola, vestida con aquel pijama de franela rosa que le había prestado cuando se había golpeado la cabeza. Inconscientemente se llevó una mano hacia la cicatriz que ahora adornaba su nuca, pero pronto bajó su mano.

-Más o menos. Trato de averiguar el significado de mi último sueño.

-Ya. Eso cuéntaselo a otra.

-¿Qué quieres decir?

-He visto como miras a mi hermano. Él te gusta, no lo niegues.

-¡Qué tontería! Ese idiota no me puede gustar en absoluto.

-Como tu digas, preciosa, pero sé que a él sí le gustas.

Ante aquello, la regadera que sostenía y con la que regaba un naranjo bastante pequeño, resbaló de sus manos y cayó al suelo con un ruído metálico.

-Eso me trae sin cuidado.

Se agachó a recoger la regadera, de la que apenas sí se había vertido un poco de agua. Mell rió divertida, y Mikki, que jamás antes había mostrado más emoción que la frialdad más absoluta, no pudo evitar sonrojarse.

-Lo sabía, no te da igual. Díselo.

-No puedo. Mi deber es encontrar al chico al que he de proteger, y, cuando llegue el momento, daré mi vida por aquel al que debo proteger.

-¿Y si ese chico fuese Jack?

-Él sabe cuidar de si mismo.

-Eso es lo que tú crees, pero te equivocas.

Mikki se levantó al fín del suelo, y dejó la regadera en un banco cercano.

-¿Qué quieres decir?

-Hay muchas cosas de las que Jack puede protegerse. Demonios, asesinos, vampiros... pero solo hay una de la que jamás podrá defenderse. De tí.

-Mell, no puedo estar con él, y mejor vayamos a la cocina. Es casi de noche.

Juntas bajaron a la cocina, y prepararon un estofado de conejo, cosa que Jack amaba especialmente. Mikki siempre solía sentarse entre los dos hermanos, pero, en esta ocasión, se sentó al lado de Mell, y, en lugar de hablar mientras cenaba, cosa que se había convertido ya en costumbre, no dijo ni media palabra. Tras la cena, Mikki recogió los platos y los fregó. Hecho esto subió de nuevo al herbolario, pero su sorpresa fue que Jack estaba allí.

-¿Tú tambien te dedicas a pensar?

-Sí. Trato de averiguar cómo decirle a la mujer que amo lo que siento.

-Claro, lo olvidaba, sueles salir a menudo. Simplemente díselo.

-Eso sería muy sencillo si ella quisiese hablar conmigo, pero se pasa el día pensando o en el gimnasio, y no le gusta que la molesten.

Mikki empezó entonces a pensar que Mell tenía razón, pero no le dió importancia, y se dispuso a bajar las escaleras.

-Espera, ¿no has venido para pensar en quien debes proteger?

-Sí, pero prefiero ir a entrenar. Supongo que no puedo quedarme aquí pensando cuando ni siquiera sé de qué debo protegerle.

-Lo que yo decía, entre árboles o en el gimnasio.

-¿Qué intentas decir?

-Si te lo dijese, no me creerías, aunque supongo que Mell ya te lo ha dicho. Ve a entrenar, como tú has dicho, no sabes de qué debes protegerme.

Mikki bajó al fín las escaleras, pero se paró a medio camino. En un principio había pensado que Jack había dicho "protegerle", pero, tras pensarlo mucho, se dió cuenta de que no era así, y bajó al gimnasio. Aquella noche se quedó dormida en el gimasio, mientras trataba de relajarse tras entrenar duramente.

Al amanecer, un dulce contacto en sus labios la despertó, pero no era un beso, sino una suave caricia. Mikki abrió los ojos entre asustada y sorprendida, y ese instinto fue el que hizo que descargase un puñetazo en el ojo de quien la había despertado de ese modo. Jack la miró perplejo.

-Siento haberte despertado.

-No ha sido eso lo que me ha despertado.

Mikki se llevó a Jack a la cocina, y le dió una bolsa de hielo, que el chico se llevó al ojo morado.

-Lo siento, no acostumbro a que me despierten de ese modo.

-No volveré a despertarte.

Mell entró en ese momento a la cocina, y observó la escena. Jack, en pijama, estaba sentado en una silla, con una bolsa de hielo en el ojo, mientras que Mikki, con un traje negro de entrenamiento, se apoyaba en los muebles de la cocina.

-Te dije que no la despertases.

-En realidad me dijiste que la despertase suavemente, y que me apartase para evitar recibir un golpe.

-Lo siento, fue culpa mía, Mell.

-Eso ya lo sé, pero no fue solo tuya, sino también de Jack.

-Para empezar no sé ni por qué me acarició los labios.

-Te lo advertí, Jack. En fín, dejemos ese tema. Hoy haré yo el desayuno.

-Mientras que no sea lo que cocinabas siempre, haz lo que te dé la gana.

Sin decir palabra, Mikki fue a ducharse, mientras Jack la vió alejarse.

-Deberías decírselo.

-Lo sé.

Muy pronto la octava parte

Spoiler:
Y perdón por no ponerle acción a esta parte, pero no encajaba en absoluto XD
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Lun Feb 03, 2014 11:07 pm

Se me seca la vida esperando la siguente parte preciosa Q_Q
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Mar Feb 04, 2014 9:55 pm

Parte 8

Miami era el mayor centro de actividad demoníaca, quizá porque, según las leyendas, allí se encontraban las puertas del infierno. Mikki y Mell paseaban por la playa, ambas armadas. Como siempre, Mikki llevaba a su espalda la guadaña, e iba vestida mas o menos con la misma ropa, con la excepción de que toda era negra y llevaba unas botas de tacon que le llegaban a la rodilla. Mell se vestía prácticamente igual, pero sus botas, también negras, llegaban algo mas arriba de la rodilla. Mell iba armada con una katana y un cuchillo. Todas las armas de los rastreadores llevaban dibujos tribales azules.

-No te lo tomes así. Jack no lo hizo a proposito.

-Mell, hay pocas cosas que odio realmente en este mundo. Que me toquen el brazo derecho, y que me llamen loca es lo que mas me molesta.

-Solo te lo dijo para que dejases de actuar como una suicida. Casi mueres cuando el demonio atacó la casa.

-Empiezo a pensar que mamá tenía razon, y que la muerte me esta buscando.

-Pues deja de buscarte problemas.

Mikki suspiró exasperada. No le había pedido a Mell que fuese con ella a vigilar la playa por puro capricho, pero ella no la dejaba hablar.

-Mell -dijo aprovechando un segundo de silencio-. Creo que ya se qué relacion existe entre mi primera tarea y la segunda.

-Explícate.

-El chico al que debo proteger es el verdadero guardián de las puertas del cielo y el infierno.

-Y para que se cree por fin el equilibrio, tu debes morir.

Mikki asintió en silencio y, de nuevo, rompiendo aquella calma que la caracterizaba, una lágrima rodó por su mejilla.

-Mikki, ya has perdido mucho, ¿no crees que va siendo hora de que vivas un poco para ti misma?

-¿Quieres decir que se lo diga?

-Y cuanto antes mejor.

Mikki se paró de golpe y miró a todas partes. Soltó la guadaña de su espalda, y centró su mirada entre las sombras. Mell sabía bien que Mikki no hacía nada sin motivo, así que sacó su katana.

-En el borde de aquel acantilado.

-Podemos caernos.

-No. Vamos a hacer que se caiga. Tu espera abajo, por si se escapa del agua, yo voy a por el.

-Está bien.

Mikki era muy ágil, asi que poco le costó subirse a un árbol y trepar unos cinco metros por la pared del acantilado. Mell la observó atónita. Cuanto más la conocía, mas pensaba que estaba loca. Ella avanzó hasta el borde del acantilado y esperó.

Arriba, Mikki se acercó al demonio, silenciosa como un gato, y apareció frente a él. En el infierno todos habían oído ya hablar de la Rastreadora legendaria, así que, para escapar de la guadaña de Mikki, el demonio saltó, con la esperanza de no tocar el agua, y no habría muerto de no ser porque, en la arena de la playa, Mell esperaba a la criatura. Con un ágil movimiento cortó el cuello de la criatura, que se deshizo en una nube de humo. Mikki bajó del acantilado y observó a Mell, y no pudo evitar dejar salir una sonrisa divertida.

-Ni media palabra.

Mell estaba cubierta casi por completo de sangre de demonio, que era una sustancia verde y pringosa, aunque, por suerte, no era venenosa.

-Será mejor que regresemos y te des un baño. La sangre de demonio huele bastante mal.

Mell asintió, y emprendieron el camino de regreso. Cuando volvieron, Jack las esperaba, y no pudo evitar reirse. Mell no dijo nada, y, simplemente, le dió el arma a Jack para que la guardase. Hecho esto se fue al baño privado de su dormitorio. Jack miró a Mikki, y ella sonrió divertida.

-No preguntes.

-Es lo que tiene el trabajo en equipo, alguien tiene que hacer siempre el trabajo sucio.

Ante esto Jack rió divertido, y Mikki tampoco pudo evitarlo. Sin embargo, antes de que ella pudiese reaccionar, un dulce contacto en sus labios hizo que se sorprendiese mucho, pero cerró los ojos, dejándose llevar. Jack la había besado. Cuando se separaron, Mikki no supo que decir, y le dió la guadaña a Jack para que la guardase. Acto seguido se fue al herbolario, para calmarse quizá, o para tratar de pensar con calma. Sin embargo, aquel beso, no se escapaba de su memoria.

-Mikki...

Ante ella estaba Mell, vestida de nuevo con aquel pijama rosado. Desprendía un leve aroma a rosas. Seguramente había vaciado medio bote de jabón para quitarse ese olor.

-Dime.

-Jack me lo ha contado. Se siente culpable.

-Y yo muy confusa.

-Creía que tenías claro lo que sientes.

-Y así es, pero no puedo evitar pensar que moriré antes que él.

-Por eso no se lo dijiste, ¿verdad?

Mell se sentó a su lado, sonriendo levemente, y la abrazó. Mikki se dejó abrazar, y algunas lágrimas escaparon de sus ojos. Odiaba admitirlo, pero la compañía de Mell y Jack la estaba volviendo muy emocional.

-Si, justamente por eso.

-¿Te has parado a pensar que eso a Jack no le importa?

-¿Que quieres decir?

Mikki se incorporó un poco, separandose casi por completo de Mell, y ella la miró con ojos comprensivos.

-Quiero decir que Jack prefiere ser feliz por un tiempo a no serlo nunca.

-Ambos sufriremos.

-Sí, pero no por estar juntos, al reves -Mell oyó entrar a Jack-. Será mejor que os deje solos.

Mell salió de allí, dejando a Jack, a solas con Mikki. El chico se acercó a ella y la abrazó, pero Mikki se mostró un tanto reacia a ese contacto.

-Lo que dijo tu hermana no es tan descabellado.

-No, no lo es. Deja que las cosas pasen. No puedes permanecer siempre al margen. ¿Tienes idea de lo que te hará sufrir eso?

-Ya me hace daño.

-Entonces deja que las cosas pasen.

Mikki iba a decir algo mas, pero Jack selló sus labios con un beso, al que Mikki correspondió, cerrando los ojos. Así, la luna fue el único testigo de algo irremediable. Lo intentarían.

Sin embargo, desde el infierno, oscuros planes eran trazados por alguien que deseaba acabar con los Rastreadores, y una mujer de cabellos rojizos y ojos intensamente negros se hallaba arrodillada ante su amo y señor: un demonio que soñaba con conquistar la superficie y sumir a todos los humanos en un reino de terror que, según sus creencias, acabaría con las guerras.

Muy pronto la novena parte

Spoiler:
Si alguien adivina quien es la mujer, le doy un premio XDDD
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 12, 2014 3:16 pm

Siguelo D:
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Dom Jun 22, 2014 7:28 pm

Interesante historia, y sobre el reto de esa mujer misteriosa, podria ser Mell, seria interesante ver a una traidora en el equipo, espero la proxima parte
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 16, 2014 10:38 am

Parte 9

Otro demonio más. ¿Cúanto tiempo había pasado desde que había entrado a formar parte de los Rastreadores? No lograba recordarlo con exactitud pero sí que había pasado algún tiempo si ahora le resultaba tan secillo matar demonios. Con el paso del tiempo, y a pesar de que al principio todo le había resultado subrealista, había acabado por acostumbrarse al hecho de que matar demonios era ahora su nueva vida. Por eso, de camino a casa, hasta le pareció normal que solo unos pocos ojos pudiesen ver la construcción en medio de aquel descampado.

Normalmente cuando volvían Mell, Jack y Mikki estaban solos y se pasaban la mayor parte del tiempo estudiando relatos antiguos, leyendo, entrenando o haciendo cualquier otra cosa en la que ocupar el resto del tiempo hasta que el "alma", la conciencia de su hogar, les advirtiese de una aparición en la ciudad. Sin embargo, esta vez a las puertas de la mansión se hallaba una mujer. Mell corrió hacia ella y la abrazó, pero Mikki no se fiaba, así que permaneció con todo el cuerpo en tensión hasta que Jack habló.

-Tranquila cielo, ella es Nubia, nuestra madre.

Claro, ahora que lo pensaba ella era la única de los dos que no tenía madre, y tampoco padre, bueno, en realidad sí tenía padre pero hacía tanto tiempo que no lo veía que ya daba igual. Mikki estaba sola y a veces olvidaba que los demás también tenían familia. Suspiró suavemente y observó a la madre de los dos hermanos. Era muy parecida fisicamente a Mell, solo que sus ojos eran más oscuros y sus rizos más marcados. Instantes después de esa pequeña observación Mikki entró en la mansión con la guadaña enfundada a su espalda. Esta brillo un segundo al pasar al lado de Nubia y a Mikki se le puso la piel de gallina, pero no dijo nada. Jack debió notar algo porque media hora después fue a buscarla a donde sabía que estaría.

La biblioteca era el segundo lugar preferido de Mikki, y allí se pasaba horas leyendo. Esta vez leía un libro de leyendas de los Rastreadores, concretamente "La enviada del cielo", pero no parecía prestarle atención.

-¿Te pasa algo con mi madre?

Jack tubo que repetir la pregunta dos veces más para que ella le esuchase. Supo que le había escuchado porque instantes después de haber preguntado por tercera vez se quedó pensativa un buen rato. Cuando al fin encontró una respuesta cerró el libro y miro a Jack seriamente.

-Tiene algo extraño. Mi guadaña brilló y eso no pasa nunca. No se qué es, pero no me fio.

-¿No te fias de mi madre?

-No es eso. No me fío de esa mujer. Jack, no te ofendas por lo que voy a decir, pero deberías asegurarte de a quién llamas "madre".

-¿Otro de tus sueños?

-Más bien un presentimiento relacionado con un sueño que tube cuando tenía seis años.

Mikki salió de la biblioteca dejando a Jack sorprendido y preocupado, y un poco molesto por la desconfianza que ella tenía hacia su madre. Sin embargo una pequeña parte de él empezaba a hacerse una pregunta, ¿tendría razón?

Pronto la décima parte


Spoiler:
Y perdón por la tardanza, entre los problemas que tube, la ausencia inesperada del foro y mi falta de imaginación esta respuesta llega un poco tarde u,u
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Sáb Ago 30, 2014 10:31 pm

(8) Tell me more, tell me more~(8)

8D
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Re: Los sueños de Mikki

Mensaje por Invitado el Miér Sep 03, 2014 10:16 am

Parte 10

La situación en la casa se había vuelto tan tensa que en los momentos en los que Nubia y Mikki se encontraban el ambiente se volvía tan tenso que se podría haber rasgado facilmente con un cuchillo, aunque este estubiese muy poco afilado. Nubia trataba de hacer todo lo posible porque Mikki la aceptase, pero cada vez que la mujer hacía el más mínimo movimiento Mikki se iba a entrenar para no verla, pues odiaba profundamente ser molestada cuando estaba entrenando. Jack trataba por todos los medios que Mikki aceptase a Nubia, pero parecía imposible y Mell intentaba mediar entre las dos cada vez que se encontraban, pero Mikki siempre acababa por huir a la sala de entrenamiento.

Un día, cuando parecía que las cosas no podían ir peor, a Nubia se le ocurrió cocinar, cosa que había quedado en manos de Mikki. Ese día una terrible discusión tubo lugar y esta acabó del modo más extraño. Mikki se vistió con unos vaqueros, una camiseta azul y una chaqueta negra y salió completamente desarmada al amparo de la noche.

Horas despues recibieron un aviso del alma. La ciudad estaba siendo atacada de nuevo. Se trataba de un club llamado Pandorashys, famoso por la buena música y el ambiente festivo. Era muy extraño que alguien atacase un club así que dieron por sentado que se trataba de algún íncubo o vampiro y salieron los tres armados con dagas de plata marcadas con dibujos tribales azules.

Al llegar algo terrible estaba sucediendo. El club estaba vacío, o casi, porque siete vampiros tenían rodeada a una humana. A Jack le costó reconocerla, pero en cuanto pudo verla con claridad lo supo con certeza. Esa chica era Mikki.

-Esto no es bueno -susurró Mell.

Jack no midió las consecuencias de sus actos, si lo hubiese hecho habría esperado a su hermana y su madre. Los vampiros intentaban matarle, a él y a Mikki, que al haberse dejado la guadaña no podía hacer demasiado. En cierto momento los vampiros consiguieron separar a Jack de Mikki, que se quedó a merced de dos vampiros. Cuando creyó que iba a morir ambos cayeron víctima de dos dagas, una por cada uno de ellos. Nubia los había matado a los dos y le había salvado la vida.

-Gracias.

Cuando Mell y Jack se deshicieron de los demás él joven corrió a abrazar a su amada, que temblaba asustada por primera vez en su vida. ¿Cómo era posible si jamás había sentido miedo? Se fueron a casa los cuatro y Mikki se fue sin cenar a su dormitorio, a tratar de relajarse, pero eso no fue posible porque otro sueño la asaltó esa noche.

De nuevo el mar, de nuevo podía respirar, de nuevo no podía hablar, y de nuevo su madre estaba en el fondo, ataviada con un vestido blanco que se ondeaba ligeramente.

-Hija la muerte esta muy cerca de ti. Ten cuidado con aquellos en quienes confías, pues uno de ellos te traicionará. Pasará algún tiempo, pero alguien te traicionará.

Cuando despertó aún no había amanecido, pero empezó a preguntarse de quién no debía fiarse.


Muy pronto la decimoprimera parte
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Re: Los sueños de Mikki

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